Ana Lorente desmonta el mito de la señal perfecta para cambiar: «No necesitas una señal del cielo, sólo darte permiso»
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El gesto de levantar la mirada al cielo y repetir una y otra vez la necesidad de una señal para salir de una situación complicada puede ayudar. Pero a la hora de la verdad, no es un buen método si se está buscando un cambio real. No lo decimos nosotras, sino que la coach, especialista en PNL y astróloga, Ana Lorente, nos ha reconfirmado lo que muchos esperábamos: si no estás preparado para afrontar un cambio, no va a haber señal divina que te lo implore. Por eso, hemos hablado con ella para saber cómo detectar estos momentos de cambio y cuándo debemos hacer caso a las señales, que no siempre suponen el momento decisivo para el cambio.
Toda gran decisión conlleva una gran responsabilidad
Puede que nos hayamos traído a nuestro terreno esta gran frase, pero lo cierto es que en ella reside la base que fundamenta gran parte de la indecisión a la hora de tomar decisiones. Hablamos de señales y de la búsqueda de indicios porque, en el fondo, lo que muchas veces necesitamos es una validación externa de que una decisión está encaminada por un buen motivo. Y el motivo de que esto suceda, según Ana Lorente, es claro: porque cambiar nos obliga a hacernos responsables y eso, a veces, da más vértigo que el propio cambio.

Las señales existen y, de hecho, para Ana Lorente son «momentos en los que algo de fuera coincide con algo que ya estaba dentro, y esa coincidencia nos hace verlo con claridad». Pero no son algo con un mensaje claro, sino que te ayudan a confirmar una información que ya tenías, pero que no querías mirar. ¡Ojo! Porque la intuición es fundamental. Las señales pueden seguirse y, bien entendidas, suponen una forma preciosa de hablar, de prestar atención, de mirar la vida con más capas, de aceptar que no todo es controlable.
Pero cuando están mal entendidas, Ana Lorente advierte de que «se convierte en una excusa para no responsabilizarnos de nada. He visto personas esperar plumas, mariposas, números repetidos o cartas concretas para tomar decisiones que llevaban años pendientes y eso, lejos de conectarte con tu intuición, te aleja de ella, porque te enseña a buscar la respuesta fuera, una y otra vez, en lugar de aprender a escucharte dentro».

Cuando pedimos una señal, en el fondo estamos pidiendo permiso, subraya la coach. «Permiso para hacer algo que ya queremos hacer, pero que no nos atrevemos a sostener solas». En este sentido, es común sentir que, si una señal ajena apoya este camino, bien sea del universo, del horóscopo, de una conversación, de un golpe de la vida, sentimos que el peso es menor. Si las cosas salen mal, no fue del todo culpa nuestra.
Lo curioso es el efecto que esto desata: «Cuanto más esperamos esa señal, más sorda se vuelve la voz interna que ya sabía» apunta Ana Lorente. Y entonces, paradójicamente, «terminamos necesitando señales cada vez más grandes para movernos. Hasta que la vida nos da una tan grande que ya no podemos ignorarla. Y ahí ya no se llama señal: se llama crisis».
No es algo extraño esperar a estos momentos para llevar a cabo esta toma de decisiones. La experta explica que es una situación común que se entiende desde el prisma de que resulta más fácil realizar un cambio cuando el dolor de pertenecer a esa situación supera el miedo a avanzar. «Las crisis hacen un trabajo desgarrador a veces, pero eficaz: rompen el sistema. Lo que llevábamos años justificando, normalizando o aguantando, de pronto deja de ser sostenible y, al perder el suelo que pisamos, vemos por primera vez «la casa entera»».

El problema es que llegar al cambio por agotamiento tiene un coste altísimo. Por eso Ana Lorente recomienda detectar esta situación en base a una pregunta: ¿Qué estás esperando para moverte? ¿Y qué precio estás pagando mientras esperas? «Os invito a responder por escrito; esto será un gran paso para salir del bucle», espeta.
Por qué necesitamos de estas señales
Gran parte de los momentos en los que la gente busca señales es porque se encuentra en una situación de atadura o estancamiento personal. Lo que realmente ocurre es que, en estas situaciones, se desarrollan mecanismos psicológicos que hacen que el momento de cambio nunca llegue, o nunca se vea con claridad y, de nuevo, la búsqueda de una señal aparece como única solución.

