La ‘wedding planner’ de la hija de Paz Padilla desvela los detalles de su boda en Zahara: «Esencia, sencillez y naturalidad»
La Madrina Weddings, la firma creada en 2024 por Alejandra Lacida, tuvo un 'match' instantáneo con la hija de Paz Padilla
La boda de Anna Ferrer no pretende convertirse en el gran acontecimiento social del verano.

Hay lugares que uno elige para casarse y otros que, sencillamente, lo eligen a uno. Zahara de los Atunes pertenece a esa segunda categoría. Allí, donde el viento de levante despeina las dunas, las sobremesas se alargan sin mirar el reloj y el Atlántico parece recordarle a cualquiera que la felicidad siempre ha tenido algo de sencillo, Anna Ferrer Padilla pronunciará dentro de unas semanas el sí, quiero más importante de su vida. No será una boda cualquiera. Será, probablemente, la celebración más íntima y simbólica de todas las que podían imaginarse para la hija de Paz Padilla, porque Zahara no es un escenario. Es una forma de entender la vida.
Quienes conocen a la familia saben que ese rincón gaditano es mucho más que un refugio estival. Allí han encontrado consuelo en los momentos más difíciles, han celebrado las alegrías más grandes y han construido recuerdos que hoy forman parte de su historia. Por eso nunca hubo demasiadas dudas sobre el lugar donde Anna y Mario Cristóbal comenzarían oficialmente un nuevo capítulo. La boda no podía celebrarse en otro sitio.

Durante cerca de un año, la pareja ha ido dibujando, con calma y sin prisas, cada detalle de un enlace que huye de las grandes producciones para abrazar aquello que nunca pasa de moda: la verdad. Para convertir esa idea en realidad han confiado en La Madrina Weddings, la firma creada en 2024 por Alejandra Lacida, una de las wedding planners que más rápidamente ha conseguido hacerse un nombre dentro de un sector donde cada fin de semana se compite por sorprender.
Su filosofía, sin embargo, va en otra dirección. Más que fabricar bodas espectaculares, construye historias. Celebraciones que hablan de quienes las viven. Quizá por eso cada vez son más las parejas que llaman a su puerta, entre ellas rostros conocidos como Alberto Herrera o Claudia, la hija de Raquel Revuelta. Ahora es Anna Ferrer quien ha querido poner en sus manos uno de los días más importantes de su vida.
Así se está organizando la boda de Anna Ferrer
Y bastaron apenas unas conversaciones para que la conexión fuera inmediata. «Simplemente ellos», cuenta Alejandra a COOL cuando recuerda el inicio de esta aventura. «Su manera de afrontar la boda, sus ganas, su ilusión… Son chicos hipernormales, con la misma ilusión que cualquier pareja». Después llega una sonrisa inevitable al hablar de otra de las protagonistas de estos meses: «Y no te voy a engañar… conocer a Paz Padilla ha sido la leche».
En un momento en el que muchas bodas parecen diseñadas para Instagram antes que para los propios novios, la de Anna Ferrer seguirá el camino contrario. Hay discreción, hay mucho silencio alrededor de los preparativos y hay una decisión firme de proteger cada sorpresa. Pero si existe una palabra que pueda resumir todo lo que está ocurriendo tras bambalinas, Alejandra la tiene clarísima: «Esencia». Antes aparecen otras dos ideas que también marcarán el enlace: sencillez y naturalidad. Tres conceptos que parecen escritos pensando en la propia Anna.

La organizadora explica que tanto ella como Mario han participado en las decisiones importantes, aunque desde el principio han depositado una enorme confianza en su equipo: «Ellos han marcado las líneas que querían seguir, pero delegan muchísimo en nosotras y confían plenamente en nuestro criterio. Están lejos y eso hace que muchas veces sea más complicado supervisarlo todo. Ver la tranquilidad con la que viven estos meses porque saben que estamos al mando es el mayor regalo que nos pueden hacer».
Porque detrás de cada boda hay decenas de decisiones invisibles, horas de coordinación y un trabajo que solo se aprecia cuando todo parece suceder con absoluta naturalidad. Mucho más cuando se trata de una celebración que despierta tanta expectación. «Los nervios siempre existen porque trabajamos en directo», admite Alejandra: «Y cuando sabes que cualquier pequeño detalle puede hacerse público o incluso utilizarse para generar una crítica, la responsabilidad pesa un poco más».
Sin embargo, en Zahara parece imposible que el ruido termine imponiéndose. Allí todo sucede a otro ritmo. El mar obliga a relativizar, la luz suaviza cualquier exceso y la belleza nunca necesita adornos. Quizá por eso quienes conocen de cerca los preparativos coinciden en una idea: la boda de Anna Ferrer no pretende convertirse en el gran acontecimiento social del verano. Aspira a algo mucho más difícil. Ser un reflejo fiel de quienes son sus protagonistas. Y en un tiempo en el que tantas celebraciones buscan impresionar, quizá el mayor lujo sea precisamente ese: emocionarse sin artificios.