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Arte, ciencia y naturaleza se dan cita en Madrid

Biophest 2026 regresa a Matadero con arte y biofilia del 14 al 19 de abril

Si notas que el aire en Legazpi cambia a mediados de mes, no es sugestión. Del 14 al 19 de abril, el Matadero de Madrid aparca el asfalto para llenarse de clorofila con la segunda edición del Biophest. Olvida las charlas tostón en auditorios cerrados; esto va de mancharse las manos, de mirar las raíces y de entender que una ciudad sin verde es, básicamente, una ciudad coja.

Nada más cruzar la entrada, el ambiente ya te avisa de que no es una feria agrícola al uso. Ilustraciones botánicas, olor a tierra mojada y un hormigueo de gente que va desde estudiantes con libreta hasta familias que solo buscan un plan distinto bajo el sol de abril.

¿Arte o ciencia? Un poco de todo

La idea detrás de este tinglado es el «paisaje mosaico». Suena técnico, pero es de cajón: es esa mezcla de huertos, bosques y pastos que hace que el campo sea resistente y vivo. En el Biophest, esto se explica con instalaciones que entran por los ojos.

Lo mejor es el cartel de invitados, que parece hecho con una coctelera:

Se escuchan debates en cada esquina, pero de los buenos, de los que surgen entre caña y caña o mientras alguien te explica por qué esa planta que creías una mala hierba es, en realidad, una joya biológica.

Manos a la obra (y a la tierra)

Lo que mola del Biophest es que se patea. Hay paseos guiados por los alrededores del Matadero donde descubres que, entre el cemento, hay bichejos y arbustos con mucha historia.

Si vas con críos (o si eres un culo inquieto), los talleres son el punto fuerte. Te ves creando tintes naturales con hortalizas o montando minijardines en un pispás. Es aprendizaje de guerrilla: tocas, hueles y te llevas la lección puesta sin que nadie te pase un examen. Incluso la música parece brotar de las macetas, con conciertos que se funden con la iluminación y el viento.

Hoja de ruta para el visitante

Al salir, te queda ese regusto de haber conectado con algo que solemos olvidar entre tanto semáforo y prisa. El Biophest no va de dar lecciones de ecología, va de recordarnos que, en el fondo, todos somos un poco «biofílicos» aunque no sepamos ni qué significa la palabra.

Te dejamos aquí otro plan alternativo.