Una torre de Babel cara y ridícula
La primera medida de la nueva presidenta del Congreso ha sido que aquellos diputados que lo deseen puedan dirigirse a la Cámara en castellano, ¡faltaría más!, gallego, catalán o euskera. Y se ha quedado tan ancha, la pobre.
En realidad es una petición que la supera. Puigdemont y el resto de los independentistas se lo exigieron a Sánchez y éste se lo ha ordenado a Armengol y a Albares. Vayamos por partes. La decisión es una tontería mayúscula encaminada exclusivamente a humillar a España y su lengua oficial, el castellano, conocido como «español» en el resto del mundo. Una medida hecha para dar satisfacción a un locoide que odia a España con todas sus fuerzas. Eso no es lo grave. Lo realmente llamativo es que el presidente del Gobierno acepte semejante trágala para poder seguir en el machito. Por lo demás, una medida que encarecerá aún más el elevado presupuesto de las Cortes Generales porque será necesaria la traducción simultánea si es que alguien desea que los pocos españoles que siguen los debates parlamentarios se enteren de algo.
Las lenguas cooficiales son oficiales en aquellos territorios que las tengan. Ese fue el espíritu constitucional. Por si fuera poco, está el Senado, convertido en cámara territorial donde se encuentran los distintos territorios autónomos. El Congreso es otra cosa. Representa la soberanía nacional en su conjunto, no en partes individualizadas.
Respecto al uso en la Unión Europea, la medida ya ha sido rechazada en numerosas ocasiones. La petición de Albares es un mero papel mojado y en Bruselas lo saben. Como no saldrá adelante, aún con la Presidencia española de la UE, Sánchez culpará de ello a Europa y se quedará tan ancho a fuer de trilerismo.
Resulta que cuando los independentistas vascos, gallegos y catalanes se reúnen para conspirar contra el Estado, el idioma que utilizan entre ellos para poder entenderse es el castellano. Pero ese complejo les ha llevado a conseguir de Sánchez que sus lenguas minoritarias tengan un protagonismo caro en la sede de la soberanía nacional. Esto se está poniendo cada vez más feo…
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