La Fuerza Espacial de Estados Unidos ha encargado 36 nuevos satélites para detectar y seguir misiles desde la órbita terrestre baja. Los acuerdos, adjudicados a L3Harris Technologies y Sierra Space, tienen un valor potencial conjunto de unos 1.750 millones de dólares.
Estas naves no derribarán misiles por sí mismas. Su función será localizar amenazas, ayudar a calcular su recorrido y enviar datos con rapidez a otros sistemas de defensa, una pieza clave del Golden Dome o Cúpula Dorada impulsado por la Administración de Donald Trump.
Un encargo acelerado
La Agencia de Desarrollo Espacial, conocida como SDA, anunció los contratos el 13 de julio de 2026, mientras que la Fuerza Espacial difundió la adjudicación el día 14. El pedido forma parte de AMDT3, una ampliación acelerada de la tercera fase de la capa de seguimiento de misiles.
L3Harris podrá recibir alrededor de 955 millones de dólares por 18 satélites de defensa antimisiles. Sierra Space opta a 798 millones por otros 18 aparatos centrados en la alerta y el seguimiento.
La agencia espera que las 36 naves estén disponibles para su lanzamiento a finales de 2028. Esa expresión importa, porque estar listas no significa que ya exista una fecha de despegue para todo el grupo.
Los ojos del Golden Dome
El Golden Dome nació de una orden ejecutiva firmada el 27 de enero de 2025 y fue presentado con su nombre actual en mayo de ese año. El plan busca unir sensores e interceptores espaciales con defensas ya existentes en tierra, mar y aire frente a misiles balísticos, hipersónicos y de crucero.
¿Dónde encajan estos satélites? En la práctica, actuarán como los ojos del sistema. Sus sensores infrarrojos registran señales de calor y ayudan a mantener el seguimiento de un misil durante el vuelo.
La información viajará por una red de comunicaciones de baja latencia, es decir, con muy poco retraso. El objetivo es que las fuerzas en tierra reciban datos útiles casi en tiempo real y puedan decidir qué respuesta emplear.
Dos misiones distintas
Los 18 satélites de Sierra Space estarán orientados a la alerta y al seguimiento. La empresa afirma que se basarán en su plataforma Horizon, perteneciente a la familia de satélites Eclipse y ya utilizada como punto de partida en una fase anterior del programa.
Los aparatos de L3Harris serán similares al Sensor Espacial de Seguimiento Hipersónico y Balístico. La compañía aprovechará el trabajo realizado para la Agencia de Defensa Antimisiles y equipará las naves con sensores de campo de visión medio.
Ese grupo busca producir datos con precisión suficiente para apoyar el control de tiro. Dicho de forma sencilla, no basta con saber que hay un misil en el cielo, también hace falta estimar dónde está y hacia dónde va para orientar un posible interceptor.
Por qué hacen falta tantos
La constelación forma parte de la Arquitectura Espacial Proliferada para el Combatiente. El término «proliferada» significa que la misión se reparte entre muchos satélites distribuidos en varias órbitas, en lugar de depender de unas pocas plataformas.
Este enfoque reduce el impacto de que falle una nave y permite renovar la tecnología por tandas. Al operar en órbita baja y conectarse entre sí, los satélites también pueden mover la información con muy poco retraso.
Los 36 aparatos se distribuirán en cuatro planos orbitales, cuatro grupos que seguirán trayectorias distintas alrededor de la Tierra. La meta es observar una misma amenaza desde varios ángulos, algo parecido a cómo nuestros dos ojos ayudan a calcular la profundidad, para mejorar la posición y el recorrido estimados.
La tercera fase crece
La nueva adjudicación se suma al contrato de diciembre de 2025 para construir 72 satélites de la tercera fase por unos 3.500 millones de dólares. Aquella ronda repartió pedidos entre Lockheed Martin, Rocket Lab, Northrop Grumman y L3Harris, con lanzamientos previstos durante el ejercicio fiscal de 2029.
Al sumar ambas rondas, la tercera fase alcanza 108 satélites contratados y un valor potencial aproximado de 5.250 millones de dólares. No todos harán exactamente el mismo trabajo, ya que la red mezcla vehículos de alerta, seguimiento y apoyo a la defensa.
La SDA señala que los nuevos aparatos podrán comunicarse con los satélites de las fases uno, dos y tres mediante un sistema terrestre común. Al final del día, lo que intenta construir es una red coordinada, no una colección de máquinas aisladas.
Lo que todavía falta
Una vez desplegados, la Fuerza Espacial se encargará de operar y mantener los satélites. Antes deberán completarse la fabricación, las pruebas, la integración y los lanzamientos, cuyo calendario completo aún no se ha publicado.
GP Sandhoo, director de la Agencia de Desarrollo Espacial y responsable de adquisiciones de alerta y seguimiento de misiles, afirmó que el encargo «marca otro hito» hacia una capacidad global y resistente. La declaración refleja la ambición del programa, pero la cobertura real dependerá de que las naves lleguen a órbita y funcionen juntas como está previsto.
La nota de prensa oficial se ha publicado en la Agencia de Desarrollo Espacial.










