Opinión

Maricarmen: primero buitre y luego jeta

Detesto hablar de personas que ya no se encuentran entre nosotros pero las revelaciones de Alba Martín sobre Maricarmen Abascal en OKDIARIO obligan a incumplir el pacto ético que tengo suscrito conmigo mismo. Callarme o mirar hacia otro lado, como ha hecho buena parte de nuestra derechita tontita, es lo que constituiría una inmoralidad supina. Nuestra periodista lo pudo decir más alto pero no más claro ni más respetuoso en la entradilla de su megaprimicia: «La vecina que Pedro Sánchez eligió como rostro de su polémico Real Decreto-Ley de Vivienda no era el mejor ejemplo posible para la cruzada contra los propietarios».

Todos pensábamos que Maricarmen era una suerte de semiindigente que pasó por la vida con más estrecheces que amplitudes. Que sus 87 años en la tierra representaron un infierno en vida. Es lo que cualquier ciudadano medio colegiría tras escuchar las miles de horas de propaganda dedicada en televisiones y radios a la anciana con cara de mala leche. E indiscutiblemente la conclusión a la que un cerebro normal llegaría tras leer las toneladas de tinta vertidas a su mayor gloria.

El cristo que se montó a cuenta de Maricarmen no fue precisamente mediano. Hubo violentísimas algaradas en la puerta de su pisazo a precio de chabola en Sainz de Baranda —500 euros al mes de alquiler a tiro de piedra del Retiro—, la piojosez patria ocupó ilegalmente Sol, y ahí siguen, y el presidente del Gobierno convocó elecciones con la excusa de un problema de la vivienda que ha tenido ocho años para resolver y ha dejado infinitamente peor de como lo encontró. ¡Ése es mi Pedro!

Maricarmen no necesitó pasar por el finísimo tamiz del Vaticano para ser santa en vida. Santa laica, pero santa al fin y al cabo. De mártir de los fondos buitres pasó a la canonización sin pasar por el Dicasterio para las Causas de los Santos tras su desahucio del inmueble de semilujo que ocupó a precio inmobiliario de Somalia 71 de sus 87 años de vida. Representaba el no va más de las víctimas del capitalismo. Botada de su casa cuando le quedaban dos telediarios.

Maricarmen por aquí, Maricarmen por allá, Maricarmen por acullá. No tengo ninguna duda de que junto a «Sánchez», «Begoña» y «corrupción» es la palabra más escrita del año en redes sociales, WhatsApp, Telegram y hasta en cartas manuscritas entre novios. No es para menos con el coñazo que nos infligieron los medios y las anabelenes, victormanueles, wyomings, évoles, javieritos, cintoras y demás semovientes.

La basura de decretos aprobados asesinan la propiedad privada legalizando ‘de facto’ la okupación y convirtiendo en ruinosa una lícita actividad empresarial

Su muerte devino en conmoción nacional. Entre la izquierda, que vio en su adiós una oportunidad para darle la vuelta a unas elecciones que salvo pucherazo tiene perdidas, y entre una derecha acojonadiza por naturaleza y acojonadísima ante la eventualidad de que la anciana constituyera un revulsivo para unos rivales demoscópicamente muertos. La unanimidad es total en los sondeos, excepto los del malversador Tezanos, naturalmente, que para eso le pagan con cargo a nuestros impuestos.

La hija del lechero de Retiro —su no precisamente pobre familia se dedicaba a esta actividad— ha provocado la aprobación de dos decretos leyes que asesinan la propiedad privada legalizando de facto la okupación y convirtiendo en ruinosa una actividad empresarial tan lícita como otra cualquiera. Atesorar un piso, dos, tres y no digamos ya treinta y tres es a día de hoy un marrón. Esta basura de decretos, que de manera fraudulenta se convertirán en ley en las jornadas previas al 29-N, transformarán la propiedad privada sacralizada en la Constitución en papel mojado, en una mera declaración de intenciones, trasladándonos sin prisa pero sin pausa a esa Venezuela que es el sueño húmedo de Sánchez y cía.

Resultó que era todo mentira. Como todo en esta impresentable izquierda que nos ha caído en desgracia. Un bulo que dirían ellos. Urbagestión no era un fondo buitre sino más bien una pyme y las 50 propiedades que acumulaba se jibarizaron pronto a 30, más tarde a 10, luego a 3 y finalmente comprobamos que sólo poseía una: la de Maricarmen. Eso asevera el incontrovertible Registro de la Propiedad. Primera gran trola. Se trata en realidad de una pequeñita empresa con siete trabajadores levantada con mucho esfuerzo e interminables madrugones y currando como cabrones. Algo que los sucios de Sol que se pasan el día fumando maría no conocen porque no han trabajado en su puñetera vida.

Las patrañas no sonrojaron a una izquierda con menos vergüenza que Nacho Vidal o María Lapiedra. De hecho, ahí continúan en Sol acampados con la anuencia del filoetarra delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, y amenazando implícitamente con quemar la Real Casa de Correos, cuartel general de la Comunidad de Madrid en el que tiene su despacho Isabel Díaz Ayuso. Curioso que no se planten en las puertas de Moncloa, que es donde pernocta el pájaro que lleva ocho años ostentando las máximas facultades ejecutivas, un desahogado que ha construido cero viviendas en los 101 meses que acumula en el cargo.

Estábamos en ésas cuando una periodista que no ha cumplido los 30 les sacó los colores a toda esta chusma destapando lo que ellos habían ocultado. Digo yo que si vas a utilizar públicamente a alguien como gran ejemplo ético, lo normal es revisar sus antecedentes penales y echar un vistazo al Registro de la Propiedad y Mercantil no vaya a ser que te salga rana y el bumerán se vuelva contra ti arrancándote la cabeza. Un mero ejercicio de contrastación, eso que los cursis y falsarios zurdos llaman fact-checking.

Resultó que era todo mentira, como todo en esta impresentable izquierda que nos ha cañido en desgracia: un bulo

Alba Martín ha matado el mito de Maricarmen por los siglos de los siglos. Maricarmen era mentira. Un bulo. Un embuste más de la embustera izquierda. Porque la pobrecita anciana de 87 años no sólo no era una víctima de los fondos buitre sino que, además, se pasó buena parte de su vida laboral como administradora única y consejera de dos empresas (Fieba y Jinur) dedicadas a «la inversión en inmuebles» y a la «explotación de alquileres».

No sólo eso, Maricarmen tenía plenas facultades «para realizar toda clase de negocios» tanto en Fieba como en Jinur. Sociedad esta última que atesoraba un capital social estratosférico a mediados de los 90: 950 millones de pesetas, 5,7 millones de ahora y un pastizal en la época, una cantidad sustancialmente superior a lo que se pagaba por las estrellas futbolísticas entonces. Vamos, que era una buitre con todas las de la ley. La leyenda del cazador cazado en versión española.

El maricarmenazo demuestra no sólo la catadura moral de esta personaje malencarada sino, sobre todo y por encima de todo, el nulo valor que otorgan a la verdad, a la ética e incluso a la estética sus ventrílocuos, el PSOE en particular y la izquierda en general. Son mentirosos pero les da igual porque nacieron y viven por y para la mentira. Lo de menos es la verdad, los insobornables hechos, lo de más es amarrar el poder a cualquier precio. Su totalitario fin justifica sus fulleros medios. Critican a gentuza desalmada como Adolf Putin o Erdogan pero son igualitos que ellos.