Historia
Descubrimientos arqueológicos

La ciencia ya sabe para qué servía el color rojo de las pinturas rupestres: lo han descubierto dos científicas españolas de la UNED y el CISC

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El arte prehistórico nos esconde celosamente secretos que la ciencia moderna empieza a desvelar. En este marco, las pinturas rupestres, además de ser un fiel testimonio estético incalculable del pasado, encierran un sentido táctico y estratégico que había pasado inadvertido durante años.

Y es que, desde luego, la observación minuciosa de estas antiguas marcas revela estrategias de supervivencia asombrosas. Recordemos que nuestros antepasados utilizaron los escasos elementos a su alcance para transformar los hostiles espacios cavernarios en lugares transitables y seguros bajo condiciones extremas.

El color rojo de las pinturas rupestres: ¿Para qué servía?

Un estudio conjunto de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y el CSIC ha dado con la clave del uso del ocre en estas obras. Las investigadoras españolas Miriam García Capín (conocida también en Asturias también por su anterior desempeño como corredora de montaña y ultra distancia) y María Silva Gago comprobaron que este material funcionaba como reclamo óptico.

El trabajo se publicó recientemente en la revista científica Time & Mind. El documento expone cómo los signos colorados ubicados en las paredes de las cuevas facilitaban la exploración. La iluminación paleolítica, basada en el fuego, era muy precaria.

Bajo aquella luz escasa y oscilante, los motivos encarnados resaltaban mucho más que los trazos oscuros.

Esto permitía a los pobladores originarios orientarse y detectar los desniveles del terreno subterráneo con una mayor seguridad.

La humanización del entorno cavernario

Para alcanzar estas conclusiones definitivas, las expertas diseñaron un experimento muy concreto. Expusieron a un nutrido grupo de personas a imágenes de marcas prehistóricas durante apenas un segundo y medio.

El objetivo principal consistía en analizar la atención visual rápida de cada individuo. Buscaban comprobar de manera empírica hacia dónde se dirigía la mirada de forma innata y sin sesgos ante distintos estímulos cromáticos.

Los resultados obtenidos confirmaron las sospechas iniciales con una contundencia inesperada. Los signos dibujados en tonalidades encarnadas se detectaban de forma casi automática, mucho antes que el resto de las figuras contiguas.

Incluso, en varias de las pruebas realizadas, los trazos oscuros llegaban a pasar completamente desapercibidos para el ojo humano. En contraposición, cuando los símbolos rojizos acompañaban a otras formas, acaparaban la atención de manera inmediata.

Pinturas rupestres que van mucho más allá del arte

El uso intencionado de estas gamas cromáticas representa una de las primeras modificaciones espaciales documentadas. A través de este sencillo mecanismo, nuestros antepasados lograron alterar e intervenir directamente el interior de las cavernas.

A pesar de tratarse de esquemas visuales básicos, su enorme capacidad para evocar la acción humana les confiere una finalidad fuertemente comunicativa. En escenarios tan inhóspitos, la orientación marcaba la frontera de la vida y la muerte. Si te perdías, estabas metido en un buen lío.

García Capín desarrolló esta etapa de su labor predoctoral en la UNED Asturias respaldada por una beca del Principado. Por su parte, Silva Gago aporta su amplia experiencia como investigadora posdoctoral en el Instituto de Ciencias del Patrimonio.

Otra vez, la ciencia española revela los secretos del Paleolítico

Este avance evidencia la inmensa utilidad de analizar los yacimientos arqueológicos bajo un enfoque estrictamente interdisciplinar. La cornisa cantábrica ha actuado como el escenario perfecto para llevar a cabo este exhaustivo análisis de percepción del color.

Ambas expertas sostienen que estas marcas primitivas funcionaban en la práctica como auténticas señales de tránsito. Alertaban sobre las irregularidades del suelo e indicaban los puntos clave del relieve a toda la comunidad prehistórica.

Dicho esto, parecería ser que el campo de la arqueología no cesa de sumar enfoques novedosos sobre el comportamiento de aquellas poblaciones originarias. El uso de estos pigmentos supuso una herramienta tecnológica básica de supervivencia que por fin hemos sabido descifrar.

De la UNED y el CSIC al mundo: la repercusión de este hallazgo

El trabajo conjunto de estas dos científicas españolas supone un giro total en la actual concepción analítica del arte prehistórico. Especialistas de distintos países comienzan a valorar seriamente el impacto directo de la escasa iluminación en estas obras.

La consolidada revista que ha difundido los datos respalda plenamente la solvencia del modelo experimental empleado. Y es que justamente, estas novedosas aproximaciones de carácter cognitivo abren la puerta a metodologías de estudio inéditas en yacimientos de difícil acceso.

No nos olvidemos de que las grutas cantábricas españolas custodian uno de los registros más ricos y valiosos de todo el continente europeo. Gracias a este enfoque vanguardista, la ciencia arqueológica nacional vuelve a situarse como una auténtica referencia dentro del ámbito global.

Comprender el comportamiento del pasado exige examinar con una óptica renovada aquellas intervenciones humanas más elementales. Más allá de su indudable valor artístico, las marcas aplicadas hace milenios constituyen el primer código de seguridad documentado en la historia de nuestra especie.