Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo activan el «modo pareja»: Capri, paseo romántico y el mejor plan sin niños
Pierre Casiraghi, hijo menor de Carolina de Mónaco: fortuna, vela extrema y un castillo de 4 millones
El discreto encanto de Pierre Casiraghi: 38 años ‘a la sombra’ de sus hermanos

Pierre Casiraghi y Beatrice Borromeo han activado el «modo pareja» en uno de los destinos más exclusivos del Mediterráneo. Hemos sorprendido al hijo de la princesa Carolina de Mónaco y a su mujer disfrutando de unas horas para ellos solos en Capri, sin hijos, sin compromisos oficiales y con un único objetivo: desconectar y regalarse un romántico plan en la isla italiana.
Hay parejas que necesitan grandes gestos para demostrar que siguen tan enamoradas como el primer día. Y luego están Pierre y Beatrice, a quienes les basta un paseo por Capri para recordarnos por qué continúan siendo una de las parejas más elegantes (y discretas) de la realeza europea.
Ver esta publicación en Instagram
Su cita comenzó en Via Camerelle, la famosa milla de oro de Capri, donde las grandes firmas de lujo conviven con pequeñas joyerías artesanales que invitan a detenerse en cada escaparate. Y eso fue exactamente lo que hicieron. Sin prisas, caminando muy cerca el uno del otro y comentando todo lo que llamaba su atención, fueron recorriendo las boutiques con la tranquilidad de quien conoce perfectamente la isla y no necesita seguir ningún itinerario.
Pero la velada no terminó entre escaparates. Pierre y Beatrice continuaron su recorrido hasta uno de los miradores más espectaculares de Capri para contemplar las vistas desde lo alto. Un plan sencillo, pero perfecto para una pareja que lleva más de una década compartiendo vida y que sigue encontrando tiempo para disfrutar de pequeños momentos lejos del foco mediático.

La escena más tierna llegó en el Quisisana
Después del paseo llegó el momento de hacer una pausa. El matrimonio se instaló en la terraza del mítico Grand Hotel Quisisana, uno de los hoteles más emblemáticos de la isla y punto de encuentro habitual del jet set internacional.
Fue allí donde se les vio especialmente relajados, sonrientes y mucho más cariñosos. Entre conversación y conversación, Pierre sacó el teléfono móvil y mostró algo a Beatrice. ¿Un mensaje? ¿Una fotografía? ¿Quizá una imagen de sus hijos enviada por algún familiar mientras ellos disfrutaban de este pequeño paréntesis? Solo ellos conocen la respuesta.
Lo que sí transmitían era esa complicidad que no necesita grandes demostraciones públicas. Una mirada, una sonrisa compartida y una conversación que parecía no tener prisa por terminar.

Una escapada antes de volver al mar
Pasadas las once de la noche abandonaron el hotel para continuar su jornada. El destino, como suele ocurrir con ellos, quedó en el aire.¿Regresarían a bordo de su embarcación para seguir navegando por la costa italiana? ¿O preferirían perderse unas horas más por las callejuelas de Capri antes de poner rumbo a otro destino?

Conociendo la pasión de Pierre por el mar y las regatas, cualquiera de las dos opciones resulta perfectamente posible. Lo que sí parece claro es que esta escapada tenía un único objetivo: regalarse unas horas de desconexión en pareja. Porque incluso los Casiraghi saben que, entre viajes, compromisos y vida familiar, también conviene reservar un hueco para recordar que, antes de ser padres, fueron dos enamorados que encontraron en Italia uno de sus lugares favoritos para escapar del mundo.