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Economía verde

De estiércol de vaca a combustible para aviones: un startup de EEUU ya aprovecha los residuos ganaderos con un sistema 5 veces más económico que las europeas

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Una empresa emergente de Estados Unidos ha logrado transformar el estiércol de vaca en combustible para aviones. La compañía, llamada Circularity Fuels, utiliza los residuos de las granjas lecheras como materia prima para fabricar un carburante que funciona en los motores de las aeronaves que vuelan hoy.

El producto es un combustible de aviación sostenible, conocido por sus siglas en inglés SAF. Se trata de un carburante químicamente equivalente al queroseno tradicional, que cumple las mismas especificaciones y se integra en la cadena de suministro existente sin necesidad de modificar los aviones ni los aeropuertos.

El gran obstáculo de este tipo de carburante siempre fue su precio. Según el portal especializado Interesting Engineering, las plantas comerciales que emplean la tecnología de la empresa costarían alrededor de una quinta parte que las instalaciones equivalentes en desarrollo en Europa.

¿Cómo convierte Circularity Fuels el estiércol de vaca en combustible?

El proceso arranca en un digestor anaeróbico, que descompone el estiércol de las vacas y genera biogás, una mezcla de metano y dióxido de carbono. Ese gas pasa después por dos reactores modulares que lo convierten primero en gas de síntesis y luego en hidrocarburos líquidos mediante un proceso químico conocido como Fischer-Tropsch.

El resultado final es un carburante que se refina y se mezcla hasta obtener combustible para aviones. Toda la cadena se alimenta con energía renovable procedente de fuentes solar y eólica, según la información publicada por Circularity Fuels sobre su tecnología.

La compañía sostiene que sus reactores alcanzan tasas de conversión del metano superiores al 98 % y del dióxido de carbono por encima del 90 %. El biogás de partida está compuesto por un 65 % de metano y un 35 % de dióxido de carbono.

Un piloto de seis meses en una granja lechera de California

Circularity Fuels probó su sistema durante seis meses con biogás real de una granja lechera situada cerca de Madera, en California, donde conviven más de 5.000 cabezas de ganado. La prueba permitió obtener combustible para aviones apto para su uso directo.

La empresa cuenta además con un piloto comercial ya en marcha que genera ingresos, al convertir gases residuales en materia prima de alta pureza. La fase de biogás, ya completada, validó el paso de los residuos ganaderos al carburante final.

El carburante producido cumple la norma internacional ASTM y puede mezclarse en una proporción de hasta el 50 % con el queroseno de aviación convencional. Esa compatibilidad resulta clave, ya que permite emplearlo en la flota actual sin adaptaciones.

El coste, la principal barrera que separa a Estados Unidos de Europa

El precio ha mantenido al combustible de aviación sostenible como una tecnología dependiente de las subvenciones. Circularity Fuels afirma que su reactor cierra esa brecha de coste. La empresa calcula que sus instalaciones comerciales costarían menos de 90.000 euros por cada barril diario de capacidad instalada.

La demanda de este carburante crece con rapidez, impulsada por los mandatos regulatorios de Reino Unido y la Unión Europea, que obligan a incorporar combustibles sostenibles en la aviación. Sin embargo, la oferta todavía avanza por detrás de esa demanda.

Los próximos pasos de la empresa estadounidense

Circularity Fuels construye actualmente una planta de demostración con capacidad para diez galones diarios. El siguiente objetivo es levantar su primera planta comercial, con una producción de un millón de galones al año, prevista para principios de 2029.

La empresa, dirigida por su fundador Stephen Beaton, cuenta con el respaldo de inversores privados y de organismos públicos como la Comisión de Energía de California. De cara a 2031, prevé instalar plantas modulares en tres continentes, con presencia en América del Norte, América del Sur y Europa.

Más allá del combustible de aviación, la tecnología de la compañía permite fabricar diésel renovable, nafta renovable y monóxido de carbono a partir del mismo carbono residual.