El Real Madrid ganó al Inter de Milán, sumó sus tres primeros puntos en la Champions y evitó que la derrota contra el Betis se convirtiera en una crisis. Pero el Santiago Bernabéu no absolvió al equipo. La grada abrió un juicio desde los primeros minutos, señaló el mal juego y terminó dictando sentencia contra dos de sus grandes estrellas. Vinicius se llevó la pitada más sonora. Mbappé tampoco escapó de los reproches. En Chamartín ya no basta con ganar.
Los primeros silbidos llegaron antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora. Vinicius perdió un balón al intentar una acción individual y una parte del estadio respondió con una fuerte pitada. Fue el comienzo de una noche difícil para el brasileño. Trabajó, ayudó al equipo y terminó el encuentro con nueve recuperaciones, pero no apareció en ataque como espera el Bernabéu. Cuando Mourinho decidió sustituirlo en el minuto 86 para dar entrada a Álvaro Carreras y proteger el resultado, la reprimenda fue generalizada. Vinicius abandonó el terreno de juego entre pitos.
Mourinho salió en su defensa. El portugués valoró el sacrificio de un jugador que no tuvo su mejor noche con el balón, pero que se vació sin él. «Quien lo da todo no está obligado a dar más», aseguró. El entrenador está convencido de que el mejor Vinicius regresará y volverá a decidir partidos. No piensa retirarle su confianza por una pitada ni por un inicio de temporada en el que todavía no ha alcanzado su máxima velocidad. Para Mourinho, su compromiso no está en duda.
Mbappé también fue juzgado. El francés abrió el marcador en el minuto 14 y alcanzó los 71 goles en la Champions, igualando a Raúl González en la clasificación histórica de la competición. Ni siquiera eso le permitió salir limpio de la noche. Una parte de la grada le recriminó su pasividad en algunas acciones defensivas y le exigió más intensidad en la presión. El Bernabéu dejó claro que no hay privilegios. Ni para Vinicius. Ni para Mbappé. El nombre y los goles no conceden inmunidad.
Un Bernabéu cansado
La mayor bronca, en cualquier caso, fue contra el equipo. El Inter tuvo más el balón, encontró demasiados espacios y generó ocasiones suficientes para empatar. Courtois volvió a sostener al Real Madrid cuando el conjunto italiano apretó. Los blancos también pudieron marcar más, pero jugaron sin control y concedieron demasiado. El 2-1 aseguró la victoria, aunque no consiguió calmar a una grada que despidió varios tramos del encuentro con pitos. El Real Madrid ganó aprovechando los errores del Inter, pero necesitó otra gran actuación de Courtois para conservar la ventaja.
Mourinho comprendió la reacción del estadio. No quiso enfrentarse a la afición ni cuestionar su derecho a exigir. Sí reconoció que le entristece ver cómo se castiga a jugadores que, a su juicio, se han entregado por completo. El técnico sabe que la unión entre el equipo y el Bernabéu puede convertir al Real Madrid en un rival casi imbatible. Ahora esa conexión está tocada. El Inter fue el primer juicio serio de la temporada. Hubo victoria, pero no absolución. Contra el Rayo llegará la siguiente vista.