Así afronta Marius Borg la espera hasta que su juicio se repita: piscina, barbacoas y cambio de imagen
Desde el pasado mes de julio, Marius permanece en una vivienda situada dentro de la extensa finca de Skaugum
El contraste entre las restricciones judiciales y el entorno en el que las cumple han causado un gran debate

Marius Borg Høiby vive estos días una situación tan particular como difícil de imaginar para alguien sometido a una medida judicial. El hijo de la reina Mette-Marit permanece bajo arresto domiciliario en Skaugum, la residencia de la familia real noruega, mientras continúa su batalla judicial. Lleva una pulsera electrónica y tiene restringidos sus movimientos, aunque su día a día transcurre muy lejos de la imagen habitual de una prisión.
Desde el pasado mes de julio, Marius permanece en una vivienda situada dentro de la extensa finca de Skaugum, en Asker, a las afueras de Oslo. El recinto, rodeado de naturaleza y con amplios espacios exteriores, cuenta con piscina y zonas de ocio. Es, además, un lugar que conoce desde hace años: su madre se instaló allí junto al entonces príncipe Haakon cuando Marius era todavía un niño.

La peculiaridad de su arresto domiciliario es precisamente el escenario en el que se desarrolla. Dentro del perímetro establecido, puede recibir visitas y hacer vida en el exterior de la vivienda. Incluso se ha informado de que dispone de una zona de barbacoa. Las restricciones, eso sí, son claras: no puede abandonar la propiedad sin autorización y está sometido a controles destinados a comprobar que cumple las condiciones impuestas por la justicia noruega.
Uno de los aspectos más vigilados es el consumo de sustancias. Durante el proceso judicial, Marius reconoció públicamente haber atravesado problemas relacionados con el alcohol y las drogas. Ahora debe someterse a controles frecuentes para acreditar que no consume sustancias, con pruebas que pueden realizarse incluso mediante visitas no anunciadas.

La medida también pretende reducir el riesgo de que vuelva a entrar en contacto con personas relacionadas con el procedimiento judicial. De hecho, la Fiscalía y los tribunales han argumentado que persiste un riesgo de reincidencia, motivo por el que su permanencia bajo custodia en Skaugum ha sido prolongada. En agosto, un tribunal noruego confirmó otras cuatro semanas de arresto domiciliario.
El contraste entre las restricciones judiciales y el entorno en el que las cumple ha alimentado inevitablemente la percepción de que disfruta de unas condiciones excepcionales. Sin embargo, Skaugum no es un lugar elegido expresamente para hacer más cómoda su situación: forma parte del entorno familiar en el que Marius ha vivido durante buena parte de su vida.

La imagen que proyectó recientemente durante el funeral de Estado del rey Harald volvió a poner el foco sobre su situación. Marius recibió autorización para abandonar temporalmente Skaugum y participar en los actos fúnebres de su abuelo político. Después regresó a la finca para continuar bajo vigilancia electrónica.
Así, su rutina actual se mueve entre dos realidades muy diferentes: la libertad de desenvolverse en una residencia privada con amplios espacios y la obligación de permanecer dentro de un perímetro controlado, someterse a pruebas y cumplir estrictamente las condiciones judiciales. Una vida aparentemente cómoda por el escenario, pero marcada por una vigilancia constante.