Todos a la cárcel

Habrán notado un sutil cambio entre los primeros mítines del PSOE y los últimos en Valencia o en Tarragona. Además de las charos y el bocata gratis. El lema ya no es La fuerza del amor, sino La fuerza del país.
Abundaban entonces las camisetas e incluso los morreos en público. La verdad es que, cuando comenzaron con esta táctica, no me pareció mala idea. Era apelar a los sentimientos en vez de a la razón. Al fin y al cabo, la gente vota con la cabeza, con el corazón o con el bolsillo.
Porque, en materia de obra de gobierno, Pedro Sánchez tiene poco que exhibir. Casi cuatro años ya sin presupuestos. Lástima que la Constitución no obligue a convocar elecciones. Solo a prorrogarlos (artículo 134.4).
Cualquier otro habría convocado elecciones anticipadas: significa que, de facto, no puedes gobernar. En el 2019 fue lo que hizo en cuanto ERC y Junts le tumbaron las cuentas. No le fue mal: pasó de los fatídicos 85 diputados a 123.
Mientras que la única ley importante aprobada en toda la legislatura ha sido la de la amnistía. Que beneficia solo a unos pocos: Puigdemont y sus acólitos. Sin que hayan hecho siquiera propósito de enmienda o acto de contrición. Al contrario, todavía los ha envalentonado. Hasta lo venden como una «victoria».
Sin embargo, lo de la «fuerza del amor» solo puedes utilizarlo si no tienes muertos en el armario. Es decir, prostitutas, amantes y juergas. Que no es el caso. Por eso no sé a qué gurú de La Moncloa o de Ferraz se le ocurrió convertirlo en el eje de la campaña socialista. Incluso pusieron un corazoncito en su perfil en X. A la hora de escribir esta columna, todavía estaba allí.
A fin de cuentas, cuatro mujeres relacionadas con Ábalos o Koldo fueron colocadas en empresas públicas. La ex pareja del ministro, Jéssica Rodríguez, en Ineco (Ingeniería y Economía del Transporte) y en Tragsatec (Tecnologías y Servicios Agrarios). Cobró casi 44.000 euros por no hacer nada.
Claudia Montes, ex Miss Asturias, en Logirail, una filial de Renfe. Como Andrea, otra conocida de José Luis Ábalos. Mientras que Nicoleta, ésta de Koldo García, en Emfesa. Además, en un sector tan sensible como el ferroviario tras las tragedias de Urda y Adamuz.
El último capítulo del culebrón ha sido la detención, el pasado jueves, del ex chófer de Sánchez, Christian Covillo. Como publicó OKDIARIO, otro desconocido para el presidente. Y Andrea de la Torre, pareja actual del huésped más ilustre de Soto del Real. Ambos salieron en libertad con cargos horas después.
El martes, dos días antes de los hechos, durante la comparecencia-dimisión de Óscar Puente, la portavoz del PP, Ester Muñoz, puso el dedo en la llaga. «Amañar contratos desde el Ministerio, colocar a ‘Koldos’, amigos y mujeres prostituidas y después intentar ocultarlo es una decisión política», afirmó. También Pepa Millán, de Vox: «El dinero está en los contratos que les hacían a las prostitutas de Ábalos».
La pregunta inquietante es, en efecto, si desviaron fondos de la seguridad de los trenes —con las consecuencias trágicas que todos sabemos— para sus bolsillos o para enchufar a sus queridas. Hasta la Fiscalía de la UE empieza a tener sospechas y ha abierto dos causas. Si es así, no es malversación de fondos públicos, que también, es directamente homicidio. Todos a la cárcel.