Opinión

¿Les dejarán volver a sentarse en el Consejo de Ministros?

Dolores Ibárruri, Pasionaria, 16 de junio de 1936, Congreso de los Diputados:

—Es la última vez que este hombre [José Calvo-Sotelo] ha hablado aquí—.

(La izquierda, la política y la mediática, niega esta versión, que está sustentada en el testimonio de dos personas implacablemente honradas política y moralmente: Salvador de Madariaga y el gran Josep Tarradellas).

Pablo Iglesias Turrión, 23 de septiembre de 2020, dirigiéndose a Teodoro García-Egea, entonces secretario general del PP, en el mismísimo escenario que su idolatrada asesina comunista:

—Ustedes nunca volverán a formar parte del Consejo de Ministros de este país—.

La historia no es sino una sucesión de hechos que se repiten constantemente. Distintos actores, naturalmente, pero idéntico guión. Siempre, absolutamente siempre. Lo que está aconteciendo en España desde que el sanchismo tomó el poder gracias a una morcilla prevaricadora en la sentencia de Gürtel —justa en términos generales, escandalosa en aspectos particulares— resulta un calco de lo vivido en la Segunda República tras la victoria de la derechista CEDA en las elecciones generales de 1933.

José María Gil-Robles se impuso con autoridad en la cita con las urnas de noviembre de 1933 pero el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, tan buena gente y preparado como acomplejado frente a la izquierda, optó por impedir que formara gobierno. Es más, lo encargó a Alejandro Lerroux, caudillo de una coalición aglutinada en torno al Partido Radical, que nombró varios ministros de la CEDA. Entre Lerroux y Azaña totalizaban el 57% de los votos, lo cual no obstó para que socialistas, comunistas e independentistas —los mismos de ahorita— les hicieran la vida imposible.

No había transcurrido ni un año de la incontestable victoria de la CEDA cuando el PSOE, el mismito PSOE de Pedro Sánchez, perpetró un golpe de Estado en eso que los falsarios historiadores zurdos denominan «Revolución de 1934». Les faltó tiempo para subvertir la legalidad. El 5 de octubre, para ser exactos. Dejaron un reguero de más de 2.000 muertos. La CEDA de Gil-Robles, que no Gil-Robles, el ganador de los comicios, apenas pudo gobernar unos meses en 1935, exactamente cuando Alcalá-Zamora se percató de que la fórmula Lerroux estaba más muerta que viva. La persecución zurda a los políticos de derechas, a sacerdotes y religiosas, que caían como chinches, resultó implacable.

Y en un episodio clónico al que está ejecutando Pedro Sánchez, ese Frente Popular 3.0 que nos gobierna ahora robó las elecciones de febrero de 1936 con alevosía, premeditación y nocturnidad. Ya se sabe: los votos de los muertos y los vivos se cuelan mejor en la urna a oscuras que a plena luz del día. Que se lo digan o que se lo cuenten a la golfísima jefa del PSOE en Argentina, Lorena Suárez, que contribuyó a tangar las generales de 2023. No sé si decisivamente, creo que sí, pero desde luego a tangarlas clara e inequívocamente. Ahí está la grabación conseguida por nuestra Paula Ciordia.

Ese Frente Popular 3.0 que nos gobierna ahora robó las elecciones de febrero de 1936 con alevosía, premeditación y nocturnidad

El zurdismo republicano se puso como objetivo «eliminar» a la derecha —¿les vuelve a sonar?— y a fe que lo consiguieron. Asesinaron, violaron y mutilaron a todo el que pudieron y al resto los encarcelaron sometiéndoles a todas las modalidades de vejaciones y palizas. Así se las gastaban los papás ideológicos y orgánicos del actual socialismo, comunismo e independentismo. El apogeo de esta orgía de terror sobrevino el 13 de julio de 1936 cuando la escolta del gerifalte socialista Indalecio Prieto —»Don Inda», le llamaban, manda huevos— acribilló mortalmente a José Calvo-Sotelo, líder de la oposición monárquica, tras la premonición de la genocida Pasionaria. El cristo estaba servido y la guerra de españoles contra españoles, también.

La izquierda ha expoliado, dinero y presumiblemente elecciones, ha prevaricado y ha asesinado civilmente a todos los que no pensaban como ellos estos últimos ocho años. Que se han quedado con dinero ajeno no hace falta explicarlo. Si no fuera así, Ábalos y Koldo no estarían en prisión, el farlopero Tito Berni tampoco andaría caminito de Jerez, Cerdán no se habría pasado cinco meses a la sombra y Bego no estaría biprocesada ni David condenado.

