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CASAS REALES

La cena de Trump con Carlos III en la Casa Blanca: verduras del huerto presidencial y florituras de alta cocina

De la velouté al lenguado meunière: así fue el menú diseñado para celebrar la 'relación especial' entre EEUU y Reino Unido

La velada de Carlos III en la Casa Blanca donde la diplomacia se sirvió en cuatro tiempos y con vajilla histórica

En la diplomacia hay gestos que pesan más que los discursos. A veces es un apretón de manos; otras, un menú cuidadosamente diseñado. Y en la tercera jornada de la visita de Estado de Carlos III y Camilla a Estados Unidos, la política exterior se sirvió en cuatro tiempos y con vajilla histórica en la mesa de la Casa Blanca.

Los reyes británicos fueron recibidos por el presidente Donald Trump y la primera dama Melania Trump en una cena de Estado diseñada para celebrar la llamada relación especial entre Estados Unidos y Reino Unido. Todo ello, además, en un contexto simbólico: los estadounidenses conmemoran este año los 250 años de su independencia. Sí, aquella independencia que, precisamente, los separó de la Corona británica. Pero en diplomacia (como en la cocina) los contrastes pueden resultar deliciosos. Y sino que se lo digan a Carlos III.

(Foto: Europa Press)

Un menú diplomático (y muy primaveral)

La velada comenzó con una velouté de verduras del huerto, una crema ligera y aromática que llegaba acompañada de corazones de palmito, chalotas tostadas y un delicado toque de micromenta. Un primer plato pensado para abrir el apetito sin eclipsar lo que vendría después.

El segundo pase se movía en terrenos más italianos que británicos: ravioli de hierbas de primavera, rellenos de ricotta y acompañados de colmenillas, todo ello bañado en una emulsión de parmesano. Las hierbas, según se explicó, procedían directamente del huerto de la Casa Blanca.

El plato principal apostó por un clásico que sí conecta con la tradición europea: lenguado Dover meunière, preparado con mantequilla avellanada. El pescado se acompañaba de patatas pavé y aceite de perejil. Una receta elegante, de esas que parecen pensadas para que nadie se equivoque.

El presidente de EEUU, Donald Trump, la primera dama Melania Trump, el rey Carlos III y la reina Camila hablan con el chef Carlo Figarella mientras recorren el Jardín Sur de la Casa Blanca para ver la colmena de abejas de la Casa Blanca. (Foto: Europa Press)

Un postre con forma de colmena

El broche dulce tenía también su carga simbólica. Los invitados degustaron un gâteau de chocolate con forma de colmena, relleno de un cremoso de vainilla y acompañado de bizcocho joconde de almendra y helado de crème fraîche. El toque final lo ponía la miel procedente de la propia Casa Blanca.

Una colmena como metáfora de cooperación y trabajo colectivo (al menos sobre el papel) para una noche dedicada a reforzar alianzas. Aunque, visto desde cierta distancia, también podría interpretarse como un guiño involuntario a la complejidad de la política internacional: muchas celdas, muchas piezas y bastante zumbido alrededor.

Vinos estadounidenses para un brindis atlántico

El maridaje apostó exclusivamente por vinos estadounidenses, una forma elegante de subrayar la fortaleza de la industria vinícola local sin dejar de homenajear la amistad transatlántica. Entre las etiquetas elegidas figuraban un Riesling de Hopkins Vineyards, un Pinot Noir de Penner-Ash Wine Cellars y un Chardonnay de Newton Vineyard. Tres vinos, tres estilos y una intención clara: que el brindis por la relación entre ambos países tuviera, al menos, sabor americano.

Música militar y jardines ingleses

La ambientación de la velada mezclaba referencias a ambos lados del Atlántico. Los invitados entraban al Gran Vestíbulo entre flores de cerezo, mientras que el comedor evocaba la estética de los jardines ingleses con lilas, ranúnculos y lirios del valle.

Sobre la mesa, más de 250 piezas de plata dorada de la colección de la Casa Blanca convivían con porcelanas utilizadas en distintas administraciones presidenciales. La decoración combinaba verde, oro y blanco, un guiño primaveral que recordaba que, más allá de la política, el calendario también manda.

La música corrió a cargo de varias formaciones militares estadounidenses, desde la banda de marines hasta coros del ejército y de la fuerza aérea. Una banda sonora solemne para una cena que, en esencia, sigue una tradición tan antigua como con intención: reunir a líderes alrededor de una mesa bien servida.