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¿Está muerto el océano de Europa? Su fondo lo parece, pero un científico de la NASA cree que la radiactividad de sus rocas podría bastar para sostener microbios

Las mareas de Júpiter ejercen unos 54 kilopascales sobre el fondo de Europa, muy lejos de los 2,1 megapascales que harían falta para mover sus fallas.

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Un estudio publicado en enero de 2026 en Nature Communications calcula que el fondo del océano de Europa, la luna helada de Júpiter, está hoy prácticamente inmóvil. Sin fallas activas ni fuentes hidrotermales, una de las vías clásicas para alimentar vida en ese mar oculto queda muy debilitada.

Un científico de la NASA plantea otra posibilidad: que la desintegración del uranio y el potasio de las rocas, disueltos en el agua, rompa moléculas de agua y deje energía química suficiente para sostener microbios.

Un fondo marino sin fallas activas

El trabajo lo dirigió Paul Byrne, profesor asociado de Ciencias de la Tierra, Ambientales y Planetarias de la Universidad Washington en San Luis, con coautores del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, la Institución Oceanográfica Woods Hole y las universidades de Georgia, Texas en Austin y Toronto, entre otras.

«Si pudiéramos explorar ese océano con un submarino teledirigido, predecimos que no veríamos fracturas nuevas, volcanes activos ni penachos de agua caliente en el fondo marino», dijo Byrne en la nota de la universidad. «Geológicamente, no pasa gran cosa ahí abajo. Todo estaría en calma.»

El equipo estudió cuatro fuentes posibles de esfuerzo sobre las rocas del fondo: las mareas que provoca Júpiter, la contracción global de la luna, la convección del manto y la serpentinización, que es la reacción química que transforma ciertas rocas al hidratarse.

Según el artículo, para que una falla normal o inversa se deslice a 100 metros bajo el fondo marino hacen falta esfuerzos diferenciales de 2,1 y 2,9 megapascales, respectivamente. La marea diaria de Europa, que dura 84 horas, apenas ejerce unos 54 kilopascales sobre ese fondo.

Las mareas de Júpiter no bastan

«Encontramos que ninguno de estos mecanismos es probablemente capaz de provocar el deslizamiento ni siquiera a lo largo de fracturas débiles preexistentes en el presente», escriben los autores en el estudio de Nature Communications.

De ahí deducen que las reacciones entre el agua y la roca probablemente se limitan hoy a los primeros cientos de metros del fondo. Sin fallas que expongan roca nueva, las rocas acaban en equilibrio químico con el océano, y los microbios quimiótrofos, que viven de los desequilibrios químicos, se quedan sin una de sus fuentes de energía.

«Europa probablemente tiene algo de calentamiento por mareas, por eso no está completamente congelada», explicó Byrne. «Pero no vemos volcanes saliendo del hielo hoy como vemos en Ío, y nuestros cálculos sugieren que las mareas no son lo bastante fuertes como para impulsar ningún tipo de actividad geológica significativa en el fondo marino.»

Su conclusión sobre la vida es directa. «La energía simplemente no parece estar ahí para sostener la vida, al menos hoy», dijo el investigador.

La radiactividad de las rocas como fuente de energía

El propio artículo deja una puerta abierta. Los autores escriben que «la radiólisis podría proporcionar así la base para una biosfera alienígena en el fondo marino incluso en ausencia de fracturación sustancial», aunque añaden que ese aporte «queda por cuantificar para Europa».

La radiólisis es la ruptura de las moléculas de agua por la radiación. Al desintegrarse, el uranio, el torio y el potasio radiactivos liberan energía que separa el agua en hidrógeno y compuestos oxidantes, y algunos microbios terrestres viven precisamente de esos productos.

Ese es el planteamiento de Ngoc Tuan Truong, investigador del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA. Su ficha en la web de la NASA lo resume en el título de una de sus charlas: «La habitabilidad no requiere una interacción activa entre el agua y la roca: radiólisis del agua líquida impulsada por sales radiactivas como fuente de energía metabólica en Europa».

Otro resultado reciente tampoco ayuda a la vía clásica: la sonda Juno midió la corteza helada de Europa en unos 29 kilómetros de media en la zona que observó, según la NASA, un dato del que ya se hizo eco OKDIARIO.

Una fuente de energía duradera

Sería además una fuente duradera, porque el periodo de semidesintegración del potasio 40 es de 1.250 millones de años.

La idea tiene antecedentes. En 2018, un equipo brasileño de la Universidad de São Paulo y del Laboratorio Nacional de Luz Sincrotrón publicó en Scientific Reports un modelo de ecosistema para Europa basado en una comunidad de bacterias reductoras de sulfato que vive a 2,8 kilómetros de profundidad en una cuenca de Sudáfrica, alimentada por la radiactividad de la roca.

Lo que el modelo todavía no demuestra

Nadie ha tomado muestras del océano de Europa ni de su fondo. El estudio de Byrne es un modelo mecánico, y los propios autores reconocen que «la verdadera prueba» de sus resultados exigirá acceder directamente al océano y, quizá algún día, al propio fondo marino.

Del trabajo de Truong no hay todavía un artículo publicado con revisión por pares, y su ficha de la NASA lo recoge como una charla invitada en el congreso de astrobiología AbSciCon 2026.

Las respuestas pueden llegar con la misión Europa Clipper. La nave, lanzada el 14 de octubre de 2024, llegará a Júpiter en abril de 2030 y hará 49 sobrevuelos cercanos de Europa, según la NASA. Es la misma nave que va a buscar vida extraterrestre en esa luna.

«Esas mediciones deberían responder muchas preguntas y darnos más certeza», dijo Byrne.

El estudio se publicó en Nature Communications el 6 de enero de 2026.

Crédito de la imagen: NASA/JPL-Caltech/SETI Institute.