La reflexión más ‘madura’ de Corinna sobre Juan Carlos I
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Corinna Zu Sayn-Wittgenstein ha vuelto a hablar de su relación con el rey emérito Juan Carlos I. Lo ha hecho en su revista de cabecera, ‘Point de Vue’, después de un tiempo alejada de los medios de comunicación y haciendo una vida tranquila en Mónaco. «Es un episodio que asumo, pero que se amplificó y se utilizó de una manera inadecuada», han sido sus palabras tras ser preguntada por aquella ‘relación entrañable’ que la unió al monarca durante diez años y que alcanzó una gran repercusión mediática. Fue en febrero de 2004 cuando este idilio dio comienzo en una finca de caza y hoy, con la retrospectiva que da el tiempo, Corinna reflexiona: «Es obvio que yo no quería que ocurriese lo que finalmente ha ocurrido. Por eso, he decido quedarme con la parte positiva de todo esto y enfocarlo hacia la filantropía».
¿A qué dedica su tiempo la germano-danesa tras el gran revuelo que se originó en la Casa Real Española con la noticia de su ‘amistad especial’ con Juan Carlos? A hacer el bien por los demás de manera desinteresada. Divide su vena más altruista con sus diversos negocios comerciales. «Ya he cumplido mi medio siglo de vida y por fin he logrado encontrar el equilibrio. Estoy contenta y muy orgullosa». No solo el trabajo ocupa su tiempo, además está centrada en la familia. Su mayor preocupación son sus dos hijos, después de haberse divorciado de su segundo marido, el aristócrata alemán Casimir zu Sayn-Wittgenstein-Sayn, del que consiguió preservar su título de princesa.
Su relación con Alberto de Mónaco y su infancia marcada por los hombres
Durante la entrevista con la citada publicación Corinna se ha acordado de la estrecha relación que la une a Alberto de Mónaco: «Lo conozco desde 1984. Fue gracias a Ira von Füstenberg, que se llevaba muy bien tanto con mis padres como con Rainiero. Cuando le conocí yo era muy joven. Luego le he acompañado a él y a su pareja en sus movimientos. Compartimos una confianza mutua que requiere discreción. Para mí la cualidad más importante en la vida es la lealtad sin titubeos».
Los hombres han sido los protagonistas indiscutibles en la vida de Corinna Zu Sayn-Wittgenstein. ¿El que más la ha marcado? Indudablemente, su padre: «Mi padre me trataba como a un hombre. Aunque era pequeña, a menudo, me metía en su despacho. Nunca tuve un juguete. Me dedicaba a escuchar conversaciones de las que aprendía». Una infancia atípica que, lejos de no gustarle, agradece. Ha conseguido lo que pocas mujeres gracias a su padre: «Ahora me aceptan en lugares y reuniones en las que normalmente no se permite la entrada de mujeres, sobre todo en Oriente Medio. Aprendí a respetar el código. Nunca miré a un hombre a los ojos y aprendí a vestirme de forma adecuada».
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