El nuevo brote de ébola en Congo revive el miedo a una epidemia imposible de contener por no tener vacuna
La situación se agravó aún más tras el asalto a un centro sanitario en Mongbwalu, en la provincia de Ituri, donde un grupo de residentes incendió una carpa de tratamiento
La República Democrática del Congo vuelve a convertirse en el epicentro mundial del ébola, pero esta vez con un elemento que preocupa especialmente a la comunidad internacional: el brote está causado por la cepa Bundibugyo, una variante rara del virus para la que actualmente no existe ninguna vacuna aprobada ni tratamiento específico.
La situación se agravó aún más tras el asalto a un centro sanitario en Mongbwalu, en la provincia de Ituri, donde un grupo de residentes incendió una carpa de tratamiento gestionada por Médicos Sin Fronteras. Durante el caos, al menos 18 pacientes sospechosos de estar infectados escaparon y continúan desaparecidos, mientras las autoridades intentan localizarlos para evitar nuevas cadenas de transmisión.
El ataque no ha sido un episodio aislado. En apenas unos días ya se han registrado varios asaltos a instalaciones médicas vinculadas al brote. Parte de la tensión está relacionada con las restricciones sanitarias sobre los entierros, ya que muchas familias exigen recuperar los cuerpos de sus familiares fallecidos pese al elevado riesgo de contagio durante los funerales tradicionales.
Más de 900 casos y una emergencia internacional
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha elevado el nivel de riesgo nacional a «muy alto» y declaró la situación como una emergencia de salud pública de importancia internacional. Según los últimos datos, los casos sospechosos o confirmados superan ya los 900 en la RDC, mientras más de un centenar han sido confirmados mediante laboratorio.
La OMS ha advertido además de las enormes dificultades para contener el brote en Ituri, una región marcada por el conflicto armado, los desplazamientos internos y la fragilidad sanitaria. Una de cada cuatro personas necesita ayuda humanitaria y una de cada cinco vive desplazada dentro del país.
Los expertos temen que las cifras reales puedan ser mucho mayores. El seguimiento de contactos apenas alcanza a una pequeña parte de las personas potencialmente expuestas y los retrasos diagnósticos permitieron que el virus circulara durante semanas antes de ser identificado correctamente.
¿Por qué esta variante preocupa tanto?
El virus Bundibugyo fue identificado por primera vez en Uganda en 2007 y pertenece a una familia diferente de la cepa Zaire, responsable de los grandes brotes africanos de la última década. Aunque su tasa de mortalidad suele situarse entre el 30% y el 50%, ligeramente inferior a la del Zaire ebolavirus, sigue siendo extremadamente peligroso.
La principal diferencia es que las vacunas desarrolladas hasta ahora no sirven contra esta variante. Las dos inmunizaciones autorizadas actualmente —Ervebo y el régimen Zabdeno/Mvabea— fueron diseñadas específicamente para la cepa Zaire y no ofrecen protección demostrada frente a Bundibugyo.
Eso obliga a las autoridades sanitarias a volver prácticamente al «manual clásico» de contención: aislamiento, rastreo de contactos, cuarentenas, entierros seguros y vigilancia epidemiológica. Sin una vacuna disponible, cada fuga de pacientes o ataque a hospitales aumenta considerablemente el riesgo de propagación.
El gran enemigo: la desconfianza
Más allá del virus, la OMS y organizaciones humanitarias coinciden en que uno de los mayores desafíos es la desconfianza social. En varias zonas afectadas, parte de la población rechaza las medidas de aislamiento y percibe a los equipos médicos internacionales con sospecha. Esa tensión ya provocó ataques a centros sanitarios durante epidemias anteriores y vuelve ahora a repetirse.
En redes sociales y foros internacionales, muchos usuarios comparan la situación actual con los peores momentos de las crisis sanitarias vividas en África occidental durante la pasada década. Algunos expertos advierten además de que la combinación de violencia, movilidad de población y ausencia de vacunas convierte este brote en «la tormenta perfecta».
¿Hay vacunas en desarrollo?
Ante la expansión del brote, distintos laboratorios y centros de investigación ya trabajan en vacunas experimentales específicas para Bundibugyo. Algunos proyectos utilizan plataformas similares a las desarrolladas durante la pandemia del covid, mientras que otros recurren a tecnologías de vectores virales como las utilizadas en vacunas previas contra el ébola.
Sin embargo, los especialistas advierten de que esos desarrollos todavía están en fases preliminares y no estarán disponibles a corto plazo. Mientras tanto, la contención depende casi exclusivamente de medidas sanitarias básicas y de la capacidad de recuperar la confianza de la población local.
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