Pánico entre los expertos: el mayor glaciar de España está agonizando y lo que viene da miedo
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En las últimas décadas, el glaciar del Aneto se ha convertido en uno de los ejemplos más dramáticos de la rapidez con la que el calentamiento global está transformando el paisaje de buena parte de España. Lo que antes era una gran lengua de hielo, se ha fragmentado por completo hasta quedar reducido a tres masas aisladas. Esta ruptura, confirmada por los últimos análisis realizados por el grupo de investigación CryoPyr (IPE–CSIC), marca un punto de no retorno: el mayor glaciar de España es un conjunto de restos de hielo fósil abocados a desaparecer en apenas unos años.
Esta conclusión se basa en un conjunto excepcional de datos registrados desde 1981. La combinación de escáneres LiDAR, vuelos fotogramétricos con drones y análisis satelitales ha permitido reconstruir, con una precisión milimétrica, la caída del espesor del hielo, los cambios en su dinámica y la pérdida progresiva de superficie. Y todas las mediciones apuntan en la misma dirección: el glaciar más grande de España ha entrado en un colapso irreversible.
El mayor glaciar de España está a punto de desaparecer
Durante la temporada 2024–2025, todos los glaciares monitorizados han perdido más de un metro de espesor de hielo, una cifra «dramática» según los expertos. En puntos concretos, las pérdidas han alcanzado casi los cuatro metros, equivalentes a la altura de un edificio de dos plantas. El caso de Ossoue, situado en la frontera franco-española, es aún más preocupante: allí se han registrado pérdidas promedio de 3,5 metros, lo cual es incompatible con la supervivencia de cualquier glaciar.
Paradójicamente, no ha una de las temporadas más extremas en términos de temperaturas o de olas de calor, lo que demuestra que el sistema ya está al límite. La nieve que debería acumularse en invierno es insuficiente para compensar el deshielo del verano, y el hielo más antiguo (oscurecido por polvo y sedimentos, y por tanto más propenso a absorber radiación solar) se derrite a toda velocidad.
La fragmentación del Aneto
Desde 2022, los científicos ya intuían que la parte inferior del glaciar había quedado aislada del cuerpo principal. Pero los datos más recientes confirman que la desintegración es mucho más profunda: el Aneto ha quedado dividido en tres masas independientes de hielo. La más pequeña, situada bajo el Collado de Coronas, al no moverse ni comportarse como un sistema dinámico, ha dejado de ser un glaciar para pasar a considerarse un helero: un depósito de hielo residual, condenado a desaparecer en poco tiempo.
La superficie total del glaciar más grande de España, que a finales del siglo XIX superaba con holgura las 500 hectáreas, se ha reducido a apenas 30. Asimismo, en los Pirineos, en 2020 quedaban 24 glaciares; hoy apenas sobreviven 14, muchos de los cuales ya están tan degradados que se consideran técnicamente heleros.
Una tendencia histórica
Aunque el calentamiento global es un proceso ampliamente documentado, los Pirineos están sufriendo un aumento de temperatura muy superior al registrado en otras regiones del planeta. Desde mediados del siglo XIX hasta 2017, la zona del Aneto ha experimentado una subida térmica de 1,14 °C. Sin embargo, la aceleración del deshielo se observa especialmente desde la década de 1980, con un punto crítico a partir del año 2000: en estos 25 años se ha perdido más hielo del que queda actualmente en pie.
Un colapso generalizado
El Aneto no es una excepción, sino parte de un proceso más amplio. El glaciar de Ossoue, el tercero más grande de los Pirineos, ha sido el más castigado este año. También Monte Perdido y Llardana registran pérdidas promedio superiores al metro y medio. El contraste con el siglo XIX es abismal: entonces existían 52 glaciares en la cordillera. En poco más de un siglo, la cifra ha caído a menos de la cuarta parte. Y si se repite la tendencia de los últimos 10 años, todos desaparecerán antes de 2035.
«Según el Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC), entre 1949 y 2010 la temperatura media en los Pirineos ha experimentado un claro aumento. Aunque este calentamiento no ha sido regular, ya que hasta 1980 las temperaturas tendían al descenso y fue a partir de entonces cuando comenzaron a alzarse, y así hasta ahora. A lo largo de los últimos 50 años, el incremento de la temperatura ha quedado reflejado en toda la cordillera pirenaica, a lo que se suma un descenso del volumen anual de precipitaciones.
El Pirineo se enfrenta a un incremento de 1,2 grados centígrados, un 30% más que la media mundial, que desde 1950 ha aumentado 0,85 grados. La evolución del manto blanco que envuelve los Pirineos confirma un descenso estadísticamente significativo del volumen de nieve en la vertiente sur desde los años 50 hasta la actualidad.
La primera aproximación probabilística de predicción de clima futuro se resume en que se espera un aumento de las temperaturas máximas y mínimas diarias, en todas las estaciones y en toda la zona pirenaica. En relación a un futuro próximo, en 2030, el aumento de la temperatura máxima media anual, respecto al período entre 1961 y 1990, podría ser de entre 1ºC y 2.7ºC en toda la zona pirenaica», detalla el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
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