Opinión

Somos minoría, pero vamos a dejar de serlo

Somos minoría los que, circulando en verano por las carreteras que usan los musulmanes europeos en la Operación Paso del Estrecho, por la que cerca de un millón de vehículos magrebíes cruzan la península con destino al norte de África, hemos observado los mismos cambios. El más visible está en la indumentaria de las mujeres, que cada vez van más tapadas, siendo ya muy alto el porcentaje de las que sÓlo dejan ver sus ojos. Y el más significativo quizá sea la inmensa frecuencia con la que ahora los vemos rezando sobre sus alfombras en las áreas de servicio en las que paran a descansar, cuando hace pocos años esto no resultaba tan frecuente. Hay muchos estudios que demuestran la radicalización religiosa de los musulmanes europeos después de los atentados yihadistas del 11-S, así como la implantación en nuestros países del wahabismo, que es la corriente ultraconservadora del mayoritario islam suní. Algo que vemos en nuestras carreteras cada verano y en nuestras calles día a día.

Somos minoría los que hoy estamos preocupados por la radicalización extremista de los cada vez más numerosos musulmanes que conviven con nosotros. Somos pocos quienes deseamos que nuestras fronteras se cierren a la inmigración ilegal para que, quienes quieran venir a España a trabajar, lo hagan de una forma ordenada. Somos una excepción los que no deseamos que aumenten en nuestros barrios aquellos que no quieren ser europeos porque no aceptan nuestros códigos morales y culturales. Sabemos que no somos mayoría quienes deseamos que los inmigrantes ilegales que delincan sean devueltos a sus países de origen e incluso los que pedimos que las normas sanitarias y de protección animal también sean aplicadas en sus fiestas religiosas. Y mientras somos minoría, estamos aceptando las normas impuestas por la mayoría para fomentar una inmigración ilegal desordenada.

Somos una minoría que no va a estar callada, porque la misma ley que nos obliga a aceptar, como estamos aceptando, la desordenada inmigración ilegal de extranjeros radicalizados que no desean integrarse en nuestra sociedad, también nos concede una libertad de expresión mediante la que pretendemos hacer que el resto de la población se dé cuenta de los problemas que ahora solo vemos unos pocos. Y poco a poco estamos consiguiendo que cada vez sea mayor el porcentaje de nuestros vecinos que conocen los datos reales sobre delincuencia que las autoridades, respaldadas por la mayoría, intentan ocultar. Intentamos que todo el mundo sepa que los índices de criminalidad no son los mismos cuando se filtra por el origen del delincuente, pese a lo que dicen las fuentes oficiales. Y aspiramos a dejar de ser minoría antes de que esas radicalizadas segundas y terceras generaciones que no desean integrarse en nuestras sociedades consigan dominar nuestros barrios, como ya controlan algunas zonas del resto de Europa.

Somos minoría los que queremos impedir la matanza de corderos en todos los sitios públicos de nuestras ciudades y no sólo en los polideportivos municipales. Los que, aplicando todas nuestras leyes y protegiendo todos los derechos humanos internacionalmente reconocidos, aspiramos a que dejen de sentirse tan a gusto entre nosotros aquellos que nos aborrecen. Quienes deseamos que toda nuestra libertad religiosa sea aplicada con la imprescindible reciprocidad que es fundamental en las relaciones internacionales. Queremos defender nuestra cultura, nuestra civilización y nuestros valores morales de todos aquellos que no desean integrarse y solo pretenden destruirlas.

Y cuando, por la aplastante evolución de los hechos consumados, dejemos de ser minoría, aspiramos a que los que ahora son mayoría y van a dejar de serlo muy pronto, respeten nuestras decisiones, tal y como nosotros hemos respetado las de ellos. Porque tan democrático es que ahora la mayoría nos obligue a tragar con la desordenada inmigración ilegal que ellos fomentan, como que, cuando la minoría de hoy seamos la mayoría de mañana, ellos acepten que pongamos orden y solo dejemos venir a quienes quieran trabajar, integrándose en nuestra cultura y aceptando nuestros valores. Veremos entonces si los que hoy se hacen pasar por auténticos demócratas lo son en realidad tanto como nosotros, que hoy somos la minoría que va a acabar con la inmigración ilegal.