Ferland Mendy ya está aquí y esto, sin duda, es una grandísima noticia para el Real Madrid. El club quería que estuviese en el partido de ida de los cuartos de final de la Champions contra el Bayern, pero el físico del francés es indescifrable. Nunca se sabe cómo puede responder. Cuando se lesionó contra el Manchester City en la ida de los octavos no se le descartaba para la vuelta ni para el derbi. Han pasado tres semanas y ahora sí parece que está de vuelta, aunque con el galo asegurar este tipo de cosas siempre es un riesgo.
Lo que ha confirmado Álvaro Arbeloa es que tendrá minutos contra el Girona. Serán pocos, medidos al milímetro. No hay margen para errores. El objetivo es claro: que llegue en condiciones óptimas al próximo miércoles. Allí se juega la temporada el Real Madrid. Allí necesita a Mendy.
Porque si está bien, será titular en Múnich. No hay debate. Arbeloa lo tiene claro. Nadie defiende mejor que el francés en el lateral izquierdo. Es infranqueable cuando está en su mejor versión. El problema es que aparece mucho menos de lo que gustaría en Valdebebas. Pero cuando está, cambia todo.
Su misión será clara: frenar a Michael Olise, el hombre que destrozó a Álvaro Carreras en el partido de ida. Ahí es donde el Real Madrid necesita a su mejor defensor. Ahí es donde Mendy marca diferencias. No con balón, no en lo vistoso, sino en lo que realmente sostiene a los equipos: defender.
Un seguro de vida
Mendy es un seguro de vida en defensa. No hace ruido. No levanta al estadio. No deja highlights. Pero su impacto es enorme. Es el típico jugador que se nota mucho más cuando no está que cuando juega. Y eso, en el Real Madrid, es definitivo.
Aporta equilibrio. Orden. Seguridad. Cierra su banda como pocos en Europa. Es fuerte en el uno contra uno, difícil de superar y tremendamente fiable en los duelos. Cuando está sobre el campo, el rival sabe que por ese lado no hay ventaja. Reduce espacios, corrige errores y sostiene al equipo cuando todo se rompe.
Además, tiene una lectura defensiva de élite. Sabe cuándo salir, cuándo temporizar y cuándo cerrar hacia dentro. No se precipita. No se desordena. Y eso permite que el resto del sistema respire. Especialmente en un equipo que muchas veces vive al límite en transición.
La única pega es su físico. Su irregularidad. No está todo lo que debería. Pero cuando aparece, cuando está disponible, el Real Madrid gana mucho más que un lateral. Gana estabilidad. Y, en noches grandes, eso puede marcar la diferencia entre seguir vivo o quedarse fuera.