Indra negocia envíos de los nuevos drones militares a Latinoamérica, África y Asia
La compañía busca exportar la familia Tarsis que desarrolla para las Fuerzas Armadas españolas, con capacidad para integrar armamento ligero
Indra también trabaja para llevar fuera de España los nuevos drones militares Tarsis que desarrolla para las Fuerzas Armadas. La compañía mantiene contactos para posibles envíos de estas aeronaves a países de Latinoamérica, África y Asia, donde las nuevas plataformas españolas están teniendo una «buena aceptación», según fuentes conocedoras del programa consultadas por este periódico.
La ofensiva comercial se produce mientras Indra desarrolla los nuevos sistemas dentro del Programa Especial de Modernización (PEM) del Sistema Aéreo No Tripulado de Alta Movilidad, conocido como SANTAM, adjudicado a finales de 2025 y con una duración prevista de cuatro años.
El programa permitirá dotar al Ejército de Tierra, al Ejército del Aire y del Espacio y a la Armada de una nueva generación de drones tácticos de fabricación española y, al mismo tiempo, crear una plataforma susceptible de competir posteriormente en los mercados internacionales.
Indra reconoce oficialmente que la certificación de los Tarsis facilitará su «potencial exportación futura a otros países aliados y de la OTAN», aunque la compañía no detalla públicamente los mercados en los que está trabajando.
Las fuentes consultadas amplían ahora ese radio comercial y señalan a Latinoamérica, África y Asia como mercados en los que los nuevos aparatos están despertando interés.
Dos drones para diferentes misiones
Indra desarrollará dos plataformas dentro del programa. El Tarsis-W será un aparato de ala fija, con despegue y aterrizaje convencional, pensado especialmente para misiones tácticas que requieran una elevada autonomía y alcance.
La segunda variante será el Tarsis-VTOL, también de ala fija, pero capaz de despegar y aterrizar verticalmente, una característica que permite operar el aparato en zonas con mayores limitaciones logísticas y sin necesidad de disponer de las mismas infraestructuras que exige una aeronave convencional.
Los dos modelos tendrán aproximadamente seis metros de envergadura, un peso máximo al despegue de 150 kilos, un techo de vuelo de 15.000 pies (unos 4,57 kilómetros) y una autonomía próxima a las 10 horas.
El enlace de comunicaciones tendrá un alcance superior a 120 kilómetros. Además, el sistema estará preparado para transferir el control de la aeronave y repartir la gestión de una misión entre diferentes operadores.
Esta última característica permitirá realizar el denominado handover: una unidad podrá controlar inicialmente el aparato y transferir posteriormente su control a otra durante el desarrollo de la operación.
El sistema contará también con capacidad de control múltiple, de manera que podrán gestionarse varias aeronaves de forma simultánea, una tecnología que abre la puerta a futuras operaciones coordinadas de tipo enjambre.
Capacidad para integrar micromisiles
Una de las principales bazas del Tarsis para competir internacionalmente será precisamente la posibilidad de adaptar las aeronaves a diferentes misiones.
Los aparatos estarán preparados para integrar sensores electroópticos, infrarrojos y de designación láser, radar SAR de apertura sintética y diferentes cargas destinadas a misiones ISR de inteligencia, vigilancia y reconocimiento.
Además, según la información trasladada sobre las capacidades previstas para el programa, las plataformas podrán integrar micromisiles FOX de AERTEC, ampliando las posibilidades de utilizar el sistema en misiones armadas.
El carácter modular de los nuevos drones permitirá incorporar en el futuro sensores, sistemas o cargas diferentes a las inicialmente instaladas, evitando que la plataforma quede vinculada a una única configuración durante toda su vida operativa.
147 aeronaves para las Fuerzas Armadas
España será el primer cliente de la nueva familia. El programa contempla oficialmente la fabricación de 147 aeronaves, agrupadas en 49 sistemas, para los tres ejércitos.
Las entregas están previstas entre 2028 y 2030. Ambos modelos compartirán una arquitectura tecnológica común y una cadena de suministro con un elevado componente nacional.
El programa pretende precisamente nacionalizar tecnologías que España compraba hasta ahora fundamentalmente a proveedores internacionales. Entre ellos se encuentran los sistemas de navegación y control, autopiloto, comunicaciones, radar SAR, electrónica embarcada, sistemas electroópticos y motorización.
Indra calcula que el proyecto generará alrededor de 500 puestos de trabajo directos durante los próximos cuatro años, unos 100 dentro del grupo y el resto en su cadena de suministro. El plan industrial prevé involucrar aproximadamente a una docena de empresas, dos centros de investigación, universidades y centros de formación profesional.
La compañía pretende aprovechar ahora el desarrollo financiado inicialmente para cubrir las necesidades de las Fuerzas Armadas españolas para abrir mercado internacional. La combinación de diez horas de autonomía, capacidad ISR, armamento, despegue vertical en una de sus versiones y posibilidad de incorporar nuevas cargas coloca al Tarsis como la apuesta de Indra para competir en uno de los segmentos de Defensa que más rápidamente está creciendo tras la experiencia de los últimos conflictos.
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