Ni rastro de Beatriz y Eugenia de York en Ascot: las hijas de Andrés son castigadas y sustituidas por Zara Tindall
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Royal Ascot, la inesperada pasarela en la que brillan las ‘royals’ (y a veces se estrellan)

Si hay un lugar donde la aristocracia británica mide su temperatura social cada año, ese es Ascot. Mucho más que una carrera de caballos, el prestigioso evento se ha convertido en una auténtica pasarela al aire libre donde se mezclan la realeza, la alta sociedad y algunos de los nombres más influyentes del Reino Unido. Sombreros imposibles, vestidos estudiados al milímetro y una estricta etiqueta convierten cada edición en uno de los grandes acontecimientos del calendario británico. Este año no ha sido una excepción. Carlos III y Camila han encabezado la tradicional procesión real, mientras que otros miembros de la familia, como Peter Phillips y Harriet Sperling, también han querido estar presentes. Sin embargo, ha habido una ausencia que no ha pasado desapercibida y que vuelve a poner el foco sobre la delicada posición del clan York dentro de la monarquía.
Ni la princesa Beatriz ni la princesa Eugenia han participado en las jornadas más importantes de Ascot. Una ausencia especialmente llamativa si tenemos en cuenta que ambas han sido habituales del evento durante años y que, además, formaban parte del círculo más cercano de la familia real en este tipo de celebraciones. La imagen contrasta con la de otros miembros de la corona que sí han reforzado su presencia durante estos días, alimentando nuevamente las especulaciones sobre el papel que las hijas del príncipe Andrés ocupan actualmente dentro de Buckingham.
Desde hace años, el escándalo que rodeó al príncipe Andrés tras su relación con el financiero Jeffrey Epstein continúa proyectando una larga sombra sobre los York. Aunque ni Beatriz ni Eugenia se han visto implicadas en ninguna polémica, lo cierto es que la estrategia de la casa real británica ha pasado por reducir progresivamente el protagonismo de aquellas ramas familiares que no desempeñan funciones oficiales dentro de la institución, o también se puede decir que la supuesta facción «anti-York» está ganando fuerza en el interior de Buckingham.
En este contexto, la figura del príncipe Guillermo cobra cada vez más importancia. El heredero al trono nunca ha ocultado su intención de impulsar una monarquía más reducida, centrada en los miembros que desarrollan una actividad institucional permanente. Una visión que, según numerosos expertos en la Corona británica, marcará buena parte del futuro de Buckingham cuando llegue el momento de su reinado.
La ausencia de las York en Ascot resulta todavía más significativa si se compara con la creciente visibilidad de otros familiares. Uno de los ejemplos más evidentes lo protagonizó Zara Tindall. La hija de la princesa Ana ocupó durante la tradicional Royal Procession un papel que el año pasado desempeñó la princesa Beatriz, viajando en la tercera carroza junto a la princesa Zahra Aga Khan. En Buckingham pocas veces los espacios permanecen vacíos y, cuando alguien deja de ocuparlos, otro miembro de la familia suele asumir ese protagonismo.
Durante los últimos años también han trascendido diversos cambios relacionados con las propiedades vinculadas a la Corona. Carlos III ha impulsado una gestión más estricta de los recursos de la familia real, una política que busca racionalizar gastos y delimitar claramente qué miembros pueden beneficiarse de determinadas residencias o privilegios asociados a la institución. Una medida que encaja con la visión de una monarquía más contenida y adaptada a los nuevos tiempos.
A pesar de ello, el monarca siempre ha mostrado una actitud diferente hacia sus sobrinas. Carlos III ha procurado distinguir entre los problemas protagonizados por el príncipe Andrés y la situación de Beatriz y Eugenia, que mantienen una buena relación con buena parte de la familia y continúan participando en determinados acontecimientos privados de la Corona.
De hecho, hace apenas unas semanas ambas estuvieron presentes en la boda de Peter Phillips, demostrando que siguen formando parte del núcleo familiar en el ámbito personal. Sin embargo, la fotografía que deja Ascot parece contar una historia distinta. Mientras otros miembros de la realeza ganan visibilidad y asumen nuevos espacios dentro de la institución, las princesas de York continúan alejadas de los focos oficiales.
Y en una familia tan acostumbrada a comunicar a través de los gestos como la británica, las ausencias suelen decir tanto como las presencias. Ascot ha vuelto a recordarlo.