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MALLORCA

Martina, la niña de cinco años que lucha cada día contra un cáncer cerebral incurable

Sus padres dan visibilidad a esta rara enfermedad mientras celebran la evolución positiva de su hija tras los primeros tratamientos

La historia de Martina no es solo un parte médico; es un testimonio de resistencia frente a lo imprevisible. En agosto de 2024, lo que comenzó como una aparente molestia ocular, uno de esos pequeños contratiempos infantiles que suelen resolverse con una visita rutinaria al pediatra, terminó convirtiéndose en el inicio de una incansable lucha por la vida. El diagnóstico de los profesionales fue un mazazo de realidad: la pequeña, de apenas cinco años, padecía DIPG (Glioma Difuso de Tronco Encefálico), un tumor cerebral altamente agresivo que, a día de hoy, carece de cura.

Para entender el peso que recayó sobre los hombros de sus padres, hay que mirar de cerca la naturaleza de esta enfermedad. El DIPG se localiza en la base del cerebro, en el puente troncoencefálico, una zona crítica que controla funciones vitales como la respiración, el ritmo cardíaco y la presión arterial. Debido a su ubicación y a su forma de crecer, la cirugía es imposible.

Martina, la pequeña de cinco años que lucha contra un cáncer cerebral incurable.

Además, lo peor de todo llega aquí. Se trata de una enfermedad con una esperanza de vida muy baja, de unos cinco años como máximo en los casos más excepcionales, explican los expertos sobre esta patología.

Los primeros días tras la noticia fueron un laberinto de incertidumbre y dolor. Ante la falta de un tratamiento definitivo, la única herramienta médica para ganar terreno al tiempo fue la radioterapia. El objetivo era claro: frenar la evolución del tumor para prolongar la calidad de vida de Martina. «Ahora toca aprovechar este tiempo extra para seguir creando recuerdos juntos», manifiestan sus padres.

Contra todo pronóstico, Martina respondió con una fuerza asombrosa. Las primeras sesiones fueron un éxito rotundo. Los síntomas más crueles del DIPG, la debilidad facial, la pérdida de equilibrio, las dificultades para tragar o hablar y la visión doble, empezaron a remitir. El alivio llegó en forma de imagen médica: «La resonancia ha mostrado una reducción considerable del tumor», aseguran los progenitores.

Imagen de Martina en una playa.

Sus padres han tomado una decisión valiente: no permitir que la enfermedad dicte cada minuto de su existencia. Han intentado mantener una rutina de normalidad absoluta, acompañándola en cada paso e incluso regalándole la magia de viajar en familia. «Martina sigue demostrando que es una princesa capaz de luchar contra enormes dragones», aseguran.

Hoy, Martina sigue sin síntomas aparentes, alimentando un hilo de esperanza que sus familiares sostienen con firmeza. Su lucha tiene también un objetivo social: dar visibilidad a una enfermedad olvidada por los grandes focos.