Sabéis que vais a caer
La cacería contra el juez Peinado, organizada por la cloaca mediática -por orden de la cloaca política-, evidencia que, menudencias aparte, su señoría va por el camino que dicta su conciencia y ejemplifica su cargo: aplicar la ley e impartir justicia, conceptos que la izquierda golpista y corrupta, sentada en el Consejo de Ministros, en escaños parlamentarios y en tertulias mañaneras, desconoce cuando es a ella (o a los suyos) a la que sientan ante un tribunal.
Son tan predecibles en la narrativa mancomunada que, antes de que Peinado ordenara la retirada del pasaporte a Begoña Gómez, ya sabíamos el argumentario suministrado a los cloaqueros de pago. Lleva desde entonces la mentada izquierda corrupta y cloaquera, representada por concubinas mediáticas y directores de panfletos subvencionados, promoviendo un golpe de Estado contra la democracia y las libertades, atacando y acosando a jueces y periodistas por orden del mismo régimen putrefacto que les paga y dirige. Proyectan en sus redes e intervenciones lo que piensan y sienten, o lo que les escriben que digan, a tanto el argumento. Siempre hubo mordidas para los activistas y sicarios del régimen.
No había que retirarle el pasaporte, gritan incluso los equidistantes. Porque es impensable que la mujer del presidente del Gobierno, que ha viajado en el avión presidencial a República Dominicana en innumerables ocasiones sin informar de ello, pudiera escaparse. Es inverosímil que una mujer con esos contactos e influencias, conocedora del volumen de presuntos delitos cometidos y con Zapatero remojando sus barbas, pensara en abandonar el mismo país que con dedo autócrata dirige su enamorado trilero. La memoria del español, tan cortoplacista como amnésica, no recuerda ya al DAO de la Guardia Civil solicitarle a sus subordinados que dejaran de investigar al hermano de Sánchez. O a ese mando de la UDEF con la casa empapelada de billetes de 500 euros. O a los Mossos dejando al prófugo y golpista Puigdemont que se escapara en un maletero cutre mientras Marlaska celebraba orgulloso su enésimo desplante a la ley y a España.
Entendiéndose el lógico corporativismo, las reservas del juez Peinado ante lo que podía ordenar el ministro del Interior con sus subordinados justifican su protección y defensa de la democracia, hoy sostenida por el mismo hilo que la izquierda política y social, como ya hizo antaño tantas veces, quiere cortar para seguir en el poder.
No hay relato en la galaxia narrativa de la progresía que pueda salvar a Begoña ni a Zapatero -tampoco al conjunto del PSOE- de una defunción anunciada. El club de la ceja ya no aplaude como antes al líder planetario, cuya alianza de civilizaciones no era otra cosa que enlazar dictaduras a las que defender, representar y facturar. Al otrora ZP no lo salvará de igual forma ni esa calle pancartera que se humedecía cada vez que el faro moral hablaba de derechos humanos y feminismo, y mucho menos los medios al servicio del Gobierno, tan divertidos en su función de lamebotas como dependientes de las monedas que el emperador les suelte por su trabajo en la función. Están cada vez más cerca de abandonar el contenedor de superioridad moral en el que siguen instalados. Ninguno salvará de la trena al clan Rodríguez Espinosa. Las niñas, talluditas treintañeras, también responderán ante el juez por tráfico de influencias, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal, la que dirigía su padre.
Aunque esto ya posee una gravedad de incalculables consecuencias, también para la imagen de un país que llevó a votar en masa a quien acumula delitos sin cesar, no olvidemos que el foco está en Zapatero cuando debería estar en el Consejo de Ministros, y en quien lo preside. Sin esa firma colegiada, ninguna de las andanzas corruptas de Ábalos, Cerdán, Koldo, Begoña y el amigo de Maduro y Huawei hubiera sido posible. José Luis no fue una célula independiente del proceso, sino el centro de toda la corrupción y el capo de la organización mafiosa y criminal montada en torno al partido que más ha gobernado España. Pero quien dio el plácet es el hombre que tiene secuestrada la democracia, gobernando (es un decir) sin presupuestos, sin Parlamento y sin apoyo social.
Que sigan buscando lawfares inexistentes y conexiones jurídicas montaraces. Que saquen a los hunos políticos y a las hienas de moral siliconada a hablar de prevaricación. Van a caer. Saben que van a caer. Saben que sabemos que van a caer. Y caerán. Por delincuentes. Por corruptos. Por golfos. Por mentirosos. Por ladrones. Por puteros. Por contrabandistas. Por sinvergüenzas. Por mafiosos. Y con ellos, la tropa de chupópteros serviles que deben su nómina a una falda muy corta y a una lengua muy larga.
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