Naturaleza
Medioambiente

En 1980 creían que era buena idea plantar miles de eucaliptos: 46 años después, es un ‘desierto verde’ que seca ríos y expulsa a las familias

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Reforestar siempre parece una buena idea, pero puede ser una tragedia si no se hace con el árbol adecuado y de la manera correcta. Eso es lo que se está demostrando en algunas comunidades rurales de Brasil por culpa del eucalipto.

Y es que hace 46 años parecía una buena idea y ahora la mejor forma de calificarlo es como un desierto verde. Existen filas interminables de eucalipto, pero han sustituido áreas de cerrado, cultivos y pasto.

Como han denunciado en zonas de Minas Gerais y Bahía, la consecuencia de plantar eucaliptos sin control ha sido la pérdida de nacientes, la disminución del caudal de los arroyos y la pérdida del sector primario.

Cómo la reforestación con eucaliptos ha creado un desierto verde en Brasil

No todos los intentos brasileños de reforestación salen bien, y lo que está pasando con el eucalipto es una buena prueba. Durante mucho tiempo parecía una buena idea, ya que era barata y el árbol crecía rápido.

Además, bien gestionado el eucalipto puede ser un impulso económico porque sirve para producir madera, celulosa y carbón vegetal, pero su cultivo a gran escala cambia por completo el territorio.

Y es que una plantación alineada puede parecer una masa forestal, pero no funciona como un bosque nativo. Pierde diversidad, simplifica el suelo y reduce los usos tradicionales que muchas familias daban al cerrado.

Por ejemplo, en Minas Gerais, la superficie plantada con eucalipto ronda los 1,4 millones de hectáreas. En el extremo sur de Bahía, la expansión de estas plantaciones desde los años 80 y 90 se asocia a unas 600.000 hectáreas en el llamado valle de la celulosa.

Es decir, el conflicto con las comunidades locales no se limita a una parcela, sino que el eucalipto avanza en bloques enormes cambiando el paisaje. La consecuencia medioambiental es la desaparición de agua, vegetación y pasto, que se sustituye por una masa verde uniforme.

Cómo el eucalipto está destrozando la biodiversidad de los bosques brasileños

El principal problema que tiene el eucalipto es el consumo de agua porque necesita grandes cantidades. En regiones secas esa presión se está notando mucho más.

Es el caso de Minas Gerais, donde se ha vinculado el cultivo con un consumo adicional de unos 230 litros de agua por metro cuadrado frente al cerrado y con una bajada del nivel freático de alrededor de medio metro al año.

Donde más se ha notado es en las veredas, unas zonas húmedas que actúan como esponjas naturales, recargan acuíferos y ayudan a sostener los arroyos. Cuando estas áreas se degradan, la pérdida no afecta sólo a la naturaleza, sino a la agricultura.

Y es que familias que antes regaban, plantaban arroz, maíz o caña y dependían de pozos o cisternas han pasado a tener que racionar el agua o comprarla. Y todo por el eucalipto.

El coste social en Brasil de crear un desierto verde con eucaliptos

No sólo es que el eucalipto haya creado una suerte de desierto verde, sino que está desplazando a las comunidades locales. La agricultura cada vez es más rentable y los bosques de este árbol consumen los recursos.

En Minas Gerais ya ha habido denuncias por uso de agrotóxicos, plantaciones cerca de nacientes, pérdida de áreas comunes, precariedad laboral y desplazamiento de pequeños productores hacia zonas menos fértiles.

Por eso el caso del eucalipto en Brasil demuestra que una reforestación mal gestionada puede provocar grandes daños económicos y medioambientales. Da igual la celulosa que produzca si a la vez empobrece el suelo y reduce el agua disponible.