En desiertos y campos de entrenamiento remotos de China aparecen siluetas de portaaviones, destructores y cazas estadounidenses, junto a copias de bases navales y edificios del centro político de Taipéi. La investigación firmada por Allegra Mendelson y Mariana Hallal sostiene que el Ejército Popular de Liberación utiliza estos escenarios para afinar ataques de largo alcance y ensayar operaciones contra objetivos concretos.
La imagen resulta llamativa, pero conviene medir bien lo que demuestra. Las fotografías de satélite muestran instalaciones específicas, vías para blancos móviles y daños compatibles con impactos, aunque la función exacta de cada maqueta sigue siendo una interpretación de analistas externos y no una explicación oficial de Pekín.
Blancos a tamaño real
La práctica no es nueva. En 2021, imágenes de Maxar permitieron al Instituto Naval de Estados Unidos identificar en el desierto de Taklamakán el contorno completo de un portaaviones y al menos dos blancos con forma de destructores Arleigh Burke. El complejo incluía un objetivo montado sobre raíles para simular un buque en movimiento.
Más tarde aparecieron aparentes copias de cazas F-22 y F-35 en una pista del mismo entorno desértico. Algunos modelos presentaban daños y tenían cráteres cerca, señales que sugieren su uso como blancos, aunque las imágenes no revelan qué arma produjo cada impacto.
Yokosuka entra en el mapa
Las imágenes más recientes muestran una reproducción de la base naval de Yokosuka, en Japón. No es un puerto cualquiera, ya que la Marina estadounidense la define como su mayor instalación naval en el extranjero y una de las bases más estratégicas de sus fuerzas armadas.
Desde allí operan elementos principales de la Séptima Flota y el Escuadrón de Destructores 15, su principal fuerza de superficie. Thomas Shugart, antiguo comandante de submarinos y analista del Center for a New American Security, observó cráteres y daños junto a los buques simulados. Su lectura apunta a ensayos repetidos, pero no constituye una confirmación oficial china.
Taiwán, del puerto a la capital
China también habría reproducido la base taiwanesa de Su’ao, situada en la costa oriental de la isla, con un destructor simulado dentro del puerto. Las montañas de Taiwán se interponen entre ese lugar y la costa china, por lo que el blanco permite practicar una trayectoria más compleja que la necesaria para atacar la zona occidental.
Las señales de impacto encajan con pruebas de ataque desde larga distancia. Damien Symon, investigador de la firma de análisis geográfico The Intel Lab, considera que ese patrón «apunta a una capacidad creíble de ataque a larga distancia».
El entrenamiento no termina en el mar. En Zhurihe, Mongolia Interior, existe desde hace años una copia del edificio de la Presidencia taiwanesa, mientras otro recinto reproduce calles y manzanas del distrito gubernamental de Bo’ai. La televisión estatal china ya mostró en 2015 a tropas avanzando hacia el edificio simulado durante unas maniobras.
Qué se está probando
¿Para qué copiar una base entera? Una maqueta militar sirve para mucho más que practicar puntería. Puede ayudar a calibrar el sistema que guía un misil, comprobar cómo reconoce la forma de un barco y estudiar el daño después del impacto.
El informe anual del Pentágono señala que el Ejército Popular de Liberación entrena opciones que incluyen bloquear puertos, atacar objetivos terrestres y navales y dificultar una intervención exterior. También identifica el YJ-21 y el DF-27 entre las armas chinas con funciones de largo alcance o ataque contra buques.
Lo que las imágenes no prueban
Un satélite puede mostrar una estructura nueva, un cráter o un buque falso desplazado sobre raíles. No puede revelar por sí solo la orden de disparo, el tipo exacto de misil, la tasa de aciertos ni la decisión política que hay detrás.
Tampoco demuestra que una invasión sea inminente. Una instalación de pruebas puede seguir utilizándose durante años, y una maqueta detallada puede servir para desarrollar sensores, preparar tácticas o enviar un mensaje político a posibles adversarios.
Por qué importa ahora
Pekín mantiene que busca una reunificación pacífica con Taiwán, aunque su libro blanco oficial no renuncia al uso de la fuerza. Al final del día, estas instalaciones parecen encajar con una estrategia para hacer más peligroso que Estados Unidos o sus aliados se acerquen a la isla durante una crisis.
El Ministerio de Defensa de Taiwán asegura que conoce las réplicas y prepara respuestas para distintos escenarios. Su portavoz, Sun Li-fang, dijo que la información recuerda «lo graves que son las amenazas actuales», pero la eficacia real de los sistemas chinos sigue sin poder medirse solo desde el espacio.
Las réplicas no cuentan toda la historia, pero sí muestran dónde pone China parte de su tiempo, dinero y atención. Y eso, en una región donde unos pocos minutos pueden cambiar una crisis, importa mucho. El informe oficial de contexto se ha publicado en la web del Departamento de Defensa de Estados Unidos.









