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La sorprendente confesión de Luis Zahera sobre su infancia en un colegio religioso: «Creo que yo tuve una»

Luis Zahera es uno de los actores más conocidos de nuestro país

Zahera ha ganado dos premios Goya al mejor actor de reparto

"Iba a un colegio religioso y me encantaban las historias de los santos"

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Luis Zahera en televisión. (Foto: TVE)

Luis Zahera es uno de los intérpretes más famosos del cine español. Ganador de dos premios Goya al mejor actor de reparto por El reino y As bestas, su trayectoria profesional suele explicarse en términos de talento, constancia y una capacidad singular para construir personajes intensos, a menudo inquietantes.

Detrás de esa imagen consolidada se esconde una biografía marcada por una infancia muy concreta y por una educación que, según él mismo ha recordado recientemente, dejó una huella profunda en su manera de mirar el mundo.

En una reflexión sobre sus años de infancia, Luis recuerda su paso por un colegio religioso, donde recibió una educación propia de la época. «Iba a un colegio religioso, de los Hermanos de La Salle, con aquella educación de antes en la que te daban bofetadas», ha llegado a comentar.

La infancia de Luis Zahera

Luis Zahera convivía con relatos de santos, milagros y enseñanzas espirituales que despertaban su imaginación. Según ha explicado, le fascinaban especialmente las historias en las que «a los santos se les revelaba algo», relatos que abrían una puerta a lo extraordinario dentro de la rutina escolar. «El misterio de la Santísima Trinidad, que no hay Dios que lo entienda», llegó a señalar en tono coloquial.

De hecho, en una de sus reflexiones más llamativas sobre aquella etapa, el actor ha llegado a afirmar: «Creo que yo tuve una revelación de ese tipo», estableciendo un curioso paralelismo entre aquellas narraciones religiosas y una sensación personal de descubrimiento interior.

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Luis Zahera en una serie. (Foto: Netflix)

La educación en los colegios religiosos de la Galicia de los años 60, como el de los Hermanos de La Salle al que asistió, formaba parte de un modelo social extendido en la época. La disciplina estricta convivía con la transmisión de valores religiosos y con una fuerte carga moral.

El momento que lo cambió todo

Si la escuela marcó una parte de su infancia, fue el entorno familiar el que terminó de abrirle una puerta decisiva: la del teatro. Zahera ha recordado en varias ocasiones que fue su hermana Ángeles quien le llevó por primera vez a ver una obra. Aquel momento supuso un punto de inflexión. «Qué cosa más divertida, más alucinante», pensó al ver a los actores en escena.

«Me impresionaron esos tipos contando una historia en un escenario, haciendo el tonto», ha explicado con naturalidad. Y añade una idea clave en su biografía: «Tuve la suerte de saber, en una fracción de segundo, lo que era lo mío». Esa certeza precoz, casi intuitiva, acabaría definiendo una carrera que hoy es una de las más sólidas del panorama cinematográfico español.

Una bonita aldea de Galicia

Antes de llegar a los focos y a los grandes rodajes, la vida de Luis Zahera transcurrió en un entorno muy distinto al de las alfombras rojas. Su infancia en la aldea de A Peruca, en el municipio coruñés de Rois, ofrece una imagen radicalmente opuesta a la del actor que hoy recoge premios en los principales certámenes del país. Allí, en un paisaje rural de caminos de tierra y vida campesina, el tiempo parecía avanzar a otro ritmo.

Aquellos veranos en la aldea no tenían nada de idílicos en el sentido convencional. Eran jornadas de contacto directo con la naturaleza y con el trabajo del campo. El «bicherío» y el barro de las «corredoiras» formaban parte del día a día de un niño que crecía lejos de cualquier sofisticación urbana.

El sonido de aquella infancia tampoco tiene nada que ver con los aplausos de los teatros o el silencio de las salas de cine. Zahera recuerda el chirrido de los carros de madera, el roce de los ejes al atravesar el río, un ruido metálico que se repetía como parte del paisaje sonoro de la vida rural. Ese sonido, aparentemente menor, se ha convertido con el tiempo en una especie de huella emocional, un recuerdo que conecta al actor con sus orígenes más profundos.

Actualmente, cuando su nombre aparece asociado a algunos de los papeles más intensos del cine español, esa infancia gallega emerge como un territorio fundacional.

Entre la disciplina de un colegio religioso, la imaginación alimentada por historias de santos y la crudeza amable de la vida rural, se dibuja el perfil de un actor cuya trayectoria parece haber nacido mucho antes de su primera aparición en pantalla.