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Muy pocos lo han visto, pero así es por dentro el Comedor de Gala del Palacio Real: casi 1000 bombillas, vajilla de plata y capacidad para 140 comensales

El Palacio Real ha recibido la visita del presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Diakhar Faye

Es una de las estancias más amplias y se creó por expreso deseo del rey Alfonso XII

Don Felipe y doña Letizia utilizan esta sala en ocasiones especiales

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Los Reyes Felipe y Letizia en un acto. (Foto: Gtres)

Cuando los Reyes de España ofrecen un almuerzo oficial a un jefe de Estado, el escenario suele ser una de las estancias más solemnes y representativas del Palacio Real de Madrid. Se trata del Comedor de Gala, un espacio concebido para albergar grandes banquetes institucionales y que, con el paso del tiempo, se ha convertido en uno de los escenarios más emblemáticos de la diplomacia española.

Los actos que se celebran allí forman parte del protocolo habitual de la Corona en las visitas de Estado. En estas ocasiones, Felipe VI y doña Letizia reciben a líderes internacionales en un entorno que combina historia, arte y una compleja organización ceremonial. Aunque existen otras salas del palacio utilizadas para recepciones, como el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid, el Comedor de Gala es el espacio específicamente diseñado para grandes almuerzos y cenas de Estado.

El salón más emblemático

El origen de esta estancia se remonta al último tercio del siglo XIX. Fue concebida entre 1879 y 1885 por iniciativa de Alfonso XII de España, quien consideró necesario adaptar el palacio a las exigencias ceremoniales y diplomáticas de la época.

El proyecto fue encargado al arquitecto José Segundo de Lema, responsable de diseñar una sala que integrara tres antiguas estancias situadas en el ala oeste del edificio. El resultado fue un amplio salón estructurado mediante arcos sostenidos por columnas y ornamentado con elementos de estilo neobarroco, una estética que buscaba transmitir majestuosidad sin perder coherencia con la arquitectura histórica del palacio.

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Los Reyes en el comedor de gala del Palacio Real. (Foto: Gtres)

La decoración del espacio se completó con una serie de tapices de gran valor artístico que pertenecen a la colección real. Entre ellos destacan los que integran la serie de Vertumno y Pomona, realizados en el siglo XVI por Guillermo de Pannemaker a partir de diseños del pintor flamenco Jan Cornelisz Vermeyen. Estas piezas textiles, consideradas auténticas obras maestras del arte europeo, contribuyen a reforzar el carácter histórico del conjunto.

Pinturas históricas en las bóvedas

El techo del Comedor de Gala constituye uno de sus elementos más llamativos. Las bóvedas están decoradas con grandes pinturas alegóricas e históricas realizadas por destacados artistas del siglo XVIII, lo que convierte la estancia en una suerte de galería pictórica suspendida sobre la mesa de los banquetes oficiales.

En el extremo sur puede contemplarse la obra titulada La Aurora, ejecutada entre 1762 y 1764 por el pintor alemán Anton Raphael Mengs, una de las figuras más influyentes del neoclasicismo europeo. En la zona central se representa el episodio histórico de Cristóbal Colón ante los Reyes Católicos, una escena pintada entre 1763 y 1765 por Giambattista Tiepolo —a quien durante años se atribuyó erróneamente la obra a Velázquez— y que evoca el momento previo al viaje que cambiaría la historia del mundo.

Por último, en el extremo norte se encuentra La rendición de Granada, una pintura realizada en 1763 por el artista aragonés Francisco Bayeu, que representa el final de la Reconquista con la entrega de la ciudad por parte del último monarca nazarí.

Aunque el salón aún no estaba completamente terminado, su primera utilización tuvo lugar durante un acontecimiento de gran relevancia para la monarquía: la boda de Alfonso XII con María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Más de 140 comensales

Uno de los elementos más curiosos del Comedor de Gala es su mesa principal, formada por diferentes tablones modulares que permiten modificar su tamaño según el número de invitados. Gracias a este sistema, el salón puede acoger banquetes con más de 140 comensales, una cifra que lo sitúa entre los espacios ceremoniales más grandes de Europa dedicados a recepciones oficiales.

El protocolo utilizado en estos encuentros varía en función del tipo de visita institucional. Cuando los invitados pertenecen a otra casa real europea, se aplica el denominado modelo de presidencia a la francesa. En este sistema, los anfitriones se sientan en el centro de la mesa, mientras que los invitados principales se distribuyen a ambos lados.

Las sillas reservadas para los monarcas son prácticamente idénticas a las del resto de los asistentes, aunque presentan un respaldo ligeramente más elevado que permite identificarlas con discreción. Cuando la visita corresponde a un presidente de Estado, en cambio, los tablones se reorganizan para formar varias mesas separadas que permiten distribuir a los invitados de forma más adecuada al protocolo diplomático.
Lámparas históricas y vajilla de plata

El esplendor del Comedor de Gala se refuerza con otros elementos decorativos de gran valor histórico. Entre ellos destacan las quince lámparas de araña que iluminan la estancia, auténticas piezas de artesanía que fueron adquiridas en París por Alfonso XII. En conjunto suman un total de 998 bombillas, que se revisan una a una antes de cada banquete oficial.

La iluminación se complementa con jarrones franceses elaborados en bronce dorado durante el siglo XIX y con tibores de porcelana oriental procedentes de la colección personal de Isabel Farnesio, una de las reinas que más contribuyó a enriquecer el patrimonio artístico de la monarquía.

Cuando se celebra una comida de Estado, el protocolo alcanza un nivel de detalle extraordinario. Los manteles de hilo se colocan cuidadosamente para que, pese a cubrir diferentes tramos de mesa, den la impresión de formar una sola pieza continua. Cada invitado dispone de cuatro copas y del número de platos necesarios según el menú previsto.

La vajilla utilizada en estas ocasiones es de plata, y su manipulación se realiza siempre con guantes blancos para evitar cualquier deterioro o marca en las piezas.

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