Baterías: el sodio pide paso al litio
Una de las principales conclusiones de la Cátedra Master Battery, empresa que conocí en la factoría industrial de Madrid ciudad, junto con la Universidad Politécnica de Madrid, presentada hace una semana en Móstoles en un evento denominado Impulsando nuevas tecnologías de almacenamiento energético, fruto de la colaboración público-privada, es que merece la pena seguir avanzando los trabajos para desarrollar las baterías de ion de sodio, como una solución tecnológica más económica, sostenible y accesible.
Las baterías de sodio representan una verdadera oportunidad estratégica como alternativa geoeconómica a las baterías de litio, en un contexto donde la transición energética exige no solo la eficiencia tecnológica, sino también garantizar una constante seguridad en las cadenas de suministro globales.
A medida que se incrementa la demanda de almacenamiento energético por el auge de los vehículos eléctricos y de las energías renovables, el litio se convierte en un cuello de botella crítico por sus escasas reservas y su distribución geográfica limitada.
El litio está dominado por China, que controla el 80 % del proceso de refinado, además del 71 % de la inversión en baterías durante 2025 y 2026. Otras limitaciones puestas de manifiesto son el alto impacto ambiental en su extracción y en su proceso de reciclado, muy complejo, casi imposible. También se destaca el riesgo de embalamiento térmico y emisión de gases tóxicos.
El sodio emerge como un material abundante y accesible que podría democratizar la producción de baterías, reduciendo las vulnerabilidades geopolíticas, fomentando una mayor autonomía industrial en diversas regiones del mundo, entre ellas la Unión Europea.
El sodio es 500 veces más abundante que el litio en la corteza terrestre y puede extraerse más fácilmente y de forma sostenible de fuentes comunes como el agua de mar, cloruro de sodio o los depósitos de sal, carbonato de sodio, lo que elimina su actual dependencia de unas reservas concentradas en pocos países.
El sodio además aporta claras ventajas de seguridad y estabilidad en su operación. En cuanto al coste por kWh, las baterías de sodio (Na-ion) representan 40-80 euros frente a los 80-150 euros de las baterías de litio (Li-ion). Cualquier fábrica de litio puede fabricar sodio con pequeñas adaptaciones, pero requiere importantes inversiones en la adquisición de equipamiento.
El litio se encuentra principalmente en el Triángulo del litio con Chile, Argentina y Bolivia, además de Australia, con el refinamiento dominado por China.
Baterías de sodio
Sin embargo, el sodio se distribuye de forma global y uniforme. Esta disponibilidad abre una ventana geoeconómica única: naciones sin acceso al litio, como los Estados Unidos con sus vastas reservas de carbonato de sodio, o Europa, podrían desarrollar industrias locales de baterías sin depender de las actuales importaciones estratégicas.
Los riesgos geopolíticos asociados a las baterías de litio son evidentes tanto en lo referente a la volatilidad de precios como a las tensiones comerciales.
La concentración de la producción y el procesamiento en unos pocos actores ha generado importantes disrupciones debido a conflictos políticos, restricciones de exportación y competencia entre potencias como China y Occidente.
En este escenario, las baterías de sodio deberían actuar como un contrapeso, al minimizar la exposición a los deterioros de las cadenas de suministro, evitando que un solo país, China, ejerza un absoluto control sobre materiales críticos, tal como ocurre actualmente con el litio refinado.
Desde el punto de vista de la seguridad energética, las baterías de sodio ofrecen una oportunidad para fortalecer la resiliencia de las economías emergentes y desarrolladas. Países de América Latina, por ejemplo, podrían diversificar sus estrategias más allá de la exportación de litio crudo y avanzar hacia la fabricación de baterías de sodio con materias primas locales. Esto no solo reduce la vulnerabilidad de las fluctuaciones globales, sino que promueve la creación de empleos en la cadena de valor completa, desde la extracción hasta el ensamblaje.
El aspecto económico es otro pilar de esta oportunidad geoeconómica, dado que las baterías de sodio prometen unos costes significativamente más bajos, hasta un tercio menos que las de litio en algunos escenarios, al prescindir de minerales raros como el cobalto o el níquel en algunas de sus configuraciones.
