La presidenta de la Fábrica de Moneda homenajea al miliciano que asesinó al hijo de uno de sus antecesores
La FNMT exalta al autor del crimen de un compañero, hijo de un antiguo director de la propia institución
El rostro más despiadado y brutal de la Guerra Civil tiene desde hace unos meses un insólito monumento en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT). Se trata de una placa inaugurada por la actual presidenta de la FNMT, Isabel Valldecabres, que rinde homenaje a 15 empleados represaliados por el franquismo. La mayoría intervino en labores de represión en la retaguardia republicana, incluso en sus propias filas. Entre ellos, destaca Manuel Carbonell de la Calle, un antimarxista que, para sobrevivir en el Madrid revolucionario, intervino como miliciano en el asesinato del hijo de un antiguo director de la propia Casa de la Moneda.
Las actuaciones derivadas de la Ley de Memoria Democrática han rebasado en la FNMT todas las líneas de sectarismo, ignorancia y manipulación histórica. El organismo público dependiente del Ministerio de Hacienda, dedicado a la fabricación de billetes, monedas, sellos postales, documentos de identidad, pasaportes y certificados digitales, ha decidido meter la mano en la Historia para tratar de acuñar la versión oficial del Gobierno de Pedro Sánchez sobre la Guerra Civil.
El resultado no ha podido ser más siniestro: trece de los quince nombres estuvieron implicados en denuncias, detenciones, persecuciones e incluso asesinatos en la retaguardia republicana. Así, la FNMT exalta al autor del crimen de un compañero, hijo de un antiguo director de la propia institución; celebra a tres chequistas implicados en la represión frentepopulista, cuyos nombres ocupan además los tres primeros puestos en la placa; y recuerda a los miembros del comité cuyas denuncias llevaron a la cárcel o a campos de trabajos forzados a numerosos empleados, a veces solo por el hecho de leer prensa de derechas.
La placa de la polémica
La placa fue inaugurada el 28 de octubre de 2025 por la presidenta-directora general de la FNMT, Isabel Valldecabres Ortiz, nombrada en agosto de 2021 por la entonces ministra de Hacienda, María Jesús Montero, hoy candidata a las elecciones autonómicas andaluzas. La que fuera jefa de gabinete de la vicepresidenta Carmen Calvo estuvo acompañada en el acto por el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, y un representante del comité de empresa.
Antes de descubrir la placa, situada en el jardín del hall de la sede de la FNMT en la madrileña calle Jorge Juan, Isabel Valldecabres, que ejerció durante algunos años como magistrada de lo Penal, dijo: «Es muy importante que, para que exista democracia, exista verdad; si no, no hay justicia».
La presidenta de la FNMT no ha hecho justicia a todas las víctimas
Sin embargo, la verdad de la actuación en la Guerra Civil de algunos de los homenajeados revela que la presidenta de la FNMT no ha hecho justicia a todas las víctimas de la Casa de la Moneda, sino todo lo contrario, porque olvidar a unas víctimas de aquellos terribles años es olvidarlas a todas.
Así, entre las decenas de trabajadores de la FNMT que sufrieron la violencia frentepopulista en retaguardia, se ha olvidado del nombre de Fernando de Torres Ossorio, hijo de Fernando de Torres Almunia, que fue director, entonces llamado administrador, de la Real Casa de la Moneda entre 1915 y 1918.
Abogado, de 46 años, Fernando de Torres Ossorio fue detenido por milicianos el 18 de agosto de 1936 en la casa de su hermano Emilio, en Lista 10. Le condujeron a la checa gubernamental del Círculo de Bellas Artes. A su hermano Ángel le respondieron que había sido puesto en libertad cuando fue a preguntar por él a la mañana siguiente. En los ficheros de la checa gubernamental figuraba como liberado, con una señal que indicaba, sin embargo, la orden de asesinarlo. Su cadáver fue encontrado en Villanueva del Pardillo.
La placa inaugurada en la FNMT rinde homenaje, en cambio, al hombre que fue señalado por la familia como autor de la denuncia contra Fernando de Torres Ossorio y su asesinato: Manuel Carbonell de la Calle, que trabajaba por las mañanas de encuadernador de la Casa de la Moneda y por las tardes se empleaba de acomodador en el cine Barceló.
Hijo de un maquinista de la FNMT beneficiado por las medidas a favor de los obreros que puso en marcha Torres Almunia durante su mandato como director de la Casa de la Moneda, la historia de Manuel Carbonell, que llegó a ser teniente de milicias, refleja la atroz complejidad de la Guerra Civil frente al relato simple y maniqueo que ilustra la placa inaugurada en la FNMT. Así, Manuel Carbonell declaró haber intervenido en 1934 en la fundación de la sección de espectáculos públicos de la Federación Española de Trabajadores (FET), sindicato católico y antimarxista con sede en la calle Sacramento 5, por lo que él mismo sufrió persecución a manos de UGT según su testimonio.
Al sindicato socialista se afiliaría en octubre de 1936, ya comenzada la guerra. Los antecedentes antimarxistas declarados por Carbonell no son recordados hoy por la FNMT. Como sucedió en innumerables casos en los dos bandos, la forzada lealtad geográfica llevó a muchos españoles a tomar partido cruentamente por la causa contraria a sus ideas. Así, Carbonell intervino en la detención de su compañero Torres Ossorio. Al día siguiente volvió a la casa para requisar un medallón que había visto en la mesa de un despacho, creyendo que era de oro.