Las situaciones más comunes en terapia que nos esclarece Ana Lorente. Principalmente, este anclaje a una situación poco adecuada viene del miedo a perder lo conocido. «Aunque lo conocido nos apague, al menos sabemos cómo funciona y la mente subconsciente prefiere un infierno predecible a un paraíso incierto». El segundo es la lealtad mal entendida. «Mucha gente, sobre todo mujeres, se queda en sitios que ya no le sirven por no decepcionar a alguien. Confundimos cuidar con olvidarnos de nosotras», añade.
El tercero que encontramos sería la identidad. «Si llevas diez años siendo ‘la responsable’, ‘la pareja de’, ‘la que aguanta’, ‘la que siempre puede’, soltar eso no es soltar una circunstancia: es soltar quién creías ser y eso es un duelo enorme». Y el cuarto, el más silencioso de todos: la creencia de que no merecemos más. «Esta es la peor, porque ni siquiera se nombra. Está en el fondo, sosteniendo todo lo demás y, mientras no se toca, no hay un cambio real, por mucho que cambien las circunstancias por fuera, acabamos en los mismos patrones».
Anticípate a las señales
Anticiparse empieza por escuchar las señales pequeñas antes de que se vuelvan grandes. El cuerpo siempre avisa primero: «La ansiedad de los domingos por la tarde, el insomnio que aparece de la nada, esa pesadez al entrar al trabajo, las ganas de llorar sin motivo aparente, la ilusión que se va apagando». Después está el trabajo simbólico, que son mis herramientas favoritas para el desarrollo personal y financiero. «Saber dónde estás en tu mapa interno te ayuda muchísimo a no forzar lo que toca soltar ni a soltar lo que solo necesita madurar».

Y luego está algo más sencillo, pero que Ana Lorente añade con el mismo peso que lo anterior, y eso es dedicarte tiempo. No hace falta reagendar toda tu programación semanal, «aunque sean diez minutos a la semana, pararte y preguntarte cosas honestas. ¿Qué estoy evitando pensar? ¿Qué llevo tiempo sintiendo y no me atrevo a nombrar? ¿Qué decisión me da paz solo de imaginarla? Ahí están las respuestas».
Distingue entre un impulso pasajero y una necesidad
Las prisas no son buenas y sobrepensar puede hacerte rechazar una idea, pero hay cuatro claves que la coach ofrece para saber cuándo estás tomando una buena decisión o cuando estás intentando huir de una situación:
- El tiempo. Un impulso suele aparecer de golpe y desaparecer igual. Una necesidad real lleva meses, a veces años, hablándole bajito. Si llevas mucho tiempo sintiendo lo mismo, no es un capricho. Es una verdad madurando.
- El cuerpo. Los impulsos viven en la cabeza, en la fantasía, en el «¿y si…?». Las necesidades reales se sienten físicamente: en el pecho, en el estómago, en el cansancio, en la paz que aparece cuando te imaginas el cambio.
- La dirección. Pregúntate algo sencillo: ¿me voy huyendo de algo, o me voy eligiendo algo? Si la respuesta es lo primero, espera. Si es lo segundo, muévete.
- El silencio. Apaga el móvil, ponte sin ruido, sin opiniones, sin redes, sin nadie diciéndote qué hacer. Si la necesidad sigue ahí, es real. Si desaparece, es reactividad.

Cuando es momento de tomar decisiones
Lo cierto es que no hay un momento perfecto y eso es algo que hay que saber. Para tomar una decisión confiada, Ana Lorente subraya que algo a cambiar es tu percepción sobre el cambio, «no debes pensar que saltas al vacío». Además, el entorno es fundamental: «Rodearse de una persona que te apoye, una pareja… no tenemos que hacerlo todo desde el aislamiento». Y no tengas miedo a consultar, «no necesitas una señal del cielo para empezar, necesitas dejar de pedirla y darte permiso».
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