La ‘vida padre’ de los hippies que han ‘okupado’ la mansión de Boris Becker en Mallorca
Es una de las mayores fincas de la isla y ahora se ha convertido en un paraíso hippie
Piscina, partidos de tenis, sesiones de masaje, fiestas y una finca de 26 hectáreas para campar a sus anchas… La comuna hippie de alemanes que mantienen ocupada la mansión del ex tenista Boris Becker en Mallorca tiene previsto convertir la finca, valorada en 15 millones de euros, en un «nuevo Edén». Su ‘líder’ ha escrito un libro explicando el proyecto y dice contar con el visto bueno de la Guardia Civil.
Jesús Bruder Bauchi, el nuevo nombre del ciudadano alemán Georg Berres, tuvo un sueño: construir en Mallorca un nuevo ‘paraíso del Edén’. Y parece que va camino de conseguirlo. Al menos, a su manera.
Este fiel seguidor de la filosofía ‘hippie’ lleva años afincado en Mallorca, y desde 2018 se encuentra al frente de la comuna-okupa que se ha instalado en la imponente finca de ‘Son Coll’, propiedad del ex tenista alemán Boris Becker.
Se trata de unas instalaciones de ensueño: 26 hectáreas de terreno rodeadas de árboles, con una mansión típica mallorquina, una gran piscina, canchas de tenis y baloncesto… En su día, el deportista llegó a construir dos helipuertos.
Becker la compró en 1997 por medio millón de euros. Eran tiempos mejores para el deportista germano, que actualmente atraviesa por graves problemas económicos y es incapaz de colocar la finca en el apretado mercado inmobiliario balear. Empezó pidiendo por ella 15 millones de euros, pero el precio ha ido disminuyendo con el paso del tiempo, el avance de la maleza… y la llegada de los hippies.
El ‘salvador de la beckerfinca’
‘Bauchi’, el líder de la comuna, se denomina a sí mismo ‘el salvador de la beckerfinca’. Pero no son unos okupas al uso. Tienen un proyecto para convertir el recinto en un nuevo ‘paraíso del Edén’ en pleno municipio de Artà. Y como en el de Adán y Eva, en este ‘paraíso’ también se practica el nudismo de forma habitual.
Fue ‘Bauchi’ quien empezó la okupación. Luego se unieron dos personas más. Ahora también vive allí una familia con un menor de edad, todos alemanes. Y aseguran que hay sitio para más gente. La comuna la completan varios perros y gatos, dos tortugas, gallinas y tres de caballos, que incluso han sido retratados paseándose libremente por los salones interiores de la mansión. Cuentan con luz eléctrica gracias a paneles solares que han instalado ellos mismos.
El día a día del grupo, que van relatando en sus redes sociales, les permite mezclar el ‘trabajo’ con el placer. Los cuidados del huerto, las reparaciones o la fabricación de duchas y sistemas sanitarios dan paso a sesiones de masajes –han instalado una camilla profesional-, fiestas amenizadas con guitarra, relax en la piscina o partidos de tenis en una cancha en la que años atrás practicó su juego el ganador de seis títulos Grand Slam. Y si hace frío, encienden la chimenea del gran salón principal, donde hay hamacas y una zona para que los artistas del grupo puedan pintar sus obras.
El ‘nuevo Edén’
‘Bauchi’ ha desarrollado todo su proyecto y su filosofía en un libro, llamado ‘2020 El Nuevo Edén’. Ahí explica su idea y las reglas que deben seguir aquellos que quieran vivir por la patilla en una de las fincas más exclusivas de la isla.
De momento sólo acepta a conocidos suyos, y estos deberán superar un periodo de prueba de cuatro semanas para ver si se adaptan al grupo. Y a sus reglas. No basta con leerlas. Para ser aceptado en el ‘Edén de Son Coll’ hay que sabérselas a pies juntillas (y cumplirlas).
En el libro, ‘Bauchi’ habla sobre los problemas que tiene la sociedad en materia de alojamiento. La «decadencia de los tiempos y la creciente falta de vivienda» lo llama. Se vanagloria de que medios de cientos de países se han hecho eco de sus planes. También ha abierto una cuenta de crowfunding para que otros idealistas le ayuden a financiar el proyecto.
Según defiende el líder okupa, antes que ellos hubo otros moradores ilegítimos en la finca. Pero fueron expulsados por causar problemas. El carácter pacífico de los nuevos habitantes ha provocado que incluso la Guardia Civil haga la vista gorda esta vez. O al menos eso dicen ellos.
Los problemas de Becker
La finca ha sido protagonista de polémicas en el pasado, cuando aún se veía a Becker por allí. En 2006, según una investigación de El Mundo, el Consell de Mallorca le obligó a derribar 487 metros cuadrados de edificaciones que el ex tenista había realizado sin pedir ningún permiso municipal.
Además, a Becker se le impuso una multa de 240.000 euros por estas infracciones contra la Ley de Suelo Rústico. Tuvo que demoler dos habitaciones -una biblioteca y una sala de estudio para sus hijos- y reconvertir varios porches en “solariums”. Ante los quebraderos de cabeza legales, Becker fue poco a poco abandonando la finca, ahora “salvada” por la comuna hippie de Bauchi.
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