Lo de la prevaricación constituye otra especialidad marca de la casa, con la pucheril Ley de Nietos como último epítome. Y lo de asesinar civilmente a los rivales tampoco se lo tengo que detallar, querido lector, porque usted sabe casi tan bien como yo la persecución a la que hemos sido sometidos unos granos en el culo llamados periodistas libres. A mí personalmente me han señalado Sánchez y ese embajador del narcochavismo que es el delincuente de Pablo Iglesias.

Por no hablar de los cero euros de publicidad institucional que ha invertido este maldito Gobierno en el tercer periódico en audiencia, OKDIARIO, en otro ejemplo de prevaricación nivel dios, mientras inflaban millonariamente a modo y manera a los escolares, pedrojotas, marañas, angélicas y demás sanchistas de pro.

La izquierda ha expoliado, dinero y elecciones, y ha asesinado civilmente a los que no pensaban como ellos los últimos ocho años

Ahora Sánchez está desarrollando su particular, y de momento pacífica, Revolución del 34. Maricarmen es una jeta profesional que ha servido para liar el pollo padre en las calles de España y para invadir una Puerta del Sol en la que, casualmente, se encuentra el despacho de Isabel Díaz Ayuso, la gran bestia negra del presidente que no eligieron los españoles. ¿Qué culpa tiene ella de los desahucios o de las cero viviendas públicas construidas desde 2018 si carece y ha carecido de competencias a nivel nacional?

Maricarmen y esos millones de jóvenes que no pueden comprarse una casa les importan una mierda. De ahí que todas las manifestaciones y okupaciones de espacio público estén celebrándose en ciudades gobernadas por el PP con la excepción de Las Palmas y Barcelona, donde los piojosos arremeten violentamente no contra la Generalitat o el Ayuntamiento sino contra el reductillo de la Policía Nacional que queda en Vía Layetana.

Parafraseando al genial Dominique Lapierre, arde España. Que una turba de piojosos, porreros y vagos acampe impunemente sine die en la Puerta del Sol, tal vez la plaza más conocida del país, sólo ocurre en España. Y no porque lo consienta Pedro Sánchez, que también, sino sobre todo y por encima de todo porque lo instiga. Él es en realidad el jefe de la banda de sucios que se están apoderando a las bravas de las calles de Madrid mientras amenazan o apalean a la gente con la que se topan por el simple hecho de que visten con normalidad y están duchados.

Lo que está implementando el marido de la dos veces presunta delincuente Begoña Gómez es a la vez un acto matonil para meter el terror en el cuerpo a la derecha y para lanzar un aviso a navegantes de lo que será España si consiguen gobernar tras las próximas generales. Purito 36. Lo normal en un Frente Popular cuasi clónico al de entonces.

Veremos cómo termina el pulso que ha echado Pedro Sánchez a PP y Vox en particular y a la democracia en general. El asunto pinta mal toda vez que la violencia implícita o explícita que se respira en la calle es extraordinaria. Acojona literalmente. En el fondo lo que buscan es que haya muertos, si es posible de su lado, para poder disparar ad infinitum el miedo a una «ultraderecha neonazi» que sólo existe en sus enfermas mentes. El enésimo Rodea el Congreso, anteayer, ponía los pelos de punta porque lo que en el fondo quieren no es rodearlo sino asaltarlo para clausurarlo.

Pedro Sánchez Pérez-Castejón, que según el Gallardón alcalde era el concejal «más de derechas, incluidos los del PP», se está develando como una suerte de posmoderno Largo Caballero, un socialista más malo que el mismísimo Belcebú que no dudó en emplear los métodos más viles para imponer una dictadura prosoviética en España. De momento, nuestro todavía ultraizquierdista presidente es más sutil, y por tanto más peligroso, ya que afortunadamente no ha ordenado quitar la vida a nadie. O sí, quién sabe, porque la cloaca de Ferraz quería «eliminar» con la ayuda de unos narcos pacenses a esa juez Beatriz Biedma que condenó al ladronesco hermanísimo.

Veremos si esto termina como el rosario de la aurora pero me temo lo peor. Dios quiera que me equivoque. Ayuso siempre se ha preguntado en voz alta qué ocurrirá el día en que a Sánchez no le den los números, ni siquiera yendo de la mano de quienes protagonizaron un golpe de Estado en 2017 y de quienes asesinaron a 856 españoles. Sobra recordar que vaticina que el primer ministro socialista se resistirá a dejar el poder con uñas y dientes. Y que si, finalmente, da su brazo a torcer y se muda a la bancada de la oposición, convertirá las calles de España en un remake del País Vasco borrokil de los años de plomo con el indisimulado objetivo de provocar un fallo multiorgánico del sistema. Ni admiten ni admitirán jamás la alternancia. Nada nuevo bajo el sol porque ya pasó entre 1933 y 1936. Exactamente. Sin una coma de más ni un matiz de menos.