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En 1859 soltaron 24 conejos en una finca para tener con qué cazar: tras 157 años, colonizaron todo el continente y ya buscan en la genética para frenarlos

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

A lo largo de la historia ha habido grandes hombres amantes de la caza, y algunos tomaron decisiones al respecto que todavía nos afectan hoy. Es el caso del terrateniente inglés Thomas Austin, que en 1859 liberó 24 conejos europeos en Barwon Park, su finca en el estado australiano de Victoria.

El objetivo no era otro que disponer de animales suficientes para organizar jornadas de caza. Sin embargo, la consecuencia fue una de las invasiones biológicas más rápidas de la historia. En menos de 70 años, los conejos ya habían ocupado aproximadamente el 70% de Australia.

Desde entonces, los científicos han intentado todo para frenarlos: vallas, destrucción de madrigueras y hasta un virus para contenerlos. Nada ha funcionado y un equipo de la Universidad de Melbourne quiere modificarlos genéticamente para frenar su enorme capacidad reproductiva.

Un cazador inglés provocó la mayor invasión de conejos de Australia

Los conejos ya existían en Australia antes de 1859, pero la liberación de Austin está considerada el foco principal de población salvaje. Al quedar sueltos en el país, encontraron alimento abundante, mucho espacio y el lugar perfecto para reproducirse.

Lo primero que se notó fue el daño material, ya que los conejos consumían cultivos y pastos destinados al ganado, competían con la fauna autóctona y devoraban los brotes de árboles y arbustos antes de que pudieran regenerarse. Además, las madrigueras alteraban el terreno y favorecían la erosión, especialmente en zonas castigadas por la sequía.

Hay especies que se han introducido y han ayudado a la reforestación. Con el conejo en Australia pasó lo contrario. Aproximadamente afectan a 322 especies amenazadas y ocasionan daños valorados en más de 124 millones de euros.

Científicos australianos quieren modificar conejos genéticamente para acabar con la plaga

La nueva línea de investigación intenta intervenir directamente en la reproducción mediante un sistema conocido como gene drive o impulso genético.

El objetivo de esta tecnología es favorecer la transmisión de una modificación concreta a una velocidad superior a la que permitirían las reglas habituales de la herencia.

Es decir, quieren liberar machos cuya fertilidad permanezca intacta, pero que transmitan una alteración genética a su descendencia. A largo plazo, sus crías femeninas nacerían sanas, aunque serían incapaces de reproducirse.

Al cruzarse los machos portadores con ejemplares salvajes, el cambio se extendería por la población y reduciría progresivamente el número de nuevas camadas. No es una solución que vaya a acabar con el problema a corto plazo, pero sí puede ser definitiva.

Hay que tener en cuenta que una hembra puede producir hasta 60 crías durante una temporada reproductiva, de modo que el mismo ritmo que impulsó la plaga serviría para propagar la modificación.

Qué otros intentos han hecho en Australia para acabar con la plaga de conejos

Esta no es la primera vez que Australia intenta terminar con los conejos, pero el éxito ha sido escaso. Por ejemplo, en el siglo XX recurrió a la mixomatosis y al virus de la enfermedad hemorrágica del conejo.

En un primer momento ambos controles biológicos lograron un descenso de la población grande (en algunas regiones del 90%), pero debido a la capacidad reproductiva del conejo, la especie no tardaba en recuperarse.

De momento, el proyecto genético está en fase experimental, y los científicos todavía deben identificar claramente qué genes controlan la fertilidad del animal. El cálculo es que en seis años podrán probarlo ya en el campo.