La deriva de la sociedad española
Se han celebrado las elecciones generales y las ha ganado el Partido Popular, con el bloque del centroderecha (PP y Vox) sumando 169 escaños. Por su parte, el bloque de izquierdas ha obtenido 153 diputados (PSOE y Sumar). Luego, un conjunto de partidos nacionalistas o regionalistas pueden inclinar la balanza, probablemente, hacia el lado de Sánchez, que ha crecido en un par de escaños, número de votos y porcentaje de voto respecto a noviembre de 2019.
Los resultados no han dejado de ser asombrosos, no sólo por desviarse bastante de las previsiones de la práctica totalidad de encuestas creíbles -no hablamos del CIS de Tezanos, cuyo prestigio ha arruinado-, sino porque resulta sorprendente que el electorado no castigue todavía más ciertas políticas, actitudes o comportamientos. Ha ganado claramente el PP, por alrededor de 15 escaños, triunfando en casi todas las circunscripciones y logrando la mayoría absoluta en el Senado, pero Sánchez ha conseguido resistir mejor de lo esperado.
De esa manera, Sánchez sube dos escaños. Ha perdido, pero consigue más votos que hace casi cinco años, llegando a los siete millones, que es una cifra importante, pese a su derrota, pero que puede permitirle volver a formar Gobierno. No cabe duda de que lo intentará, pues todos sus pactos le han venido a salir casi gratis, al menos entre su electorado.
Ante ello, cabe preguntarse, ¿por qué le sale esto a Sánchez prácticamente gratis entre su electorado? Desde el endeudamiento al pacto con el antiguo brazo político de ETA, los indultos o la rebaja de penas a violadores por la ley conocida como del sólo sí es sí. ¿Por qué esos socialistas que se dicen moderados han vuelto a votar a Sánchez? ¿Por qué esta deriva?
Sánchez no sólo es ya que haya aplicado una política económica de endeudamiento peligrosísimo, sino que nos lleva por la deriva económica, empleando, en cada momento, aquello que le conviene. Su receta favorita es el gasto público, mediante el que quiere anestesiar a la sociedad española, hurtarles su espíritu de sacrificio y crear una capa subsidiada a la que quede claro que depende de él, para tratar de tener un voto cautivo. Esto es muy triste y preocupante, pues es una política ya aplicada en otros países, que los ha empobrecido y que ha hecho que hayan perdido en gran parte el esfuerzo para prosperar.
Esa política de subsidios, del «gratis total», puede explicar en parte su resistencia electoral, pues resulta chocante que, ante algo tan grave como todo lo anteriormente descrito, los votantes socialistas no reaccionen.
La sociedad española debe huir de esos subsidios permanentes, en primer lugar, porque es perjudicial para las propias personas, a las que se anula su capacidad de trabajo con ellos y, en segundo lugar, porque una sociedad que así actúa sólo puede retroceder, como hemos visto en muchos países de Hispanoamérica, cosa que España debe evitar a toda costa si quiere mantenerse como una sociedad pujante.
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