Ni ruinas ni escombros: el pueblo aragonés de menos de 400 habitantes que duerme bajo un embalse con su fortaleza medieval y su ermita románica
Un pequeño pueblo de Aragón que pertenece a los llamados "pueblos del pantano"
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España es un país que cuenta con pueblos realmente bonitos, algunos de ellos perfectos para una escapada o para aprovechar, y conocer ahora en verano y entre los que más se recomiendan actualmente destaca Ruesta, una pequeña localidad aragonesa que llegó a tener menos de 400 habitantes y que hoy se ha convertido en uno de los ejemplos más representativos de los llamados «pueblos del pantano».
Ruesta se encuentra junto al embalse de Yesa, en pleno Camino de Santiago Francés. El lugar mantiene aún buena parte de su trazado original con calles de piedra, muros que resisten y, sobre todo, una silueta que llama la atención desde lejos, la de su castillo medieval. A eso se suman varias ermitas románicas y un conjunto que, poco a poco, empieza a mostrar signos de recuperación gracias a distintas actuaciones realizadas en los últimos años, de modo que se convierte en un buen destino para conocer este verano.
El pueblo de menos de 400 habitantes que duerme bajo un embalse con su fortaleza medieval
La historia de Ruesta arranca hace más de mil años. Entre los siglos X y XI surgió en torno a una fortaleza que vigilaba el paso natural del valle del río Aragón. No era un lugar cualquiera: por allí transitaban rutas clave y, con el tiempo, también peregrinos del Camino de Santiago antes de entrar en Navarra.
Durante generaciones, la vida en el pueblo giró en torno al campo y a ese continuo trasiego de viajeros. Pero todo cambió en los años 60. La construcción del embalse de Yesa alteró por completo el entorno. Las tierras de cultivo quedaron anegadas y las expropiaciones dejaron sin recursos a las familias que vivían allí. Sin posibilidad de seguir adelante, los vecinos fueron marchándose poco a poco. No hubo un abandono repentino, sino un goteo constante hasta que el pueblo quedó vacío. A diferencia de otros casos, el agua no cubrió el casco urbano, pero sí marcó un antes y un después definitivo en su historia.
Un castillo medieval y ermitas románicas que siguen resistiendo
Si hay una imagen que define Ruesta es la de su castillo. De origen musulmán, pasó por distintas manos a lo largo de los siglos. Primero fue ocupado por las tropas de Almanzor, después por el Reino de Pamplona y más tarde por el de Aragón. Hoy se conservan dos de sus torres, unidas por un lienzo de muralla, además de parte del recinto defensivo. Desde ese punto se entiende bien por qué se levantó allí ya que domina el paisaje y controla visualmente todo el entorno.
Muy cerca del embalse se encuentra la ermita de San Juan Bautista, un templo románico del siglo XII que llegó a albergar importantes pinturas murales. Para evitar su deterioro, los frescos fueron trasladados en 1963 y actualmente se conservan en el Museo Diocesano de Jaca. A esto se suma la ermita de San Jacobo, también vinculada al Camino de Santiago. En su momento formó parte de la red de acogida de peregrinos, algo que ayuda a entender la importancia que tuvo este enclave durante siglos.
Un lugar que empieza a moverse de nuevo
Aunque Ruesta sigue sin habitantes, en los últimos años han empezado a producirse cambios. Desde 2017 se han llevado a cabo varios trabajos que han servido para recuperar el trazado del Camino de Santiago a su paso por la zona. Entre los trabajos llevados a cabo, se ha intervenido en la calle principal, se han consolidado estructuras de viviendas y se han reforzado muros de piedra. También se han restaurado las ermitas de San Juan y San Jacobo. Estas actuaciones recibieron el Premio Hispania Nostra en 2021 y fueron seleccionadas como finalistas en la Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo de 2023.
Además, el pueblo mantiene viva su memoria gracias a iniciativas como el encuentro «Ruesta Vive». Cada año, antiguos vecinos, descendientes y voluntarios regresan para recordar cómo era la vida allí y colaborar en su conservación provocando que cada vez más la gente se acerque, no a vivir, pero sí a hacer visitas como la que podemos hacer este verano. Un pueblo que también es mostrado muchas veces en redes sociales lo que provoca que más de uno se sienta atraído a visitarlo.
Además, el pueblo de Ruesta ha servido también como escenario de cine. En concreto, parte de la película La vaquilla (1985), dirigida por Luis García Berlanga, se rodó en sus calles y es que al final, hoy en día, quien llega a Ruesta no encuentra un pueblo en ruinas ni un lugar que haya desaparecido bajo el agua sino que lo que ve es un núcleo que resiste. Sin vida cotidiana, pero en pie. Con su castillo vigilando desde lo alto y el embalse marcando, todavía, el rumbo de su historia.
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