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José Navarro, fontanero autónomo en España (39 años): «Si me ofrecieran 4.000 euros por un trabajo asalariado no volvería»

Durante mucho tiempo, ir a la universidad parecía casi el paso obligado para quien aspiraba a tener un buen sueldo. Y mientras miles de jóvenes han seguido ese camino, muchos oficios de toda la vida se han ido quedando sin relevo. Encontrar un buen fontanero, un electricista o un carpintero se ha convertido en algo que no siempre es fácil y, precisamente por eso, algunos profesionales con experiencia y una buena cartera de clientes han conseguido hacerse un hueco que hace unos años muchos no habrían imaginado.

José Navarro conoce bien ambas caras de la profesión. Tiene 39 años, vive en Bétera (Valencia) y antes de ponerse al frente del negocio de fontanería de su padre pasó 14 años trabajando en renting y venta de vehículos. Llegó a cobrar 4.300 euros en uno de sus mejores meses, tenía coche de empresa y el combustible pagado pero lo dejó. Ahora trabaja por su cuenta y asegura que ni siquiera una nómina de 4.000 euros le haría volver atrás.

José Navarro, fontanero: «Si me ofrecieran 4.000 euros por un trabajo asalariado no volvería»

José Navarro pasó buena parte de su vida laboral dedicado al renting y a la venta de vehículos. Era un empleo con buenas condiciones económicas y con incentivos que podían elevar considerablemente su nómina mensual. «El mes máximo que llegué a ganar en nómina por comisiones e incentivos fue de 4.300 euros, con una media de unos 2.000 euros al mes, explicaba en el podcast Sector Oficios. Además del sueldo, contaba con coche de empresa y combustible cubierto, dos ventajas que hacían todavía más atractivas sus condiciones laborales.

Sin embargo, con el paso del tiempo empezó a pesar más el desgaste que los ingresos. Navarro describe aquella etapa como un trabajo sometido a una presión constante por los objetivos comerciales. «Aquel trabajo era muy psicológico. Todos los meses estabas con el objetivo y siempre querían más. No estaba a gusto», recuerda. Fue entonces cuando comenzó a plantearse seriamente un cambio de vida y lo cierto es que tenía la alternativa cerca, porque su padre trabajaba como fontanero y existía la posibilidad de continuar con el negocio familiar.

El cambio a la fontanería no fue sencillo

Navarro pidió una excedencia y comenzó a trabajar como fontanero con la promesa de ingresar unos 2.000 euros mensuales. El cambio, sin embargo, fue bastante más complicado de lo que podía parecer desde fuera. «Al principio todo eran complicaciones, llegaba a casa y reventaba a llorar de la ansiedad», reconoce. Después de muchos años trabajando en otro sector, tuvo que enfrentarse a un oficio que exigía conocimientos técnicos, experiencia y una adaptación completa a una forma de trabajar muy diferente.

Durante la pandemia del Covid-19 decidió aprovechar el tiempo para obtener el certificado profesional de fontanería. De esta forma pudo completar la experiencia práctica con la formación teórica que todavía le faltaba y prepararse para asumir progresivamente la cartera de clientes de su padre. Aquella decisión terminó convirtiéndose en su nueva profesión. Después de más de dos años trabajando por cuenta propia, Navarro asegura que su forma de valorar el empleo ha cambiado por completo.

Su experiencia ahora como autónomo

La experiencia como autónomo ha llevado a Navarro a dar ahora más importancia a aspectos que antes ocupaban un segundo plano. Uno de ellos es poder organizar su propio tiempo y decidir cómo distribuye la jornada. «Si me ofrecieran un trabajo asalariado y me pagaran 4.000 euros al mes, no me iría», afirma. Una declaración que no significa necesariamente que actualmente gane más que esa cantidad.

Él mismo lo aclara. «No quiere decir que gane más, pero la libertad de decidir si hoy trabajo hasta las nueve o si este viernes me lo cojo libre no la cambio», explica. Esa autonomía es precisamente lo que más valora después de haber pasado años sometido a objetivos comerciales y a una estructura laboral mucho más rígida. En su caso, convertirse en fontanero no ha supuesto únicamente cambiar de profesión, sino también modificar la forma en la que entiende el trabajo.

Los oficios tradicionales vuelven a ganar terreno

El recorrido de Navarro se produce además en un momento en el que muchos oficios técnicos vuelven a ganar peso. Encontrar profesionales especializados no siempre resulta sencillo y, en determinados sectores, la falta de relevo generacional está aumentando la demanda. Para quienes consiguen adquirir experiencia, crear una cartera de clientes y trabajar de forma continuada, estos oficios pueden convertirse en una alternativa laboral con buenas perspectivas. No están exentos de dificultades, especialmente cuando se trabaja como autónomo, pero ofrecen una salida profesional muy distinta a la que durante años se ha considerado como el camino convencional.

José Navarro lo tiene claro después de haber probado ambos modelos. Llegó a cobrar 4.300 euros en un mes trabajando en ventas, pero hoy no cambiaría la libertad que tiene como fontanero autónomo por volver a una nómina de 4.000 euros.