Proceso sumarísimo franquista
Unos días después apareció en la sede de la Casa de la Moneda, situada entonces en la plaza de Colón, portando el medallón, que resultó ser de bronce. Uno de los empleados reconoció que era el medallón con la efigie de Fernando de Torres Almunia, que los obreros habían acuñado en la propia fábrica como regalo de despedida al que fuera su director, fallecido en 1923.
«Vengo a entregar este medallón al comité porque a mí no me sirve para nada», dijo Carbonell. Cuando le preguntaron la razón de que tuviera en su poder el medallón del padre de Fernando de Torres Ossorio, Carbonell respondió que éste “se resistió un poquillo, y claro: le tuvimos que dar el pasaporte para Burgos”, en alusión a una capital de los sublevados.
En el proceso sumarísimo franquista número 20.251 contra varios empleados de la FNMT citados en la placa, que se conserva en el Archivo General e Histórico de Defensa, Carbonell negó su intervención en el asesinato de su compañero, aunque admitió que participó en su detención y en el registro de la casa. También reconoció haberse jactado en público de su asesinato. Fue condenado a muerte y fusilado el 18 de junio de 1940 en el cementerio de la Almudena, con 35 años.
En la placa inaugurada por Isabel Valldecabres figuran también tres empleados de la FNMT que formaron parte de organismos de represión de la retaguardia republicana. Dos de ellos, Ceferino Colinas Quirós y Marcos Iturburuaga Pérez, grabadores de la FNMT, se unieron a los Servicios Especiales del Ministerio de la Guerra, una checa dirigida inicialmente por el socialista Fernando Arias Parga.
Se les acusó en la posguerra de haber maltratado a detenidos, amenazándoles con una pistola en los interrogatorios.
Más tarde, Colinas e Iturburuaga fueron propuestos para jefes de grupo de las Milicias de Vigilancia de Retaguardia (MVR), responsables de las sacas de presos de las cárceles madrileñas y de su ejecución en masa en Paracuellos de Jarama y Torrejón de Ardoz.
Ingresaron después como agentes en el Servicio de Investigación Militar (SIM), agencia de contraespionaje republicana, de la que llegaron a ser tenientes. El SIM actuó contra la “quinta columna” franquista, pero utilizó también sus crueles métodos, de la tortura al asesinato, contra disidentes de las propias filas republicanas y prófugos o desertores del Ejército Popular, manteniendo en activo sus checas hasta el final de la guerra.
Josep Renau, director general de Bellas Artes, nombraría a Colinas e Iturburuaga como miembros de la Junta Delegada del Tesoro Artístico de Madrid, para sustituir al escultor Ángel Ferrant y a su hermano Alejandro, que habían llegado a ser detenidos por el SIM como presuntos quintacolumnistas, aunque fueron luego liberados.
La sustitución de los Ferrant finalmente no se produjo, pero Colinas e Iturburuaga actuaron en la Junta Delegada con la misión de controlar a sus integrantes a las órdenes del PCE, según el estudio sobre el papel en la contienda del escultor Ángel Ferrant realizado por José Álvarez Lopera, conservador del Museo del Prado. Colinas llegaría a estampar en 1937, a las órdenes de Renau, la serie Los desastres de la guerra, de Francisco de Goya, con fines comerciales y propagandísticos.
Ante la derrota republicana, ambos grabadores de la Casa de la Moneda se exiliaron desde Alicante a bordo del buque Stanbrook, dejando atrás a sus esposas e hijos. Los acompañó un hermano de Ceferino Colinas, Manuel, que era estampador calcográfico en la FNMT y había ingresado como ellos en los Servicios Especiales, las MVR y el SIM, que no figura en la placa. Después de recalar en el puerto argelino de Orán, solicitaron a la embajada de México en París asilo en el país iberoamericano.
Un tercer empleado recordado por la placa instalada por la presidente de la FNMT, Cándido Cueli Jodrá, del departamento de moneda, actuó también en una checa, la de la calle Cadarso 6, perteneciente a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU).
Encarcelado y torturado por los franquistas después de la contienda, admitió haber llevado el coche que condujo a dos comerciantes de la calle Arriaza, Eloy Carrasco Guerrero y Federico Menéndez Blanco, para asesinarlos en la carretera de Maudes, aunque luego se retractó de tal declaración. Sin embargo, un miliciano que intervino en aquel paseo, Luis Durán Sanz, señaló a Cueli como conductor en el crimen, aunque en la transcripción de su declaración aparece nombrado como Cuhele.
Cueli fue condenado a muerte en una sentencia que establecía que había sido reconocido por las viudas de las dos víctimas, a pesar de que declararon lo contrario. La pena capital se le conmutó por la de treinta años. No se le concedió la libertad condicional hasta 1950. Al año siguiente se estableció en Argentina.
La placa recuerda al mismo nivel a quienes en retaguardia persiguieron a personas indefensas, incluso para darles muerte, y a quienes ofrecieron su propia vida en defensa de sus ideales, luchando en el frente de batalla contra los sublevados en armas.
Así, también figura el nombre de Eugenio Insúa Alós, empleado de la imprenta de la FNMT, voluntario de las milicias republicanas, muerto en combate el 25 de julio de 1936 en El Espinar (Segovia), a los 29 años, en una emboscada de los rebeldes. Sus restos fueron exhumados hace pocos años de una fosa común en el cementerio de esa localidad y enterrados emotivamente por su familia junto con los de su mujer en Villaviciosa de Odón.
Pedro Corral es periodista, diputado del PP en la Asamblea de Madrid y autor de ‘Cómicos en guerra’
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