El plato típico de Andalucía que conquista a Antonio Banderas: una cena fácil, rápida y deliciosa para hacer en casa
El ajoblanco es uno de los platos favoritos del famoso actor y es perfecto para cocinar en verano
Las comidas típicas de Andalucía
Parece un pisto normal, pero sólo se hace en Andalucía
Antonio Banderas es uno de los mejores embajadores que tiene su ciudad natal, Málaga. Cierto es que siendo muy joven se trasladó a Madrid para abrirse camino como actor y, tras conquistar Hollywood, residió en Los Ángeles junto a Melanie Griffith. También tuvo una casa en Aspen y vivió durante una etapa en Londres con Nicole Kimpel. Sin embargo ninguna de estos lugares consiguió romper el lazo que mantiene con su ciudad de origen y mucho menos, con su gastronomía.
Ya hace algunos años desde que el actor volviera a instalarse en Málaga, de modo que se ha convertido en uno de los rostros más conocidos de la cultura andaluza. Su implicación en la vida de la ciudad va mucho más allá de acudir a determinados actos. Allí ha impulsado el Teatro del Soho CaixaBank y participa habitualmente en algunas de sus tradiciones más importantes. Y como no, tampoco esconde su debilidad por la cocina de la tierra. De hecho, lo demostró durante la Gala de la Guía Michelin España & Andorra 2026, celebrada precisamente en Málaga. La agencia KOVA le preguntó qué plato andaluz le hacía «perder los papeles» y Banderas respondió sin dudar: «El ajoblanco con cabello de ángel y un poquito de uva. Es maravilloso». Una elección muy malagueña que, además, cualquiera puede preparar en casa con ingredientes muy sencillos.
El plato andaluz favorito de Antonio Banderas
El ajoblanco es una sopa fría de color claro perfecta para el verano que se prepara con almendras, pan, ajo, aceite de oliva, vinagre y agua. No lleva tomate, lo que permite distinguirlo rápidamente del gazpacho y de otras recetas veraniegas del sur. Su textura es cremosa y su sabor combina la suavidad del fruto seco con el punto más vivo del ajo y el vinagre.
Durante mucho tiempo fue una comida humilde vinculada al aprovechamiento. El pan que había quedado del día anterior servía para darle consistencia, mientras que las almendras y el aceite aportaban sustancia. Con muy poco se obtenía un plato fresco y contundente, especialmente apropiado para soportar las altas temperaturas. Con los años, aquella receta doméstica también se ha hecho un hueco en restaurantes y cocinas de autor.