Sánchez nos convertirá en Francia
El lunes se me ocurrió hacer un tuit con este mensaje: «Los disturbios en París muestran lo que puede significar la regularización de Sánchez». Y un usuario me replicó que «sí, van a ponerse a romper cosas tras obtener los papeles, jajaja, porque sí, porque les apetece». En su perfil de X, en el que se definía como «funcionario», tenía una imagen contra la «factosfera». O sea que debe cojear del pie izquierdo.
Pero sospecho que, lamentablemente, no voy desencaminado. A pesar de que muchos medios de comunicación, sobre todo los bienpensantes, consideraran los disturbios tras la victoria del PSG en la Champions como una noticia de sucesos. No quiero ni llegar a pensar qué habría pasado si, en vez de ganar, hubieran perdido. Arde París.
En La Vanguardia, llegaron a ponerlo en Deportes. Y la corresponsal de TV3 se despidió en la crónica del día siguiente diciendo que los aficionados de este club de futbol tendrán ahora que «aprender a ganar» ante el nuevo ciclo DE éxitos que, al parecer, se avecina.
El propio presidente Macron evitó condenar los hechos en las redes. No fueran a molestarse los entre seis y ocho millones de ciudadanos franceses de confesión musulmana. Nadie sabe exactamente cuántos hay. Eso sí, dos días después, tuvo tiempo para aclarar que había intercambiado «opiniones con el presidente Trump sobre la situación en Oriente Medio».
Mientras que el ministro del Interior, Laurent Nuñez, compareció la misma noche de autos y aseguró que «la situación estuvo globalmente bajo control». Si se descuida. Casi 900 detenidos, dos víctimas mortales y más de 170 policías heridos.
En las redes pudimos ver cómo encendían hogueras cerca de la Torre Eiffel; el hijo de un conocido cantante de rap se burlaba de Juana de Arco y otro que presumía de que París había caído en «tres horas», no como los nazis, que necesitaron quince días.
No obstante, hay un detalle concreto: los autores de los altercados -también en Burdeos o en Toulouse- son franceses de segunda o tercera generación. Por lo tanto, difícilmente son expulsables a no ser que se les retire la nacionalidad.
Los disturbios en las banlieues tampoco son nuevos. Ya hubo en el 2005 y en el 2023. Lo que pasa es que ahora han ocurrido en pleno centro de París. Es aquello del control del territorio. Poco a poco van acercándose. Y perdiendo el miedo. El Estado está desbordado.
Militares franceses -retirados y en activo- ya advirtieron en el 2021 sobre la posibilidad de una guerra civil en Francia. O quizás habría que hablar de una guerra racial, aunque no se atrevieron a tanto.
El primer manifiesto, de abril del 2021, alertaba contra la «desintegración» del país. El segundo advertía directamente que se estaba «gestando» un conflicto civil.
No en vano, al general Gaulle, que había estado en el norte de África, se le atribuye aquella frase que, de permitir la inmigración magrebí a gran escala, «mi pueblo ya no se llamaría Colombey-les-Deux-Églises, sino Colombey-les-Deux-Mosquées» («Colombey-las-Dos-Mezquitas»). Lo explica su exministro Alain Peyrefitte en sus memorias. Yo tengo el volumen.
Por eso, mientras la UE aprueba campos de internamiento en terceros países —algo que roza el respeto a los derechos humanos, todo hay que decirlo— y la creación de una policía de inmigración estilo Trump, Pedro Sánchez va al revés.
La regularización de tres millones de personas (500.000 más sus hijos menores) en un país con más de un 10% de paro y una deuda de 1,7 billones de euros es una bomba demográfica. Y, desde luego, tendrá efectos negativos en la sanidad, la educación y el estado del bienestar en general.
También en la seguridad ciudadana. No solo por la polémica sobre los antecedentes penales. O la detención periódica de yihadistas. Me temo que el PSOE quiere hacer la vista gorda con tal de aumentar, en un futuro cercano, el censo electoral. Bastan dos años en el caso de hispanoamericanos. Y, para el resto, siempre se puede acortar el plazo de diez a cinco años si lo aprueba el Gobierno.
A pesar de que ya hay en España zonas no-go, donde la autoridad del Estado apenas es perceptible, y guetos islámicos. En Mataró, este martes, se ha producido una batalla campal por el desalojo de una familia magrebí con menores de un piso que llevan ocupando sin pagar… ¡Desde el 2008!
Hace años, un alto cargo de extranjería me dijo que -para lo bueno y para lo malo- España va con diez años de retraso respecto a Francia A este paso, para lo malo, acortaremos el plazo. Que nuestros hijos se acuerden entonces de quién, en el 2026, aprobó una regularización masiva sin pedir nada a cambio. Probablemente solo votos.
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