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Decepción entre los científicos: llevan años contaminando sus pruebas con los microplásticos de sus guantes

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Un equipo de científicos de la Universidad de Michigan ha descubierto que los guantes de nitrilo y látex, indispensables en los laboratorios, liberan partículas que el equipo de medición confunde con microplásticos.

Este error técnico podría haber inflado las estimaciones de contaminación global durante años, obligando a los investigadores a replantearse la confiabilidad de sus actuales métodos de muestreo.

El uso de guantes en el laboratorio infla las cifras de contaminación por microplásticos

La investigación publicada en la revista científica Analytical Methods, revela una verdad incómoda. El equipo de protección diseñado para evitar la contaminación externa es, precisamente, el origen del problema. Por otra parte, hay que destacar que en el estudio participaron Madeline Clough y Anne McNeil de la Universidad de Miami.

Durante un proyecto para medir microplásticos en la atmósfera de Michigan, Clough detectó concentraciones superiores a lo previsto. Tras descartar botellas de plástico y el aire del propio laboratorio, el equipo rastreó la contaminación hasta los guantes de nitrilo recomendados por los manuales de buenas prácticas.

Cómo alteran los estearatos de los guantes los resultados de las pruebas

El culpable de este sesgo informativo son los estearatos. Estas sustancias, similares al jabón o sales metálicas, recubren los guantes desechables para facilitar su separación de los moldes durante la fabricación.

El problema radica en que los estearatos presentan una estructura casi idéntica a ciertos plásticos como el polietileno. Cuando los científicos utilizan espectroscopia de luz para identificar partículas, las máquinas registran estos restos del guante como si fuesen contaminación ambiental.

El estudio cuantifica el impacto de este contacto accidental de forma demoledora. De media, el simple roce de un guante con los filtros o portaobjetos del laboratorio introduce unos 2.000 falsos positivos por milímetro cuadrado.

Esta cifra altera significativamente cualquier análisis de aire o agua, ya que los investigadores están buscando «agujas en un pajar» donde muchas de esas piezas ni siquiera deberían existir.

El reto de los falsos positivos y el futuro de la investigación ambiental

A pesar de la decepción inicial, el equipo de la Universidad de Michigan ofrece una vía para salvar los datos. En colaboración con expertos en estadística, han desarrollado métodos que permiten distinguir entre los estearatos del guante y los microplásticos reales.

Esto permite que la comunidad científica revise bases de datos antiguos y limpie las cifras para obtener una imagen más fiel de la realidad ecológica. La solución más inmediata para los futuros estudios pasa por un cambio drástico de equipamiento.

Los investigadores recomiendan sustituir los modelos convencionales por guantes para sala blanca. Estos se fabrican sin recubrimientos de estearato, lo que reduce significativamente la liberación de partículas no deseadas en las muestras.

No obstante, este descubrimiento no minimiza la gravedad de la crisis. Aunque los científicos hayan sobreestimado las cantidades debido a esta contaminación accidental, la presencia de plásticos en el entorno sigue siendo un problema crítico.

«Es un campo muy difícil para trabajar porque hay plástico por todas partes», dice McNeil. «Pero por eso necesitamos químicos y personas que entiendan la estructura química para trabajar en este campo», concluye.