Historia
Arquitectura

Un historiador gallego descubre que una iglesia románica de Lugo es, en realidad, una parroquia prerrománica asturiana del siglo IX

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

La iglesia de Santa Eulalia de Esperante, en las afueras de Lugo, pasó durante décadas por un sencillo templo rural románico. Sin embargo, un estudio del investigador Francisco Singul sostiene ahora que se trata de una iglesia prerrománica asturiana del siglo IX, levantada bajo la influencia de la arquitectura de la época de Alfonso II.

Singul, de la Sociedad Anónima de Gestión del Plan Jacobeo, publicó el trabajo en 2026 en la revista científica Ad Limina, dedicada al Camino de Santiago. De acuerdo con el autor, la restauración del templo y las intervenciones arqueológicas de 2003 y 2025 «revelaron la naturaleza prerrománica de su arquitectura».

La iglesia románica de Lugo que resultó ser un templo prerrománico asturiano

La historiografía catalogaba el templo como una iglesia rural románica de testero recto, con un presbiterio rectangular cubierto por una bóveda de cañón y una nave única con techo de madera. Se le atribuía además una fachada del siglo XVIII, lisa, con una puerta adintelada, una ventana cuadrangular y una pequeña espadaña para una sola campana.

Esa lectura cambió en 2025, cuando la retirada de los revoques del exterior de la cabecera dejó a la vista una ventana trífora, es decir, de tres arcos, de estilo prerrománico asturiano. La limpieza del encalado interior mostró también la fábrica original de muros y arcos, restos de pintura en la cabecera y grafitos en el presbiterio.

Ventana trilobulada de la iglesia de Santa Eulalia de Esperante, en Lugo. Foto: Estevoaei vía Wikimedia Commons – CC BY-SA 4.0

Según Singul, la iglesia dibuja una planta de cruz latina, con una cabecera rectangular reforzada con contrafuertes y cubierta con una bóveda de medio cañón. El investigador cree que el cuerpo del templo estaba dividido en tres naves de distinta anchura, aunque las catas interiores no permitieron documentar los pilares.

La excavación de 2025 descubrió además cuatro estancias adosadas a la iglesia y levantadas en la misma época, que Singul interpreta como posibles viviendas del clero.

¿Por qué se vincula la iglesia de Lugo con el rey Alfonso II?

La ventana tripartita de la cabecera es el elemento que más acerca el templo a la arquitectura que promovió Alfonso II. Las iglesias de Santo Tirso y San Julián de los Prados, en Oviedo, y las de San Pedro de Nora y Santa María de Bendones, todas del siglo IX, presentan vanos de este tipo.

En Esperante, sin embargo, los tres arcos son falsos, ya que los canteros recortaron tres piezas de granito en lugar de construirlos con ladrillo, como en Oviedo. Cuatro columnillas de mármol de origen tardorromano los sostienen.

Singul atribuye el diseño a un maestro de obras vinculado con la corte de Oviedo, tradicionalmente identificado con Tioda, el arquitecto real de Alfonso II. El investigador sitúa la construcción entre los años 830 y 838, cuando el obispo de Lugo ejercía como primado de la Iglesia asturiana.

Hacia el año 830, el rey había decidido elevar al obispo lucense al rango de arzobispo. Para Singul, fue entonces cuando ambos acordaron levantar en las afueras de la ciudad un templo de tamaño considerable, dedicado a Santa Eulalia de Mérida.

Los restos romanos que reutiliza el templo prerrománico de Lugo

Dos arcos de medio punto de granito, embutidos en los muros norte y sur, pertenecieron a un edificio tardorromano. Para Singul, ese edificio pudo formar parte de una villa romana situada en las afueras de Lucus Augusti, la antigua Lugo. Cada arco mide 4,73 metros de ancho.

Las dos columnas corintias de mármol que sostienen el arco triunfal, de 2,18 metros de altura, proceden quizá de un templo tardorromano de la ciudad. En el muro norte aparece empotrado además un epígrafe funerario romano del siglo I dedicado a Munio Celo, con la fórmula «aquí yace, que la tierra te sea leve».

Bajo la ventana de la cabecera, el taller colocó como alféizar una pieza visigoda de mármol del siglo VII o principios del VIII. Singul cree que llegó al norte como parte del botín del saqueo de Lisboa que encabezó Alfonso II en el año 798.

Los cambios que ocultaron el origen prerrománico de la iglesia de Lugo

En un momento posterior, difícil de fechar, la iglesia perdió su división interior y pasó a tener una nave única. Más tarde, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, un revestimiento liso cubrió los muros y ocultó los restos de época romana y la fábrica prerrománica.

Singul plantea que futuros estudios, en especial la datación de los morteros y el análisis de la pintura mural, pueden ampliar lo que se sabe del edificio. El investigador defiende que el templo, «único en Galicia», debería sumarse a los monumentos del arte asturiano incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.