Ciencia
Cuerpo Humano

¿Por qué los humanos tenemos cejas? Un biólogo evolutivo lo explica.

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Tendemos a olvidar que nuestras cejas están ahí. Se sitúan sobre los ojos y realizan su función de forma discreta, hasta que, por algún motivo, desaparecen. Entonces, el rostro puede parecer extraño o incluso difícil de reconocer, lo que sugiere que cumplen un papel más importante del que solemos percibir. Durante mucho tiempo se pensó que su función principal se limitaba a proteger los ojos del sudor y la suciedad. Y aunque esto es cierto, la biología evolutiva ha demostrado que su papel es más complejo.

Combinando datos fósiles, anatomía facial y estudios de psicología experimental, los expertos han comprobado que las cejas no sólo protegen, sino que también intervienen en la comunicación y el reconocimiento facial. Los primeros homininos (como el Homo heidelbergensis o los Neandertales) tenían rostros muy diferentes a los nuestros. Su rasgo más destacado era un arco superciliar, una eminencia ósea situada en el hueso frontal del cráneo, justo encima de las órbitas oculares y las cejas, protegiendo los ojos de la suciedad, el sudor y la presión mecánica

El motivo por el que los humanos tenemos cejas

En un estudio de 2019 publicado en Nature Ecology & Evolution, los investigadores documentaron una serie de cambios en el Homo sapiens que transformaron por completo la apariencia y la funcionalidad del rostro: reducción del arco superciliar y retracción de la parte media del rostro (el área alrededor de la nariz y las mejillas).  Al reducirse el arco superciliar, el tejido blando sobre los ojos adquirió mayor libertad de movimiento.

«Una de las principales claves para comprender el origen y la evolución del rostro humano es el análisis de los rostros de taxones extintos del clado de los homininos durante los últimos seis millones de años. Sin embargo, a medida que se recuperan nuevos fósiles y aumenta el número de especies de homininos, la cuestión de cómo y cuándo se originó el rostro humano moderno sigue sin estar clara. Al examinar las características clave del esqueleto facial, evaluamos aquí la historia evolutiva del rostro humano moderno en el contexto de su desarrollo, morfología y función, y sugerimos que su apariencia es el resultado de una combinación de influencias biomecánicas, fisiológicas y sociales», detallan los investigadores.

Cabe destacar que las cejas forman parte de un patrón de cambios. Este trabajo subraya que el aumento de la movilidad de las cejas acompañó a una reconfiguración facial más amplia. A medida que la parte media del rostro se retraía, la parte superior se volvía más abierta, visible y dinámica. Estos cambios incluyen:

Señales sociales

Por otro lado, un estudio de 2018 publicado en Nature Ecology & Evolution replantea el rostro humano como una herramienta de comunicación social.
Los autores sugieren que la reducción del arco superciliar refleja un cambio en la forma de interacción de los primeros humanos.

En homininos antiguos, los arcos superciliares prominentes podrían haber funcionado como señales de dominancia o agresividad. En contraste, los humanos actuales dependen mucho más de señales dinámicas, donde las cejas desempeñan un papel clave. A medida que los grupos humanos crecieron y se hicieron más interdependientes, la comunicación emocional sutil cobró mayor importancia.

«De manera singular, con respecto a los homininos del Pleistoceno Medio, los humanos anatómicamente modernos no poseen arcos superciliares marcados, sino una frente más vertical con cejas móviles que desempeñan un papel clave en la señalización y comunicación social. La presencia y variabilidad de los arcos superciliares en las especies arcaicas de Homo y su ausencia en nosotros han generado debate sobre su morfogénesis y función, con dos hipótesis principales: que la morfología de los arcos superciliares es el resultado de la relación espacial entre las órbitas y la caja craneana; y que la morfología de los arcos superciliares se ve significativamente afectada por la mecánica de la mordida. En este estudio, manipulamos virtualmente la morfología de los arcos superciliares de un hominino arcaico, demostrando que son mucho mayores que el mínimo requerido para satisfacer las demandas espaciales y que el tamaño de los arcos superciliares tiene poco impacto en el rendimiento mecánico durante la mordida», concluyen los expertos.