El simbólico broche que la infanta Cristina ha rescatado en el reencuentro familiar en Windsor
La infanta Cristina ha acudido al servicio religioso en recuerdo a Constantino de Grecia con su hijo mayor
El acto ha supuesto un importante reencuentro para la familia del Rey Felipe VI
Doña Cristina ha lucido una simbólica joya
El reencuentro del Rey Felipe VI con su padre, Juan Carlos I, y su significativa salida juntos del brazo de la Capilla de San Jorge en Windsor ha acaparado toda la atención en el servicio religioso en recuerdo del rey Constantino de Grecia. Sin embargo, la presencia del monarca y su padre no ha sido el único detalle destacado de la jornada. Al acto, de carácter privado, han acudido también las infantas Elena y Cristina, como sobrinas del último rey de los griegos.
La infanta Cristina, que hace poco firmó su divorcio de Iñaki Urdangarin, ha acudido acompañada de su hijo mayor, Juan, y ha llegado al templo junto a la duquesa de Lugo. Doña Cristina vestía un elegante conjunto de falda plisada en color gris con chaqueta entallada en un tono más claro de la misma gama. Sin embargo, lo que más ha llamado la atención de su look ha sido el impresionante broche de esmeraldas que llevaba prendido en la parte superior izquierda de la chaqueta. Un broche con historia que, además, por su color, bien podría significar un gesto de apoyo al Rey Felipe, ya que las piedras verdes se asocian al acrónimo de V.E.R.D.E (Viva el Rey de España).
El broche de la infanta Cristina
Más allá de interpretaciones, la realidad es que el broche elegido en esta ocasión por doña Cristina es una pieza de gran importancia en su joyero. Está compuesto por un círculo de diamantes y cuatro esmeraldas, dos de ellas desmontables y, según se recoge en el perfil Spanish Royal Jewels, gestionado por el especialista en joyas David Rato, fue lucido por la condesa de Barcelona -abuela paterna de la infanta Cristina- durante una cena en la embajada de España en Lisboa durante una visita de Estado de Juan Carlos I y la Reina Sofía a Portugal. A pesar de que la procedencia de la joya no está clara, la citada cuenta apunta a que la madre de Juan Carlos I podría haberlo recibido de su tía, la reina Amelia de Portugal que, a su vez recibió joyas de la reina María Amelia de Francia.
El broche llegó a manos de la infanta Cristina en el año 1997, como regalo de bodas de su abuela. La hermana de Felipe VI lo ha lucido en varias ocasiones, tanto el broche completo, como las esmeraldas extraíbles, que pueden utilizarse como pendientes. De hecho, incluso se los ha prestado a la duquesa de Lugo.
A lo largo de los años se ha podido ver a doña Cristina con el broche por ejemplo en la boda de Máxima y Guillermo de Holanda en el año 2002 o en los pendientes solos en la de Federico y Mary de Dinamarca, en 2004. También llevó el broche a modo de gargantilla en la cena previa al enlace de don Felipe y doña Letizia en el Palacio de El Pardo, en la primavera de 2004 o en 2006 en una cena oficial en el Palacio Real.
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