Opinión

No todos los políticos son iguales

Apenas había pasado una hora desde que, por sorpresa, Óscar Puente anunciara su dimisión pasadas las 21:00 del martes 3 de noviembre. Su comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados estaba llegando a su fin; los asistentes al acto estaban recogiendo sus cosas y los telediarios habían abierto sus informativos con la noticia de que el ministro no pensaba dimitir. Durante las últimas intervenciones de Gabriel Rufián, Miriam Nogueras y Patxi López, Óscar Puente estuvo leyendo y respondiendo mensajes en su teléfono móvil hasta que llegó su último turno de palabra. Lo que había leído en el teléfono lo había dejado visiblemente abatido. Entonces soltó el móvil, cogió una carpeta que hasta ese momento había mantenido apartada y comenzó a leer el mensaje en el que anunciaba su dimisión, una decisión que, según dijo, había tomado desde que se enteró del accidente, a pesar de que lo había negado varias veces hasta ese momento.

Había pasado poco más de una hora cuando, a las 22:27 de ese mismo martes, Pedro Sánchez escribió un mensaje en X (antes Twitter) en el que le daba las «gracias por tanto, compañero» y afirmaba que «políticos como él dignifican a nuestro país y nos demuestran que no todos somos iguales». El ex ministro recogió inmediatamente el guante y, cincuenta minutos después del mensaje de Sánchez, publicó otro en su perfil, acompañado de un chiste de Forges en el que también él presumía de que no todos los políticos son iguales. Y lo más gracioso del caso es que tanto el presidente del Gobierno como el ministro responsable de los dos accidentes que han convertido a los trenes de alta velocidad españoles en los más mortíferos del mundo creen que Óscar Puente y Pedro Sánchez son diferentes… ¡Para bien! Como diría el clásico, ¡tócate el bolo, Manolo!

Es una perogrullada afirmar que no todos los políticos son iguales, lo mismo que no todos los fontaneros son iguales, ni todos los periodistas, ni los astronautas. A nadie se le ocurre la idiotez de pensar que por ejercer cualquier profesión las personas dejan de ser diferentes. La política, a pesar de lo que creen Sánchez y Puente, no es más que eso, una profesión como otra cualquiera. Un trabajo, el de los políticos, que, si acaso goza de alguna presunción, es la de que a él se dedican aquellos que quieren medrar por encima de sus méritos y capacidades. A los políticos no se les presupone ni honradez ni generosidad; al contrario, están obligados a demostrar que son honestos en todos y cada uno de sus actos. Decir que no todos los políticos son iguales es casi tan estúpido como afirmar que no todas las personas lo somos. Palabras vacías que les impiden aprovechar una magnífica ocasión para quedarse callados.

Porque en estos momentos en los que la sangre de las 69 víctimas mortales del accidente de Urda aún está caliente, y los familiares de los 46 fallecidos en Adamuz aún no han recibido ninguna explicación de por qué murieron, lo único que deben hacer los responsables de tanta desgracia es dimitir en silencio, aunque solo sea por respeto. Presumir de haber dimitido es un insulto a las víctimas. Vanagloriarse de tener que irse para que otros investiguen su responsabilidad es una afrenta imperdonable. Si sois capaces, poneos en la piel de la madre que ha perdido a un hijo, del esposo cuya mujer ha fallecido o del hijo que no volverá a ver a su padre por culpa de que alguien ha decidido ahorrar precisamente en el mantenimiento de los sistemas de seguridad que deberían haberle salvado la vida, para tener dinero con el que enchufar a amantes y a otros miembros del partido. Y, mirándolos a la cara, les pedís que le den las gracias al ministro por haber dimitido solo para presentarse como alguien diferente a los demás. Es imposible; no podríamos hacerlo. Solo alguien completamente desalmado puede actuar así. Pedro Sánchez y Óscar Puente saben que no todos los políticos son iguales porque quizá sean conscientes de que ellos son de los más miserables.