Termina la jornada, te dejas caer en el sofá y abres Instagram o TikTok “solo cinco minutos”. La sensación inmediata es de desconexión, pero el cerebro sigue recibiendo imágenes, sonidos, decisiones y cambios de contexto a gran velocidad.
¿Es descanso o solo un cambio de pantalla? El psiquiatra Kazuhiro Tajima sostiene que ese alivio puede confundirse con recuperación. La investigación disponible respalda parte de la idea, sobre todo cuando el uso implica saltar sin parar entre contenidos, interrumpe una pausa mental o retrasa el sueño, aunque no demuestra que cualquier uso del móvil sea perjudicial.
Descansar no es distraerse
La fatiga atencional es el cansancio que aparece después de mantener la concentración, tomar muchas decisiones o cambiar de tarea repetidamente. Descansar supone rebajar esas exigencias durante un rato, no limitarse a sustituir el correo del trabajo por una sucesión de vídeos.
Tajima, psiquiatra especializado en TDAH, psicosis y nuevas tecnologías, también es fundador de Academia APIR. “Confundimos sentirnos bien con estar descansando, y no son lo mismo”, explica al describir cómo el teléfono corta rápidamente el aburrimiento, pero puede mantener activa la atención cuando esta necesita bajar el ritmo.
Katy Tam y Michael Inzlicht, de la Universidad de Toronto, analizaron el llamado “cambio digital”, que consiste en pasar de un vídeo a otro o avanzar partes del contenido. En siete experimentos con 1.223 participantes, quienes cambiaban más terminaron, en varias pruebas, más aburridos, menos satisfechos y menos atentos que quienes veían el contenido sin saltar.
Otro trabajo, dirigido por Tingting Yan en la Universidad de Zhejiang, registró la actividad cerebral de 48 adultos jóvenes. Una mayor tendencia al uso problemático de vídeos cortos se relacionó con indicadores más débiles de control ejecutivo, la capacidad de frenar impulsos y mantener un objetivo, pero el estudio fue pequeño, correlacional y no encontró diferencias claras en el rendimiento de las pruebas de atención.
Una pausa que no recarga
Sanghoon Kang y Terri Kurtzberg, de Rutgers Business School, pusieron a 414 estudiantes a resolver problemas de palabras y les dieron distintos tipos de pausa. En el experimento publicado en Journal of Behavioral Addictions, quienes utilizaron el móvil tardaron un 19 por ciento más en terminar la segunda parte y resolvieron un 22 por ciento menos de problemas que quienes descansaron con papel o con un ordenador.
El ensayo no reproduce toda la vida cotidiana, pero muestra algo importante. Una pausa con teléfono puede seguir exigiendo selección, lectura y respuesta, de modo que volver a la tarea se parece menos a arrancar con la batería llena y más a cambiar de aplicación sin haber cerrado la anterior.
El sueño también cuenta
El efecto puede prolongarse si el scroll entra en la cama. Un estudio con 45.202 universitarios noruegos encontró que cada hora adicional de pantalla después de acostarse se asociaba con 24 minutos menos de sueño y con unas probabilidades un 59 por ciento mayores de presentar síntomas de insomnio.
Eso no prueba que la pantalla sea la única causa, porque los investigadores observaron los hábitos en un momento concreto y no realizaron un experimento. También hallaron que las redes sociales no eran peores que otras actividades de pantalla, lo que apunta a un problema más sencillo y cotidiano, el tiempo conectado desplaza al tiempo disponible para dormir.
El círculo del cansancio
Tajima describe un patrón que asegura observar en consulta. La persona llega agotada, busca una recompensa fácil en el móvil, se acuesta sin haber bajado del todo el ritmo y comienza el día siguiente con descanso pendiente.
La frase resulta intuitiva, pero conviene separar la explicación clínica de lo que han medido los estudios. Las investigaciones citadas evalúan atención, aburrimiento, rendimiento o sueño, no supuestas “microdescargas” de dopamina en cada deslizamiento, por lo que esa parte debe entenderse como una interpretación y no como una medición directa.
Qué ayuda de verdad
Un ensayo dirigido por Noah Castelo, de la Universidad de Alberta, pidió a 467 personas bloquear durante dos semanas el acceso a internet desde el móvil, aunque podían llamar, enviar mensajes y conectarse desde otros dispositivos. Durante la intervención mejoraron de media la atención sostenida, el bienestar y varios indicadores de salud mental, pero solo 119 participantes cumplieron plenamente el bloqueo, una limitación que invita a evitar titulares milagrosos.
En la práctica, no hace falta convertir cada pausa en una “desintoxicación digital”. Puede bastar con probar un descanso sin notificaciones, dar un paseo sin pantalla, mirar por la ventana, hablar con alguien o dejar que aparezca un poco de aburrimiento, y comprobar después si la mente está más clara o si todavía pide otro vídeo.
La entrevista original en la que se basa esta noticia se ha publicado en La Vanguardia.














