CASA REAL

Sesenta años desaparecida: la joya que ha resucitado en la boda de los Liechtenstein

La boda religiosa de Lukas von Lattorff y Marie von Wilczek en Austria ha dejado una de las imágenes más llamativas del fin de semana

La novia eligió para la ocasión una histórica tiara de zafiros y diamantes perteneciente a la princesa Marie de Liechtenstein

La joya, regalo del Gobierno del principado en los años 60, había permanecido guardada durante décadas en el joyero familiar

Lukas von Lattorff, hijo de Tatiana de Liechtenstein, y Marie von Wilczek, con la tiara de zafiros, recién casados. (Gobierno de Liechtenstein)
Lukas von Lattorff, hijo de Tatiana de Liechtenstein, y Marie von Wilczek, con la tiara de zafiros, recién casados. (Gobierno de Liechtenstein)
Marta Menéndez

Mientras buena parte de la atención mediática del fin de semana se centraba en las celebraciones de la realeza británica, una boda mucho más discreta celebrada en Austria ha dejado una de las imágenes más interesantes del año para los seguidores de las casas reales europeas. No por el tamaño del evento ni por el número de invitados ilustres, sino por una joya que parecía condenada al olvido y que ha reaparecido inesperadamente casi sesenta años después de su última gran aparición pública. La protagonista es Marie von Wilczek, nueva esposa de Lukas von Lattorff, nieto del príncipe Hans-Adam II de Liechtenstein. La joven eligió para su boda religiosa una espectacular tiara de zafiros y diamantes que perteneció a la princesa Marie de Liechtenstein, fallecida en 2021, y que llevaba décadas desaparecida del radar de los expertos en joyería real.

En una época en la que las grandes casas reales suelen recurrir una y otra vez a las mismas piezas históricas para reforzar la continuidad dinástica, la elección resulta llamativa. No hablamos de una tiara icónica como las de los Windsor o de una joya que aparezca regularmente en cenas de Estado. Al contrario. Su valor reside precisamente en su ausencia. Durante años muchos llegaron a preguntarse dónde se encontraba aquella creación de zafiros que el Gobierno de Liechtenstein regaló a la entonces futura princesa Marie cuando anunció su compromiso con Hans-Adam en los años sesenta.

La pieza desapareció prácticamente de la vida pública después de sus primeras apariciones. Ni bodas, ni bautizos, ni celebraciones familiares consiguieron sacarla del joyero. Por eso su regreso ha sorprendido incluso a los observadores más atentos de la realeza centroeuropea. Sin embargo, lo verdaderamente interesante de esta historia no es la joya en sí, sino lo que revela sobre la familia que la ha recuperado. Los Liechtenstein son una de las casas principescas más poderosas y ricas de Europa. Su patrimonio multimillonario incluye propiedades, obras de arte y una de las mayores fortunas privadas del continente. Y, sin embargo, llevan décadas cultivando una imagen completamente opuesta a la ostentación.

La propia princesa Marie fue el mejor ejemplo de esa filosofía. A diferencia de otras royals europeas que construyeron parte de su imagen pública alrededor de la moda y las joyas, ella siempre mantuvo una relación extremadamente discreta con el lujo. Tenía acceso a algunas de las piezas más importantes del joyero familiar, pero rara vez las utilizaba. Su perfil público estuvo mucho más vinculado a las labores institucionales y benéficas que a las fotografías de alfombra roja.

La familia real de Liechtenstein. (Foto: Instagram)
La familia real de Liechtenstein. (Foto: Instagram)

Esa misma manera de entender la realeza parece haber llegado intacta a las nuevas generaciones. Lukas von Lattorff no desarrolla funciones institucionales de primer nivel ni ocupa portadas de forma habitual. Trabaja como analista estratégico y lleva una vida profesional muy alejada de los estereotipos asociados a la aristocracia europea. Su esposa, Marie von Wilczek, se dedica a la educación. Ninguno de los dos representa esa imagen tradicional del príncipe o la princesa dedicados exclusivamente a los compromisos oficiales.

Por eso resulta especialmente simbólico que una pareja tan alejada del foco mediático haya sido precisamente la encargada de rescatar una de las joyas más desconocidas de la familia. En cierto modo, la tiara funciona como un puente entre dos épocas. Por un lado, recuerda los años en los que las grandes bodas aristocráticas eran acontecimientos de enorme relevancia social. Por otro, aparece ahora sobre la cabeza de una novia cuya vida cotidiana se parece mucho más a la de cualquier profesional europea que a la de una princesa de cuento.  Además, la elección también puede interpretarse como un homenaje familiar. No es casualidad que la joya perteneciera a la abuela del novio. En las grandes casas reales, las tiaras suelen funcionar como algo más que simples accesorios. Son objetos cargados de memoria, símbolos que conectan generaciones y que permiten mantener vivos determinados legados familiares incluso décadas después de la desaparición de quienes los llevaron por primera vez.