Francia ha pasado del diseño a la fabricación inicial de su nuevo portaaviones nuclear. El France Libre, nombre oficial desde el 18 de marzo de 2026, deberá sustituir al Charles de Gaulle en 2038 y costará alrededor de 10.000 millones de euros.
El salto tecnológico es enorme, pero la principal incógnita no está en el tamaño. Francia seguirá dependiendo de un solo portaaviones y eso implica largos periodos sin este recurso cuando entra en mantenimiento. La documentación oficial consultada no confirma una ausencia de tres años, aunque sí describe paradas superiores a dieciocho meses.
Un gigante de 310 metros
Un portaaviones es, en esencia, una base aérea móvil que navega con sus propios aviones, radares y centros de mando. El France Libre medirá 310 metros, desplazará 78.000 toneladas a plena carga y alcanzará 27 nudos, unos 50 kilómetros por hora. El Elíseo redondea su peso hasta las 80.000 toneladas.
Naval Group calcula una cubierta de vuelo de unos 17.000 metros cuadrados y alrededor de 2.000 personas a bordo. Será casi 1,8 veces más pesado que el Charles de Gaulle, no exactamente el doble, y está concebido para permanecer en servicio unos 45 años.
La fase de realización está dirigida por la Dirección General de Armamento y el Comisariado de Energía Atómica y Energías Alternativas. Naval Group, Chantiers de l’Atlantique y TechnicAtome encabezan el trabajo, con más de 800 empresas previstas, mientras Macron sostiene que el 90 por ciento del coste beneficiará a compañías francesas. El nombre recuerda a la Francia Libre y a quienes resistieron la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial.
Catapultas estadounidenses
El France Libre llevará catapultas electromagnéticas EMALS. El paquete estadounidense autorizado también contempla sistemas de frenado AAG, que ayudan a detener los aviones mediante cables tras tocar una cubierta mucho más corta que una pista convencional.
EMALS impulsa cada aparato mediante un motor lineal y permite regular la fuerza según su peso. Estados Unidos autorizó una posible venta con dos catapultas y tres equipos de frenado, mientras General Atomics ha trabajado en configuraciones adaptadas al buque francés. No es instalar una pieza y pulsar un botón, sino integrar electricidad, programas, cubierta y procedimientos de vuelo.
La elección busca facilitar las operaciones conjuntas con la Marina estadounidense y lanzar aviones o drones de pesos muy distintos. La Armada francesa calcula que las catapultas podrán manejar aparatos de hasta 40 toneladas. Aun así, hablar de interoperabilidad «perfecta» sería excesivo, porque la propia empresa reconoce que el sistema necesita una adaptación específica para Francia.
Dos reactores K22
TechnicAtome construirá dos reactores nucleares K22, los más potentes diseñados hasta ahora en Francia para propulsión naval. Producirán la energía del buque, de sus sistemas y de las catapultas, con unos diez años entre recargas de combustible nuclear. Loïc Rocard, director general de TechnicAtome, los ha descrito como «los más potentes jamás diseñados por Francia».
¿Qué significa eso en la práctica? El portaaviones podrá navegar durante largos periodos sin repostar combustible para sus motores, pero no tendrá autonomía infinita. La tripulación, los aviones, las municiones y los alimentos seguirán necesitando una cadena logística.
Los K22 permitirán mantener aproximadamente la misma velocidad que el Charles de Gaulle pese al fuerte aumento de tamaño. También dejarán más margen eléctrico para radares, comunicaciones, drones y otros equipos que podrían incorporarse durante décadas.
El riesgo de quedarse sin buque
El Charles de Gaulle afrontará desde 2027 su tercer gran periodo de mantenimiento. Los informes parlamentarios hablan de inmovilizaciones superiores a dieciocho meses, y la Armada francesa espera conocer en 2029 si su casco y su planta nuclear permiten prolongarlo más allá de 2038.
Ahí aparece el riesgo real. El France Libre tiene los ensayos y la entrega previstos entre 2036 y 2038, de modo que un retraso importante, unido a la imposibilidad de alargar la vida del buque actual, podría abrir una interrupción de capacidad. No es un hueco inevitable, pero el margen es estrecho.
El Gobierno francés afirma que el programa tuvo cinco años de preparación y que la Dirección General de Armamento aplicará controles anuales, límites de gasto y auditorías. Es una respuesta a los retrasos, los problemas de las hélices y los sobrecostes que marcaron la construcción del Charles de Gaulle.
La pregunta del segundo portaaviones
La Armada francesa calcula que un solo portaaviones ofrece una disponibilidad de alerta cercana al 65 por ciento. Con dos buques, esa cobertura podría llegar al 100 por ciento, según explicó el almirante Nicolas Vaujour ante el Senado.
Por ahora, Francia no ha encargado un segundo France Libre. La medida comprometida es un estudio de costes para 2028, mientras Vaujour considera que una orden en 2029 permitiría aspirar a disponer de dos unidades hacia 2042 o 2043.
El problema tampoco termina en la cubierta. Un portaaviones opera junto a fragatas, un submarino nuclear de ataque y un buque de abastecimiento, mientras Toulon ya prepara un nuevo dique de 360 metros cuya construcción debería comenzar en 2027.
La información oficial del proyecto se ha publicado en el Ministerio de las Fuerzas Armadas de Francia.
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