Jaime Lorente se estrena como director en el SSIFF y habla de su familia: «Mi mujer y yo intentamos organizarnos para tener una vida familiar buena»
COOL ha podido hablar con el director de 'El mal hijo' en el marco del Festival de Cine de San Sebastián
Jaime Lorente se estrena detrás de cámaras y ha desvelado el importante papel de su familia en este proyecti
San Sebastián amaneció encapotada. El cielo gris cubría la ciudad mientras el Festival de Cine convertía, una vez más, sus calles en un ir y venir de fotógrafos, actores y rostros conocidos. En la alfombra del Teatro Victoria Eugenia, Jaime Lorente afrontaba una jornada especialmente importante: por primera vez, las cámaras no estaban allí únicamente para retratarle como actor. Esta vez estaba al otro lado.
Lorente se estrena como director con El mal hijo, una película que supone su debut en el largometraje y con la que arranca su presencia en el Festival de San Sebastián. Un salto profesional que, reconoce, también ha transformado su manera de mirar el cine.
«Este es mi punto de vista absoluto. Eso me afecta a mí, a mi sensibilidad y mi forma de entender el cine, sí», explica el actor a los micrófonos de COOL, que con esta película deja de limitarse a interpretar una historia para decidir también cómo quiere contarla.
El título, El mal hijo, coloca precisamente los vínculos familiares en el centro. Una historia sobre las relaciones entre padres e hijos, las heridas que se arrastran y aquello que, a veces, se transmite de una generación a otra. Un territorio que para Lorente tiene ahora una dimensión especialmente personal desde que se convirtió en padre.
«Creo que se nutren ambas cosas», responde cuando le preguntamos si la película le ha cambiado también a la hora de ejercer como padre o sobre aquello que le gustaría transmitir a sus hijos. «Creo que he conectado especialmente con este tema porque soy papá y tengo niños y es una cosa que tengo muy a flor de piel».
Una frase que resume también el lugar desde el que parece haber abordado esta primera película: el de alguien que ya no observa la paternidad únicamente desde fuera, sino desde su propia experiencia. El cine y la vida familiar terminan, de alguna manera, alimentándose mutuamente.
Y si dar el salto a la dirección supone un reto profesional, hacerlo mientras se compagina con una familia y dos carreras laborales añade otra capa a la ecuación. Lorente y su mujer, Marta Goenaga, también profesional en activo, han tenido que convertir la organización familiar en un ejercicio diario de coordinación.
«Desde el principio, desde que tuvimos a los enanos, pues mi mujer y yo tenemos una conversación muy activa, compartimos todo, intentamos organizar todo para poder trabajar los dos, que trabajamos los dos, y tener una vida familiar buena», cuenta.
En el Teatro Victoria Eugenia, bajo ese cielo gris tan donostiarra, Lorente afronta así una de esas primeras veces que marcan una carrera. Después de años delante de la cámara, ahora le toca decidir qué quiere mirar a través de ella. Y El mal hijo nace, precisamente, de esa nueva mirada: la de un actor que se pone detrás de la cámara y de un padre que reconoce tener la historia «muy a flor de piel».
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