El Ejército de Tierra se prepara para incorporar dos nuevos sistemas móviles Aracne, diseñados para localizar drones pequeños antes de que alcancen un convoy, una base o una infraestructura crítica. La última planificación conocida situó en julio de 2026 el cierre de las entregas móviles del programa.
Cada conjunto funciona como una pareja de vehículos Vamtac ST5. Uno concentra la detección de señales y la guerra electrónica, que intenta bloquearlas, mientras el otro integra el radar y la respuesta física contra aparatos que no pueden detenerse cortando sus comunicaciones.
Dos vehículos coordinados
¿Por qué dos vehículos? Porque Aracne no es una torre ni un radar aislado. Es un sistema C-UAS, el nombre que recibe un conjunto capaz de detectar, identificar, seguir y neutralizar aeronaves no tripuladas.
La versión móvil puede acompañar a una columna militar o desplegarse en un punto sensible sin levantar una instalación permanente. En la práctica, crea una burbuja de vigilancia que se mueve con las tropas cuando cambia la ruta o la posición.
Cómo encuentra la amenaza
El radar Nemus explora todo el entorno y busca blancos que vuelan bajo. Según las prestaciones difundidas, puede detectar objetivos de referencia a entre 12 y 15 kilómetros y aparatos muy pequeños a unos 4 kilómetros, aunque el alcance real depende del terreno, el tiempo y el tamaño del blanco.
A esa información se suman el sensor de radiofrecuencia SmartEar y las cámaras OTEOS de EM&E Group. El primero escucha emisiones del dron o de su piloto, mientras las cámaras visibles e infrarrojas ayudan a confirmar qué hay en el aire, también de noche.
El centro de mando y control de Indra reúne todas esas pistas en una misma pantalla. Es como encajar un puzle, porque un eco de radar por sí solo puede no bastar para identificar la amenaza.
Interferir o abatir
La primera opción es el «soft kill», una neutralización sin disparos que perturba la navegación o el enlace de control. Los datos divulgados hablan de hasta 15 kilómetros para interferir señales por satélite y de hasta 5 kilómetros para bloquear órdenes, siempre como alcances máximos de referencia.
Algunos drones vuelan de forma autónoma o guiados por fibra óptica y pueden seguir operando aunque se corte la radio. Para esos casos, Aracne incorpora «hard kill», la destrucción física mediante la estación remota Guardian 2.0, que puede montar un lanzagranadas MK-19 de 40 milímetros.
El centro de mando puede seguir y fijar objetivos, pero la acción de fuego se mantiene bajo validación humana según la configuración presentada. La tecnología acelera la decisión, no sustituye la responsabilidad del operador.
Diseño para no quedarse atrás
Indra aporta el mando y control, el radar y los equipos de radiofrecuencia. EM&E Group integra sensores electroópticos y estaciones de armas, mientras TRC participa como socio tecnológico en una alianza industrial creada para responder a los requisitos militares.
La llamada «arquitectura abierta» permite añadir sensores, inhibidores o armas sin rehacer todo el conjunto. Al final del día, intenta evitar que una tecnología comprada hoy quede vieja mañana, porque los drones cambian muy deprisa.
La alianza aprovecha experiencia previa en sistemas como Crow y Cervus. En octubre de 2025, Aracne participó en el ejercicio Atlas, y en junio de 2026 el Pilot Project 5 de Lest permitió a militares desplegados en Eslovaquia probar tecnologías españolas en condiciones de empleo.
Un programa de 14 sistemas
El programa contempla 14 sistemas Aracne, siete fijos y siete móviles, además de tres simuladores para formar a las dotaciones. Su valor estimado es de 30,24 millones de euros y el acuerdo de suministro se firmó el 12 de febrero de 2025 con Indra y EM&E Group.
El Ejército de Tierra será el principal usuario, con diez sistemas, cinco fijos y cinco móviles. La Armada y el Ejército del Aire y del Espacio recibirán dos cada uno, uno fijo y otro móvil.
El Regimiento de Artillería Antiaérea 71, con sede en Madrid, tiene un papel central en las pruebas y la formación. Su jefe, el coronel Rómulo García Huertas, explicó que el objetivo es «integrar todos los sistemas distintos en un mando y control único».
Lo que cambia sobre el terreno
La ventaja de Aracne es combinar varias capas de defensa. Esta fórmula permite usar una respuesta menos destructiva cuando basta con interferir y reservar la opción física para aparatos que no ceden al bloqueo.
También hay límites. Los alcances anunciados pueden reducirse con obstáculos, interferencias, mal tiempo o vuelos muy pegados al terreno, por lo que la eficacia dependerá del equipo, la coordinación y el entrenamiento de sus operadores.
La llegada de los conjuntos móviles ampliará la protección de convoyes y posiciones desplegadas sin depender solo de instalaciones fijas. No elimina la amenaza de los drones, pero ofrece más opciones para verla antes y elegir una respuesta proporcionada.
La información oficial del programa se ha publicado en la Revista Española de Defensa del Ministerio de Defensa.












