El príncipe Harry confiesa el infierno que vivió tras abandonar la familia real británica: «Tenía ataques de pánico»
Harry y Meghan «algo sorprendidos» por la carta de Carlos III que les recuerda que siguen fuera de la familia real
No ha sido una decisión precipitada: Harry y Meghan llevan un año preparando su regreso a Inglaterra

Ha pasado más de un mes desde que el príncipe Harry, Meghan Markle y sus dos hijos, Archie y Lilibet, se mudaron a Inglaterra para empezar una nueva vida. Desde entonces, han sido pocos los detalles que han trascendido sobre sus movimientos, aunque sin duda, el último que ha realizado el hijo del rey Carlos III ha dejado sorprendidos a propios y extraños. Y es que ha participado en Redefining Grief: Building Resilience Through Loss, una masterclass con la neurocientífica y experta en duelo Mary-Frances O’ Connor. En ella, el duque de Sussex ha hablado como nunca antes lo había hecho sobre su salud mental, reconociendo que cuando tomaron la decisión de salir de Reino Unido, sufrió una grave depresión.
«Después de años en los que mi cuerpo estaba presumiblemente inundado de adrenalina, en dos o tres días sufrí una caída de adrenalina que nunca había experimentado y caí en depresión», comenzaba a contar. Añadía que experimentaba ataques de pánico cada vez que tenía que enfrentarse a compromisos públicos y que lo recuerda como uno de los peores momentos personales que recuerda. «Era ponerme el traje, la chaqueta y la corbata y sentirme completamente asfixiado», desvelaba.
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El difícil duelo de la muerte de su madre
Echando la vista más atrás en el tiempo, el príncipe Harry también recuerda la inesperada muerte de su madre (ocurrida el 31 de agosto de 1997) como una etapa complicada de afrontar. «No lloré cuando me dijeron que mi madre había muerto, solo lo hice en su entierro. Y después, no volví a llorar durante casi dos décadas», contaba. Destacaba que tan solo era un niño de 12 años y que nadie le había dado permiso para derrumbarse, así como también reconocía que nadie le enseñó a cómo gestionar y sanar la pérdida de una madre. «Todo el mundo podría pensar que tenía la mejor ayuda del mundo. Soy un príncipe, por Dios, pero seguía sufriendo y no tenía ningún lugar donde poner esos sentimientos», sentenciaba.
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Pero con el paso de los años todo empeoró. Tal y como ha narrado en la charla mencionada, arrastró el dolor durante años e intentó aliviarlo con fiestas, mujeres e incluso alistándose en el Ejército, pensando que la disciplina aliviaría su malestar. Y es que confiesa que la culpa llegó a apoderarse de él por ser feliz sin contar con la presencia de su madre. «Había pasado tanto tiempo emocionalmente anestesiado que me sentía desleal y culpable ante la posibilidad de ser feliz y disfrutar sin ella. […] Dejé de recordar su imagen y su voz. Mi cuerpo y mi mente querían apagar las emociones y apagar los recuerdos para dejar de sufrir», concluía.