Esta ventaja competitiva acelera la adopción en aplicaciones de gran escala, como el almacenamiento estacionario, donde el precio por kWh es más decisivo que la densidad energética. Así, se abre un mercado masivo accesible para aquellas regiones con un presupuesto limitado para la infraestructura energética.
En 2026, la comercialización de las baterías de sodio ha alcanzado un punto de inflexión, con pilotos a cargo de líderes como CATL, HiNa, que ha instalado ya una planta de baterías de sodio de 10 MWh, Transimage y Zoolnasm en China, o Farasis Energy, iniciando incluso su producción a gran escala para segmentos de bajo coste, movilidad ligera como los coches urbanos, los vehículos comerciales, las bicicletas, los scooters, los triciclos, así como el almacenamiento estacionario (BESS), integración con renovables, respaldo de red y data centers (Natron Energy), donde peso y densidad no son críticos para el negocio y donde se valora la seguridad, el coste por ciclo y la duración.
Otras como BYD, Sungrow, CALB o REPT están en fases de I+D o construcción de fábricas que estarán listas en 2027. Empresas europeas como la francesa Tiamat Energy con el fabricante de coches Stellantis, la sueca Altris o la Checa Draslovka.
Otras empresas como la británica Lina o las estadounidenses Peak Energy o Syntropic Power, participante de consorcios con proyectos alemanes SIB:DE o Natron Energy en Michigan, que están invirtiendo en nuevas cadenas de suministro independientes.
En España hay prototipos como el de Bihar Batteries con un ánodo elaborado con materia prima local, además de la actividad en nuestro país de la empresa australiana PowerCap.
Esta carrera tecnológica no solo valida la viabilidad de la batería de sodio, sino que acelera la diversificación geoeconómica, alejando una dependencia exclusiva de tecnologías asiáticas dominantes en litio.
Aunque su densidad energética es inferior, superan al litio en rendimiento a bajas temperaturas, con mayor seguridad y menor riesgo de incendio y durabilidad en los ciclos estacionarios. Otra de las ventajas de las baterías de sodio es que se pueden descargar totalmente para realizar un transporte más seguro, pudiendo reducir la tensión a cero. Soportan además un rango más amplio de temperaturas, de -40º a 70º, permitiendo cargas rápidas de hasta un 80 % en 15 minutos.
Las baterías de sodio son adecuadas para el almacenamiento de energías renovables en redes eléctricas, para sistemas de respaldo y vehículos de baja gama, liberando el litio para usos de alta densidad como los automóviles premium.
A nivel geopolítico, la adopción masiva de sodio podría llegar a reconfigurar el mapa de poder en la transición energética. Al reducir la influencia de países con el control monopolístico del litio, se fomenta una mayor equidad entre naciones productoras y consumidoras.
Estados Unidos y Europa, ven en el sodio una herramienta para lograr una soberanía tecnológica, mitigando los riesgos de desacoplamiento comercial con China, impulsando además las inversiones locales, transformando la actual dependencia en una oportunidad industrial.
Los beneficios ambientales y de sostenibilidad amplifican la dimensión geoeconómica de las baterías de sodio. Su extracción genera un impacto menor que la minería intensiva de litio, que consume grandes volúmenes de agua.
Los estudios realizados indican que su huella climática es comparable a la del litio, pero con una cadena de suministro más corta y menos conflictiva, lo que alinea perfectamente con objetivos de descarbonización sin comprometer la estabilidad económica global. Tienen además una mayor reciclabilidad al no llevar en su composición cobalto, manganeso, níquel o químicos tóxicos.
Las baterías de sodio no solo son una alternativa viable, sino una verdadera oportunidad transformadora para reequilibrar la geoeconomía de la energía. Sin embargo, deberemos estar atentos a la futura regulación europea, algo que ya ha hecho China en 2023.
Aunque siguen por el momento importantes desafíos como la mejora de la densidad energética o escalar la producción, los avances en curso sugieren que hacia el año 2030, podrían representar un segmento significativo del mercado de baterías.
Esta rápida evolución no solo mitigará los riesgos actuales del litio, sino que abrirá las puertas a una industria mucho más inclusiva, resiliente y sostenible, donde el acceso universal a la tecnología energética dejará de ser un privilegio basado en la geografía.
Alia vera via futuri
José Luis Moreno, economista, ha sido director de Economía en la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento de Madrid. Analista económico y empresarial.
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