Una periodista de ‘Público’ prometió ayuda a Grinda para defenderse de Moix: «Vamos a muerte, a los buenos no se les toca»
El chat que revela el pacto entre el fiscal Grinda y la periodista de Público: cobertura política a cambio de filtraciones del caso Tándem
Patricia López, que actuaba como enlace entre el fiscal anticorrupción y la cúpula jurídica de Podemos, ofreció sus servicios a José Grinda tras ser apartado por Manuel Moix del caso del 3% de Convergència a cambio de que el fiscal le filtrara información confidencial. El chat, fechado el 6 de abril de 2017, es el embrión de la relación que acabaría cristalizando en La Compañía, el grupo de chat de Grinda con podemitas, policías y abogados destinado a hacerse con el control de la causa Tándem.
El trato quedó sellado en apenas unos minutos de conversación privada. El 6 de abril de 2017, el fiscal anticorrupción José Grinda tanteó a Patricia López, periodista de Público ya fallecida, con una idea que mezclaba la denuncia pública con el interés personal: «Sería interesante una entrevista en la que digo que mi jefe me quita del asunto de El Vendrell [El caso del 3% de Convergència]. ¿Y que los hermanos Cierco y Villarejo me están presentando denuncias varias?» La respuesta de López fue inmediata y sin matices: «Dime hora y sitio. Te llamo. Vamos a muerte. A los buenos no se les toca». Y remató: «Hay arsenal».
El detonante: Moix aparta a Grinda del caso del 3%
El mensaje de Grinda a López llegaba en uno de los momentos más delicados de su carrera. Cuatro días después, el 10 de abril de 2017, el entonces fiscal anticorrupción José Manuel Manzanares —bajo la jefatura del fiscal general José Manuel Maza y con Manuel Moix como fiscal jefe de Anticorrupción— había apartado a Grinda y a su compañero Fernando Bermejo de la investigación sobre la presunta financiación irregular de Convergència que se instruía en el Juzgado número 1 de El Vendrell, en Tarragona. En su lugar fueron designados los fiscales Teresa Duarto y Fernando Maldonado, adscritos a la delegación de Anticorrupción en Cataluña.
Para Grinda, el apartamiento no era una decisión técnica, sino una maniobra de sus superiores para frenar una investigación que amenazaba con alcanzar a demasiadas personas incómodas. La coincidencia con las denuncias que, según el propio fiscal, le estaban presentando los hermanos Cierco y el excomisario Villarejo reforzaba esa lectura: alguien con poder suficiente para presionar a su jefe quería quitarle de en medio.
López como correa de transmisión con Podemos
Era una alianza de intereses en la que cada parte aportaba lo que la otra necesitaba. López ofrecía a Grinda altavoz mediático y cobertura política a través de sus conexiones con la cúpula de Podemos, en particular con Gloria Elizo, que libraba entonces su propia guerra interna con Rafa Mayoral por capitalizar la causa contra las cloacas del Estado. Grinda, a cambio, ofrecía a López lo que ningún periodista podía rechazar: información confidencial de primera mano sobre las investigaciones más sensibles de la Fiscalía Anticorrupción.
Ese intercambio tácito —cobertura por filtraciones— es el embrión de lo que tres años después se convertiría en La Compañía, el grupo secreto en el que Grinda, Elizo y otros integrantes coordinaban abiertamente su estrategia judicial y mediática en el caso Tándem. La semilla se plantó aquí, en este chat de abril de 2017, cuando un fiscal en apuros buscó refugio en una periodista afín a Podemos y esta le respondió con una promesa que sonaba más a pacto que a solidaridad profesional: «Vamos a muerte. Hay arsenal».
La doble vida de Grinda
En esa misma fecha, Grinda era un fiscal anticorrupción en activo, con acceso a información reservada sobre algunas de las investigaciones más sensibles del momento. Y estaba negociando con una periodista de un medio afín a Podemos los términos de una entrevista en la que denuncia el apartamiento que ha sufrido —una información que solo podía proceder de su conocimiento interno de la institución— a cambio de cobertura mediática y apoyo político.
La respuesta de López alistándose en la guerra contra Moix —»Hay arsenal»— sugería que la periodista no llegaba con las manos vacías a ese encuentro. Tenía material. Tenía contactos. Y tenía la voluntad de usarlos en favor de un fiscal que, a ojos de Podemos y de su entorno, representaba la primera línea de la batalla contra las cloacas del Estado. Lo que nadie calculó entonces es que ese mismo fiscal acabaría siendo, años después, uno de los protagonistas del mayor escándalo de connivencia entre un partido político y la Fiscalía Anticorrupción de la democracia española.
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