Ciencia
Innovación energética

Parece magia pero es ciencia: una joven de 15 años potabiliza agua con energía solar y gana un premio de la ONU

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La búsqueda de soluciones para garantizar el acceso al agua potable ha llevado a investigadores y jóvenes científicos a explorar alternativas basadas en recursos naturales. En este escenario, la energía solar ha ganado terreno como herramienta capaz de ofrecer respuestas en contextos donde las infraestructuras tradicionales no llegan o resultan insuficientes.

Aquí no estamos hablando de hidropaneles, ni de desalinización, sino de tecnologías accesibles y sostenibles ha permitido replantear cómo se aborda la potabilización del agua. La combinación entre innovación, conocimiento científico y energía solar dio sus frutos en Brasil, cuando en 2019, una joven de tan solo 15 años se animó a diseñar un sistema único en el mundo.

¿Es posible aprovechar la energía solar para potabilizar agua de forma sostenible?

La respuesta es si y radica en el proyecto conocido como Aqualuz. Su funcionamiento se basa en un principio relativamente estudiado: la desinfección solar del agua, también conocida como SODIS.

Este método consiste en exponer el agua a la radiación solar durante un periodo determinado. En ese tiempo, los rayos ultravioleta y el aumento de temperatura actúan sobre virus y bacterias, reduciendo su presencia hasta niveles que permiten el consumo humano en condiciones controladas.

Aqualuz adapta este principio a un sistema diseñado para su uso cotidiano en zonas rurales. El dispositivo incorpora un filtro y un compartimento transparente donde el agua permanece expuesta al sol durante aproximadamente cuatro horas.

Además, incluye un indicador que cambia de color cuando el proceso ha finalizado, facilitando su uso sin necesidad de conocimientos técnicos avanzados.

Una de las características más relevantes es que no requiere productos químicos ni electricidad, lo que lo convierte en una opción viable en regiones con recursos limitados.

El origen del proyecto: una brasileña que ideó el sistema a sus 15 años

La iniciativa fue desarrollada por Anna Luisa Beserra, quien comenzó a trabajar en esta idea cuando tenía 15 años. Su interés surgió tras observar las dificultades relacionadas con el acceso a agua segura en comunidades rurales del noreste de Brasil.

Durante sus primeras fases, el proyecto pasó por múltiples versiones. Según datos difundidos por sus responsables, fueron necesarios varios prototipos hasta alcanzar un modelo funcional capaz de aplicarse en condiciones reales. Este proceso incluyó pruebas, ajustes técnicos y la validación del sistema en entornos rurales.

El desarrollo no se limitó a un ámbito académico, sino que evolucionó hacia una propuesta con aplicación práctica. La joven investigadora, con un enorme corazón solidario, también impulsó la creación de iniciativas orientadas a ampliar el alcance del sistema y facilitar su implementación en distintas comunidades.

Zonas rurales que pueden aprovechar de la energía solar y sus limitaciones al acceso del agua

En diversas regiones del noreste brasileño, el acceso al agua depende en gran medida de cisternas que almacenan agua de lluvia. Aunque estas infraestructuras permiten disponer de recursos hídricos en épocas de sequía, no garantizan por sí solas que el agua sea segura para el consumo.

Los problemas de contaminación pueden aparecer durante la recogida, el almacenamiento o el uso diario. En este contexto, tecnologías como Aqualuz buscan actuar como una solución complementaria para reducir riesgos sanitarios.

El sistema ha sido instalado en comunidades rurales donde las condiciones climáticas favorecen el uso de energía solar. Su diseño contempla una vida útil aproximada de 20 años y un mantenimiento básico, limitado a la limpieza con agua y jabón.

Además, la capacidad de tratamiento (alrededor de 10 litros en varias horas) se ajusta a las necesidades diarias de una familia, según parámetros utilizados en proyectos de acceso al agua.

El reconocimiento internacional a esta joven brasileña y el papel de la ONU

El impacto del proyecto llevó a que fuera reconocido por el programa Jóvenes Campeones de la Tierra, impulsado por la Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Así, en 2019, Beserra se convirtió en la primera brasileña en recibir este galardón dentro de su categoría.

Este reconocimiento puso el foco en soluciones desarrolladas a partir de problemas locales, pero con potencial de aplicación global. Según estimaciones de organismos internacionales, cerca de 1.800 millones de personas consumen agua sin tratar, lo que evidencia la magnitud del desafío.

El premio incluyó financiación y apoyo para ampliar el alcance del proyecto, así como oportunidades para establecer conexiones internacionales. La intención era facilitar la expansión de la tecnología a otras regiones con condiciones similares, como partes de América Latina, África o Asia.

Aun así, cabe aclarar que expertos en saneamiento señalan que este tipo de iniciativas no sustituye a los sistemas tradicionales de abastecimiento, sino que actúa como complemento en contextos donde el acceso al agua potable sigue siendo limitado.